Ester

Temas de los que no hablamos las mujeres

En la actualidad las mujeres tenemos mayor libertad para expresarnos que en siglos anteriores, en lo que nuestras voces eran calladas. Por ejemplo, en Colombia el sufragio femenino no fue aprobado hasta el 25 de agosto de 1954. Antes, e incluso mucho tiempo después, la opinión política de las mujeres era tomada como un artículo sobrante en un mundo de hombres influyentes. Y a pesar de que hoy hay muchos temas de los que las mujeres pueden hablar con aparente naturalidad, aún quedan muchos que no se expresan con libertad.

  1. El perfeccionismo de la sociedad

Vivimos en un mundo en el que se espera que las mujeres tengan hijos (aunque no debe notarse que los tuvieron), pero también que tengan una carrera exitosa. Que se encarguen de su familia y obligaciones del hogar, pero también que tengan un cuerpo armonioso y una inteligencia superior. Todo debe funcionar correctamente y no está permitido salirse del libreto. Debemos vernos perfectas y parecer perfectas.

La realidad es que muchas mujeres se sienten ahogadas y agobiadas debido al exceso de obligaciones que pesan sobre sus hombros. Para una mujer es difícil afrontar todas sus responsabilidades y le cuesta aceptarlo en público porque sería poco menos que asumir una derrota.

Dios nos pide buscar la perfección, pero no vacía como la pide el mundo, sino en amor como Él nos ha enseñado. Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto. Mateo 5:48.

  1. De lo mucho que nos cuesta someternos y no someternos a la vez

Bíblicamente hemos aprendido que la mujer se somete a su esposo. En el mundo, es fácil encontrar a miles de mujeres argumentando que no se someten a ningún hombre y que ellas solas pueden encargarse de todo. A la par, vemos a muchas mujeres queriendo someterse a su esposo, sin lograrlo por no saber cómo hacerlo.

La realidad es que hemos tergiversado el término someterse y lo tomamos como si se tratara de aceptar humillaciones y maltratos. Las mujeres debemos orar por un hombre a quien no le cueste someterse entregarlo todo por su esposa ni entregarse completamente a Dios, pues este es el hombre a quien vale la pena someterse.

Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. (…) Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Efesios 5:21-26.

  1. Sanidad íntima y sexual

Aunque el tema sexual es cada vez más abierto (a veces más de lo que quisiéramos), a las mujeres nos sigue costando hablar de nuestra salud íntima. Pareciera un tema grotesco cuando se habla de la menstruación, enfermedades, infecciones o fluidos corporales.

La realidad es que todavía hay mucha ignorancia en estos temas y gran parte se debe a la vergüenza que sienten las mujeres al hablarlos. Si más mujeres compartieran entre ellas, con naturalidad y sin malicia, conversaciones sobre su salud íntima, sería mucho más fácil de abordar y habría menos riesgo por automedicaciones.

Dios nos ha mostrado que nuestro cuerpo no debe ser motivo de vergüenza, sino que es sagrado. ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? (…) porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo. 1 Corintios 3:16-17.

  1. Dinero y finanzas

En este mundo que mide el éxito con posesiones y dinero, hablar de esto se convierte en un tema delicado.  Por ejemplo, no está bien visto que la mujer gane más dinero que el hombre, pero tampoco está bien visto que el hombre provea todo, porque entonces la mujer se toma por “mantenida”. Así que el dinero se convierte en un tema que llena a la mujer de inseguridades, en vez de verse como ese recurso que Dios le ha dado para su sostenimiento y servicio a otros.

Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores. 1 Timoteo 6:10.

  1. Pedir ayuda

A las mujeres nos cuesta pedir ayuda. Pareciera que no, porque somos las primeras que preguntamos en la calle cuando no encontramos una dirección o acudimos a los hombres ante una necesidad. Sin embargo, cuando se trata de nuestras responsabilidades, sea en el hogar o en el ámbito profesional, nos cuesta buscar ayuda. Es cuestión de orgullo y humildad, de entender que, como dice el dicho, “quien va solo llega más rápido, pero quien va acompañado llega más lejos”.

Dios dice que nos apoyemos unos a otros. Esto aplica también para que aprendamos a apoyarnos en otros. Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo. Gálatas 6:2.

  1. Inseguridades

Nos cuesta expresar nuestras inseguridades porque queremos parecer perfectas. La realidad es que todos tenemos debilidades y hablar de ellas nos ayuda a sentirnos más seguras y a ser luz frente a quienes pasan por las mismas inseguridades.

Si alguien cree ser algo, cuando en realidad no es nada, se engaña a sí mismo. Cada cual examine su propia conducta; y, si tiene algo de qué presumir, que no se compare con nadie. Que cada uno cargue con su propia responsabilidad. Gálatas 6:3-5.

  1. El pecado

Nos cuesta tanto reconocer nuestros pecados, que preferimos callarlos y sumergirnos en ellos. Pareciera que Dios nos va a acusar. Es verdad que debemos avergonzarnos delante de Dios, pero no porque nos juzgue, sino por arrepentimiento.

A veces somos tan duros para juzgar a quien ha caído en pecado, que cuando somos nosotros los que caemos, nos cuesta reconocerlo. Pero la Biblia nos enseña que Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja halla perdón. Proverbios 28:13.

Existen temas que las mujeres debemos hablar con mayor tranquilidad, pues merecemos ser escuchadas. Aun así, habrá otros en los que preferiremos callar. Lo importante es que no existe ningún tema que no podamos hablar con Dios. Él nos ha dicho que tengamos confianza de acercarnos a Él: Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos. Hebreos 4:16.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto:  Isaiah Rustad – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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