Crónicas

El regreso del régimen Talibán

Observar cómo los afganos huían luego de que el régimen Talibán tomara el control de Afganistán, generó algunas inquietudes frente a los refugiados y su llegada a distintos países. La revista Hechos&Crónicas conversó con Mauricio José Garzón, teólogo y docente de Formación Cristiana Integral, Doctrina de los últimos tiempos e Historia del Cristianismo en la Unidad Educativa IBLI-Facter de Casa sobre la Roca, para explicar de manera clara qué está ocurriendo en Afganistán y qué podemos hacer como cristianos ante esa situación.

Vamos a dividir esta reflexión en dos grandes bloques, el primero con un contexto histórico y el segundo, un análisis bíblico para que entendamos mejor la situación, introduce Mauricio Garzón.

BLOQUE 1: ¿Qué está pasando en Afganistán y por qué hay tantos refugiados?

Durante el tiempo de la Guerra Fría, más o menos para el año 1979, en el gobierno de Reagan, Estados Unidos apoyaba a los grupos que no se sometían a Rusia, como Afganistán. Allí hubo una operación llamada la “Operación Ciclón”, una especie de defensa de grupos que eran protegidos para que Rusia no los tomara, entre esos, los talibanes. La palabra “Talibán” significa alumnos, buscadores o estudiantes en el idioma Pastún, el mismo Estados Unidos llegó a llamarlos “Combatientes de la Libertad”, pero realmente eran guerrilleros fundamentalistas islámicos.

Sin embargo, esto se convirtió en un búmeran para Estados Unidos pues, para los años 94-96, el régimen Talibán asumió el poder en Afganistán porque se sintieron muy protegidos y comenzaron a tomar fuerza. Estas personas son del ala islámica Sunita, una corriente radical fuerte que se impuso en el territorio y derrotaron a los que gobernaban Afganistán en ese tiempo: los grupos Muyahidines.

Al derrotarlos empezaron a imponer la llamada ley islámica o sharía, una serie de leyes bien rigurosas: no tienen televisión, ni computadores, ni internet. Las mujeres están sujetas a unos regímenes muy fuertes e inclusive tienen el permiso de tener niños como esclavos sexuales, entre otras cosas que son una vulneración total de los derechos humanos, pues no hay garantías para las personas que no practican ese régimen tan radical. Cabe aclarar que no todos los árabes son musulmanes, hay árabes que practican cristianismo y no todos los musulmanes son del régimen Talibán.

A propósito de la caída de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, se decía que Osama Bin Laden dirigió las operaciones del atentado.  Inmediatamente Estados Unidos empieza a hacer presencia fuerte en Afganistán, no obstante, llegó el punto en que a Estados Unidos se le volvió insostenible mantener una guerra. Donald Trump en el año 2020 había propuesto el Convenio de Doha en Catar, un calendario para la retirada definitiva de Estados Unidos en Afganistán, pero con la pandemia el gobierno de Trump se vio empañado y no se llevó a cabo la retirada total de las tropas.

Durante ese tiempo, el régimen Talibán empezó a coger mayor fuerza y fue reconquistando lo que tenían los Estados Unidos. Al retirarse las tropas, las mujeres, hombres, niños, las mismas instituciones, embajadas, todo el mundo quedó expuesto al régimen y por eso hay tantas personas huyendo y buscando refugio en otros países. A groso modo, así están las cosas.

BLOQUE 2: ¿Qué podemos hacer? ¿Qué dice la Biblia frente a las personas que llegarán y que serán extranjeros en este país?

Cuando el Señor nos ordena el cuidado o la preocupación por el prójimo, también habla por el extranjero, independientemente de donde vengan, sean venezolanos, haitianos, afganos. Ser extranjero tiene que ver con los gentiles y el pueblo judío; cuando uno habla del pueblo judío habla de los descendientes de Abraham y los que no eran descendientes de Abraham eran gentiles, es decir hombres y mujeres de otras naciones, de ahí viene la palabra.

Cuando hablamos de los extranjeros hay unos principios bíblicos claros, por ejemplo, Levítico 19:33, nos dice que Cuando algún extranjero se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal, que lo tratemos como si fuera uno de nosotros y que lo amemos como nos amamos a nosotros mismos, porque el Señor le está diciendo “al pueblo de Israel, ustedes también fueron extranjeros”. En el Antiguo Testamento nos indica que nosotros podemos ayudar no solo con el extranjero sino con los huérfanos y las viudas, practicar la justicia social y entonces Él nos dará una promesa, bendecirá todo el trabajo de nuestras manos.

Lo anterior es un principio: nosotros tenemos que amar y tratar bien al extranjero. Ahora, el Señor es un Dios de orden que establece unas normatividades, como dice Éxodo 12:49 la ley se aplicará al nativo y al extranjero que viva entre ustedes, por ende, el extranjero que llegue a nuestro país tiene que sujetarse a las normas de nuestro país.

La Palabra también dice en Levítico 24:22 que una sola ley regirá, tanto para el nativo como para el extranjero, entonces los extranjeros también tienen que sujetarse a las normas del lugar.

No podemos perder de vista que el Señor Jesús hace unas recomendaciones específicas, en Mateo 25 dice: Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron. Jesús nos recuerda precisamente lo que hay que hacer: mostrar amor por los extranjeros, porque nosotros hemos sido extranjeros, todos en su tiempo fuimos extranjeros en una tierra.

A veces nos comportamos con dureza con los extranjeros, pero el apóstol Pablo en Filipenses 3:20 nos dice En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo, es decir nos está recordando que nosotros aquí estamos de paso, que somos extranjeros, porque nuestra ciudadanía está en el cielo. La forma como yo siembro frente al extranjero, eso recibiré, en Hebreos 11:13, habla de todos aquellos personajes de la fe que murieron prácticamente por esa causa y al final pues, no recibieron lo que habían prometido.

Los cristianos estamos de paso en este mundo. Somos representantes del Reino en la tierra, embajadores de Cristo para hacer lo que Dios nos ha mandado, de acuerdo a los principios y las convicciones que tenemos pues estamos en el mundo, pero no somos del mundo y debemos comportarnos precisamente como extranjeros en esta tierra. No podemos mirar por encima del hombro a algún extranjero, pues si nosotros también somos extranjeros ¿nos gustaría que nos miraran así? Aunque no hablemos concretamente del pueblo afgano, ellos ahora se convierten en la figura de “extranjeros” tal y como cualquier otro grupo que pueda llegar a nuestro país.

Es interesante ver cómo a nivel mundial hay un reconocimiento a Colombia de ser un país que, a pesar de las dificultades, no se niega ayudar al extranjero; pues, aunque aquí está complicada la situación, es una nación que está presta a ayudar, a colaborar para que estas personas tengan todo lo básico: alimento, protección y seguridad. Y aunque mucha gente no lo acepte y les cueste trabajo digerirlo, estamos en un país que ama al extranjero y en su momento recogeremos lo que sembramos. Como cristianos sabemos en lo profundo de nuestro interior que debemos amar al extranjero, llámese venezolano, haitiano, afgano o de cualquier otra nación.

 

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