AreópagoOPINION

La mala hierba

A fin de entender este espinoso tema, revisemos la siguiente parábola:

Jesús les contó otra parábola: «El reino de los cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero mientras todos dormían, llegó su enemigo y sembró mala hierba entre el trigo, y se fue. Cuando brotó el trigo y se formó la espiga, apareció también la mala hierba. Los siervos fueron al dueño y le dijeron: “Señor, ¿no sembró usted semilla buena en su campo? Entonces, ¿de dónde salió la mala hierba?” “Esto es obra de un enemigo”, les respondió. Le preguntaron los siervos: “¿Quiere usted que vayamos a arrancarla?” “¡No! —les contestó—, no sea que, al arrancar la mala hierba, arranquen con ella el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha. Entonces les diré a los segadores: Recojan primero la mala hierba, y átenla en manojos para quemarla; después recojan el trigo y guárdenlo en mi granero” ». Mateo 13:24-30.

La mala hierba, comúnmente llamada cizaña, es propiedad de Satanás y resulta inevitable que en todas las iglesias la haya en mayor o menor grado. Sin embargo, la técnica para separarla del cultivo sano no es lo que algunos quisieran: por ejemplo, colocar a la pecadora sobre el altar, durante un servicio dominical bien concurrido, y que los piadosos feligreses vayan desfilando, cada uno con su piedra en la mano, para producir la merecida lapidación. O improvisar una guillotina –también sobre el altar y en el curso de una reunión dominical- y cortarle la cabeza al chismoso de tal manera que su sangre salpique a la congregación para que todos reciban escarmiento.

Excusada la exageración, recalquemos que no debe ser así, porque -según Jesús- el trigo y la cizaña han de crecer juntos hasta la hora de la recolección de la cosecha cuando él enviará a sus ángeles a separar estrictamente lo uno de lo otro.

En países como los andinos es fácil entender el concepto de “mala hierba” o cizaña, pues grandes extensiones de tierra están sembradas con cultivos ilícitos, y se observan directamente los estragos humanos que de tales plantaciones se derivan. Es inútil tratar de extirpar esa cizaña por medio de fumigaciones aéreas o cualquier otro método artificial sobre la naturaleza, si antes no se siembra la semilla de Dios en los corazones de los perversos o ingenuos cultivadores. Solo así se logrará que un día los ángeles de Dios erradiquen la maligna vegetación que no solo contamina el ambiente físico sino que causa, sobre todo, estragos espirituales. La buena noticia es que la cizaña no puede dañar al buen trigo.

Por: Rev. Darío Silva–Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

Foto: Klara Kulikova – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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