Lucas MD

Alcoholismo, una enfermedad asesina

El alcoholismo es un padecimiento que genera una fuerte necesidad y ansiedad de ingerir alcohol, de forma que existe una dependencia física del mismo, manifestándose a través de varios síntomas de abstinencia cuando no es posible su ingesta.

El alcohólico no tiene control sobre los límites de su consumo, que va en aumento a medida que se desarrolla tolerancia a esta droga. Se considera como una enfermedad crónica, incurable, progresiva y mortal por la Asociación de Médicos de los EE. UU. (American Medical Association) al igual que otras drogodependencias.

Hoy no existe cura para esta enfermedad, sin embargo muchos alcohólicos se mantienen sobrios por periodos de tiempo prolongados de acuerdo a su voluntad y compromiso para vencer esta enfermedad. Pero es innegable que para que un adicto al alcohol pueda recibir tratamiento y llegar a una posible recuperación, primero debe aceptar su condición de dependencia al licor.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que cada año se producen 3,3 millones de muertes en el mundo debido al consumo nocivo de alcohol, lo que representa un 5,9% de todas las defunciones. El uso nocivo de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos. El 5,1% de la carga mundial de morbilidad y lesiones es atribuible al consumo de alcohol, calculado en términos de la esperanza de vida ajustada en función de la discapacidad (EVAD). El consumo de alcohol provoca defunción y discapacidad a una edad relativamente temprana.

En el grupo etario de 20 a 39 años, un 25% de las defunciones son atribuibles al consumo de alcohol. Existe una relación causal entre el consumo nocivo de alcohol y una serie de trastornos mentales y comportamentales, además de las enfermedades no transmisibles y los traumatismos. Recientemente se han determinado relaciones causales entre el consumo nocivo y la incidencia de enfermedades infecciosas tales como la tuberculosis y el VIH/Sida. Más allá de las consecuencias sanitarias, el consumo nocivo de alcohol provoca pérdidas sociales y económicas importantes, tanto para las personas como para la sociedad en su conjunto.

Las personas beben por muchas razones, algunas de ellas son: sentirse aceptados por un grupo, buscar efectos de bienestar, para divertirse, para facilitar relaciones sociales, para vencer la timidez y/o como vía de escape a los problemas.

Está demostrado que el consumo excesivo de alcohol trae consecuencias graves a corto y a largo plazo. El riesgo de padecer estos trastornos, psicológicos, físicos, o sociales aumenta a medida de que el inicio en el consumo es más cercano a la adolescencia. A corto plazo, una intoxicación aguda de alcohol puede provocar el coma y la muerte.

A largo plazo, el consumo de alcohol afecta seriamente la salud, provocando y aumentando la posibilidad de desarrollar enfermedades. Se relaciona con trastornos cardiológicos; mayor riesgo de padecer cáncer bucal, de garganta y esófago; cirrosis hepática; problemas de hipertensión arterial; enfermedades del aparato digestivo como gastritis o úlcera gastroduodenal, también inflamación del páncreas; encefalopatías; disfunciones sexuales, como impotencia, pérdida de la fertilidad y trastornos menstruales; aumento de infecciones; problemas de la piel, musculares y óseos.

A corto plazo, el alcohol, por su efecto des inhibidor genera una falsa sensación de seguridad y de control, por lo que aumentan conductas de riesgo como prácticas sexuales sin protección o conducir bajo los efectos del alcohol.

A largo plazo el consumo favorece la aparición de trastornos como la depresión; psicosis; alteraciones del sueño como el insomnio; sus efectos en el sistema neurológico pueden ser permanentes, apareciendo demencias y trastornos de la memoria; el aumento de la agresividad es otra de las consecuencias con todas las implicaciones que ello puede tener; síndrome Wernicke-Korsakoff o demencia alcohólica.

El abuso y la dependencia del alcohol generan problemas en las relaciones sociales; conflictos de pareja y familiares, que pueden llevar al aislamiento y a situaciones de desestructuración familiar; problemas laborales o la pérdida de trabajo; problemas económicos; además el consumo está relacionado directamente con los accidentes de tráfico y en gran parte de los accidentes laborales, así como en situaciones de maltrato físico y psicológico.

Es bueno tener presente lo que la Biblia enseña acerca del alcohol. Por una parte la Biblia no condena absolutamente las bebidas alcohólicas, El vino que alegra el corazón, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida. Salmo 104:15; Come tu alimento con regocijo y bebe tu vino con buen corazón, dice Eclesiastés 9:7. El Señor Jesucristo en un matrimonio convirtió agua en vino de alta calidad, fue su primer milagro público (Juan 2:1-11). Sin embargo, la Biblia nos llama a una moderación en la bebida y en cada aspecto de nuestras vidas. Lo que sí condena la Biblia es las borracheras, es decir, el alcoholismo como tal (1 Corintios 6: 9-10) En otras palabras un creyente puede tomar una copa máximo dos y de resto debe cuidarse para no perder el control y ofender a Dios o a las demás personas (1 Timoteo 3:2-3).

Si usted o alguien de su familia padece de alcoholismo es necesario que busque ayuda, en primer lugar por supuesto, la ayuda divina que es la más eficaz y la de profesionales que puedan contribuir a su recuperación. En la Iglesia siempre podrá encontrar personas que podrán orar por usted y aconsejarle para ayudarle a superar esta enfermedad.

Por: Felipe Rangel – @FelipeRangel81

Foto: 123RF

Share:

Leave a reply