AreópagoOPINION

Paz en la iglesia y en las relaciones sociales

Doy gracias al Señor porque, en los últimos tiempos, se ha despertado en mi iglesia un buen espíritu de amor y fraternidad. Habrá pequeños e inevitables problemas por solucionar; pero, en términos generales, esta es una iglesia de amor. Eso es bueno, pues la Biblia declara, en labios de Jesucristo en persona:

La sal es buena, pero, si deja de ser salada, ¿Cómo le pueden volver a dar sabor? Que no falte la sal entre ustedes, para que puedan vivir en paz unos con otros. Marcos 9:50.

Recordemos que, en el Sermón del Monte, el Señor ha llamado a los creyentes “sal de la tierra”; ahora Jesús aclara cuál es esa sal que sazona la vida cristiana: ¡la paz!, pues ahí dice: “que tengan sal para que tengan paz”. Vivir en paz es llevar una vida condimentada con la sal de Dios. La sal de Dios es la paz.

En cuanto a las relaciones sociales, en Romanos 12, el apóstol Pablo nos da una serie de enseñanzas muy importantes como normas de vida y conducta de los cristianos. La que nos concierne es bien directa: No paguen a nadie mal por mal.

Procuren hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. Romanos 12:17-18.

No sólo dentro de la familia, no exclusivamente en el seno de la iglesia, debe procurarse el don inapreciable de la paz. Nuestra obligación es esforzarnos porque haya paz “con todos”.

Observemos cómo dice: “en cuanto dependa de ustedes”; y no “en cuanto dependa de los demás”. La iniciativa hemos de tomarla nosotros mismos para lograr la paz. En cuanto dependa de nosotros, buscar la paz con todos; no con los pacíficos, no con nuestros compañeros de armas en nuestras guerras particulares. La Biblia dice: “paz con todos”.

Por: Rev. Darío Silva–Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

Foto: Adrianna Geo – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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