Lucas MD

Asma espiritual

Respirar no es fácil para todas las personas. A veces se siente una presión en el pecho que impide que se tome el oxígeno de forma natural y tranquila. La desesperación al empezar a perder el aire genera una crisis que afecta algo más que los pulmones. Si atraviesas por un conflicto interno y espiritual, puedes estar pidiendo a gritos el aire que nos da vida.

El asma es una enfermedad que afecta a las personas de todas las edades, provocando infecciones y obstrucción de los bronquios debido a cambios bruscos de temperatura, polen, ácaros, infecciones virales, humo, polvo, irritantes químicos, entre otros factores físicos. Nubia Bautista, subdirectora de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud y Protección Social explicó que el asma “se caracteriza por síntomas persistentes o ataques recurrentes de falta de aire (disnea), sibilancias o ruidos en el pecho, cuya gravedad y frecuencia varían de una persona a otra. Es la enfermedad crónica más común entre los niños”.

En Colombia, una de cada 8 personas sufre de asma, convirtiéndose en la segunda enfermedad respiratoria más relevante después de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), siendo así la tercera causa de muerte en el país. Solo en 2019 murieron 29,7 personas por cada 100.000 colombianos. Adicionalmente, el asma afecta a 100 millones de personas en el mundo y es el responsable de más del 80% de las muertes en países de ingresos bajos y medio-bajos, según la Organización Mundial de la Salud.

Enfermedad psicosomática

Aunque las principales causas desencadenantes en las crisis asmáticas están asociadas a la predisposición genética como irritantes y alérgenos, también se ha evidenciado que el 37% de los casos de infecciones respiratorias fueron provocados por factores psicosociales como el estrés emocional, situaciones traumáticas como pérdida o abandono de alguno de los padres, violencia familiar, entre otros.

Nora Koszer, médica psiquiatra, en su artículo “Una visión psicológica del asma bronquial” menciona que “las situaciones emocionales que más a menudo provocan una crisis de asma son el enojo, el temor y toda amenaza de separación o pérdida. Se describe a menudo la presencia de depresión en la madre o en el niño, con duelos familiares, también se observó una alta frecuencia de madres dominantes, dependientes de su propia madre, controladoras, posesivas, intrusivas y lejanas. Por otro lado, los padres de los asmáticos suelen estar ausentes o poco presentes en el vínculo con los hijos”.

Pasar por estas situaciones generan que alguien obtenga asma a temprana edad ante una inestabilidad afectiva, la cual puede mejorar cuando hay un cambio de ambiente y una mejor estabilidad emocional personal y familiar.

De lo emocional a lo espiritual

Así pues, el asma surge con un impacto emocional  que afecta a lo físico, psicológico y espiritual del individuo. Juan Manuel Núñez, médico y gerente de salud, perteneciente al ministerio Alianza Médica Cristiana (AMEC) de Casa sobre la Roca, investigó cómo la parte espiritual puede afectar distintas áreas de la salud. “Si, por ejemplo, una persona tiene acné o gastritis, sabemos que hay algo que está preocupando a la persona y que está produciendo una respuesta interna en un órgano blanco (sistema endocrino). Si un órgano blanco detecta una emoción negativa, este también puede desencadenar una crisis asmática, porque al fi n y cabo todo el cuerpo está conectado.

En lo espiritual puede tratarse de una angustia, tristeza, culpa, donde la persona entra en un estado de no saber qué hacer porque está lejos de Dios”. De esta forma, el asma termina por convertirse en un ahogo de las emociones, pues hay ciertas situaciones que generan agobio y fatiga. Si no se resuelve el conflicto, el organismo lo resuelve internamente provocando un ataque de asma.

COVID-19 ¿asma espiritual asegurada?

Las personas con asma son una de las poblaciones más vulnerables al COVID-19, dado que pueden tener mayores complicaciones, si la enfermedad no está bajo control. Curiosamente, aquellas personas que tienen controlada su asma pueden no desarrollar de forma grave el virus COVID-19, según un estudio realizado por investigadores del Hospital Bicêtre, Assistance Publique Hôpitaux de Paris Université, quienes confirmaron que no hay pruebas que apunten a un aumento de la morbilidad o la mortalidad en estos pacientes. No obstante, el COVID-19 sigue siendo tan incierto que no podemos descuidarnos, aunque seamos o no asmáticos, los síntomas y secuelas que generan pueden comprometer nuestros pulmones.

