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Familias fracturadas

Muchas veces vemos personas que crecieron en familias fracturadas y están intoxicadas de ira y negatividad por las malas vivencias de su infancia. ¿Has vivido algo similar? Sigue leyendo y rompe el ciclo venenoso.

Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor. Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas. Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen. Colosenses 3:18- 21.

La familia es la primera institución que Dios estableció para que el hombre formara relaciones humanas, y como toda relación es normal que se presenten problemas. Algunos tienen la suerte de contar con unos padres amorosos y tener un vínculo familiar sano. Otros tienen que aprender a convivir con personas inestables, egoístas y traicioneras, familiares que no tuvieron buenos vínculos afectivos porque crecieron en un círculo tóxico que no termina. Estas son las familias que con sus acciones y palabras terminan lastimando a sus consanguíneos, pues nunca han conocido el verdadero amor que aporta estabilidad, felicidad y seguridad a sus miembros.

Violencia intrafamiliar

Aunque la familia sea el círculo relacional más importante, muchas veces termina por convertirse en un riesgo. Según estadísticas de la Fiscalía General de la Nación y Medicina Legal, del 1 de enero al 1 de mayo de 2019, se reportaron 29.117 casos de violencia intrafamiliar en Colombia. Adicional a esto, las llamadas a la Línea Púrpura por violencia intrafamiliar han aumentado durante la cuarentena en un 211%. Tan solo en Bogotá se reportaron 21.223 casos de maltrato ejercido contra niños y adolescentes donde incluye violencia emocional, física, sexual, económica, negligencia y abandono.

El panorama es cada vez más alarmante, porque algunas veces no se reconoce la violencia intrafamiliar que hay en ella. El Centro de Arbitraje y Conciliación de la Cámara de Comercio de Bogotá brinda asesorías frente a la violencia intrafamiliar y muestra algunas características de una familia fracturada:

  • Tienen dificultades de comunicación.
  • Consumo de licor y/o sustancias psicoactivas por parte de algún miembro.
  • Dificultades en la relación de pareja: infidelidad, dependencia económica y/o emocional de la pareja.
  • Interferencia por parte de terceros (suegros, hermanos u otras personas) en la relación de pareja y/o la crianza de los hijos.
  • Que alguno de los miembros de la pareja (o ambos), haya sido víctima de violencia en su familia de origen.
  • Experiencias traumáticas vividas por algún familiar.
  • Dificultades económicas, de salud física y/o psicológica de algún miembro.
  • Uso inadecuado del manejo de la autoridad.
  • Pocas habilidades o desconocimiento para ejercer el rol de padres.
  • Desconocimiento de estrategias alternativas para la solución de conflictos.
  • Dificultad para reconocer y respetar diferentes puntos de vista, opiniones, gustos, decisiones, entre otros.
  • No existe la individualidad y no se respeta el espacio privado de cada miembro.
  • Son uniones familiares basadas en la obligación.
  • Son relaciones de dependencia por sobreprotección o abandono.
  • Son relaciones de dominación basadas en conductas y pensamientos rígidos.
  • Subestiman las emociones.

Más amor menos veneno

A veces quienes más amamos suelen ser quienes más nos hieren. Un estudio de la Universidad de Virginia demostró que “el hecho de no ser empático con los seres queridos refleja la falta de amor propio. Comprender que ese odio hacia uno mismo es neurobiológico y que por eso hacemos daño a los seres queridos debe servir para darse cuenta y no continuar con ese ciclo de ira hacia el otro. Si uno se odia a sí mismo, tiene sentido que su respuesta empática hacia los que quiere, falle. Por eso es tan importante construir el amor propio y la autoestima”. Debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, tal y como dice Mateo 22:39, pues si nos amamos y somos felices con lo que tenemos, podremos amar a nuestros seres queridos, buscando su bienestar y respetando también sus propias opiniones.

Al conocer a Dios y al amarse a sí mismos, algunos personajes bíblicos pudieron dejar atrás toda clase de actitud tóxica hacia su familiar, perdonaron y rompieron el ciclo para no afectar a sus futuras generaciones. Como adultos, podemos frenar esas relaciones que nos han dañado y cambiar esos patrones que pueden afectar nuestras futuras relaciones. Filipenses 2:3-4 nos muestra un buen punto de partida para evitar tener y ser un familiar venenoso: No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás.

Familiares tóxicos en la Biblia

  • Adán cuando le echó la culpa a su esposa (Génesis 3:12).
  • La rivalidad entre hermanos en las historias de Caín y Abel, Jacob y Esaú, y José y sus hermanos.
  • Los celos entre las esposas Ana, Lea y Raquel, una de las consecuencias de la poligamia.
  • Job cuando su esposa le dijo que renegara de Dios y se muriera.
  • Eli y Samuel tuvieron hijos descarriados.
  • Jonatán casi fue asesinado por su padre, Saúl.
  • David fue quebrantado por la rebelión de su hijo Absalón.
  • Oseas experimentó dificultades matrimoniales a causa del pecado.

El respeto siempre debe prevalecer. Así como tú respetas a tus familiares, ellos también deben respetarte a ti, independientemente de la edad que tengas. Cada relación debe fomentarse desde el amor, pues buscando el beneficio del otro, obtendrás alegría y bienestar para ti también. No obstante, la restauración familiar es un proceso que requiere paciencia y compromiso de cada uno de sus miembros.

A algunos les puede costar más que a otros y en algunos casos es necesario que intervengan un consejero o un psicólogo. Sin embargo, todo este proceso es completamente efectivo cuando todo el núcleo familiar ha recibido a Cristo, pues sólo con Él cambia nuestra forma de pensar y actuar. Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos. Hechos 16:31.

Por: Norma Elizabeth Pinzón – norma.pinzon@revistahyc.com

Foto: Freepik (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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