Sin embargo, algo que sí puede pasar es que el COVID-19 genere asma espiritual, pues se han visto las consecuencias psicosociales en los individuos durante la cuarentena.

El Centro de Investigaciones Sociológicas de España demostró que el 23,4% de la población ha sentido “miedo a morir debido al coronavirus”, un 41,9% “ha tenido problemas de sueño”, un 51,9% ha reconocido “sentirse cansado o con pocas energías” y un 38,7% ha tenido “dolores de cabeza”, entre otros problemas como taquicardias, mareos o desmayos.

De igual forma, alrededor del mundo se han duplicado las urgencias psiquiátricas infantiles, los trastornos de conducta alimentaria son cada vez más graves, aumentan los casos de ansiedad, depresión y las autolesiones e intentos de suicidio en adolescentes.

También se ha incrementado la violencia sobre los menores, el maltrato y los abusos. Todo esto ha afectado tanto la salud mental de la sociedad que se produce la sensación de no poder respirar, de estar ahogados en la preocupación, estrés e incertidumbre.

Ante esto, Núñez explica que “con el coronavirus, incrementó la depresión, la angustia, la salud mental de las personas está muy afectada. Hay gente que piensa que es un castigo o un llamado de Dios y ese pánico paraliza a las personas y genera una enfermedad espiritual. Incluso, después de salir del COVID, quedan secuelas, no pueden dormir bien, no pueden respirar bien, el pulmón queda sensible, y también el espíritu”.

Cuando todo está mal, hay que aprender a respirar

El profeta Elías sufrió de asma espiritual cuando tuvo que huir para evitar la venganza de Jezabel. En su crisis, pidió a Dios que le quitara la vida. Estaba ahogándose en preocupación y estrés, pero Él lo levantó, lo llenó de energía y nuevos aires para continuar su camino (1 Reyes 19). Otro profeta que nos enseña la importancia de mantener la calma en momentos de ahogo espiritual es Jonás, quien huía del propósito que Dios tenía para él. Cuando unos marineros lo lanzaron al mar y literalmente se ahogaba, Dios dispuso un enorme pez para que se tragara a Jonás y viviera. (Jonás 1).

El médico Juan Manuel Ñuñez Ñuñez dijo que: “el 60% de las enfermedades se previenen cuidando el organismo, comiendo bien, fortaleciendo el espíritu y teniendo una buena relación con Dios, esto puede ayudar a que el asma disminuya o desaparezca”. En el caso de Elías y Jonás, ambos estaban físicamente bien, pero los dos se bloquearon emocionalmente en su afán de huir y no saber qué hacer. Se agotaron, se angustiaron y sintieron que se ahogan en un mar de problemas porque no confiaban plenamente en la voluntad de Dios.

Así que, ¿tienes dificultad para respirar? ¿Sientes que no se puede obtener suficiente aire? Es momento de recordar que Dios nos da aliento de vida, Él sopla sobre nosotros para que vivamos en paz. Él desde el principio te dice que busques aire para poder vivir, pero el aire no es solo oxígeno sino es Su presencia.

Pondré en ti mi aliento de vida, y volverás a vivir. Y te estableceré en tu propia tierra. Entonces sabrás que yo, el SEÑOR, lo he dicho, y lo cumpliré. Lo afirma el SEÑOR”. Ezequiel 37: 14.

La revista H&C comparte cinco consejos para controlar el asma espiritual

– Ora y confía en el Señor, de esta forma alejarás los pensamientos y emociones negativas y encontrarás descanso.

– Aprende a controlar tus emociones, inhala y exhala, así te relajarás y empezarás a controlar tu respiración.

– Busca al Espíritu Santo para que te guíe y te de la solución de los problemas que tanto te ahogan.

– Sana tu corazón, perdónate y pide perdón, de esta forma disminuirá la presión que sientes.

– Lleva una buena alimentación, haz ejercicio, descansa, canta alabanzas, lee la Biblia, comparte con otros, para que tu cuerpo y espíritu estén bien.

Por: Norma Elizabeth Pinzón – norma.pinzon@revistahyc.com

Foto: Stories – Freepik  (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

 

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