Proverbios

Dios es mejor que mi padre

Uno de los grandes problemas que muchas personas enfrentan al acercarse a Dios, es que lo perciben igual a su padre terrenal. Si este fue un padre  ausente, autoritario o incluso descuidado, las personas sienten que Dios es igual. Es un hecho que la relación con el padre terrenal condiciona la relación con el Padre Celestial.

En países como Colombia, son muchos los hogares que carecen de figura paterna, pues los padres abandonan a sus mujeres cuando se enteran que están embarazadas, o si permanecen, en muchos casos cumplen la única función de proveer económicamente el hogar, pero se desligan completamente de una relación con sus hijos.

Esto trae consecuencias gravísimas para los hijos, como lo asegura un estudio de la Universidad Javeriana sobre los niños que crecen sin padres: “Para esconder los sentimientos de infelicidad, ira, abandono y miedo que los embarga, los niños que crecen sin padre pueden presentar problemas como déficit de atención y bajo rendimiento escolar, poca capacidad de socialización, degradación de la madre e idealización del padre, vacío emocional y baja autoestima, conductas dependientes o aislamiento social, abuso de sustancias o drogas, problemas emocionales como ansiedad, depresión o agresividad, entre otros”.

Y es que para una persona que no conoció figura paterna o la tuvo de manera deficiente, es muy difícil comprender a Dios como un padre interesado, amoroso y paciente. En casos en los que padres son excesivamente estrictos, es aún más complicado comprender que Dios nos ha dado perdón y salvación por gracia.

En el Diario del Sur, uno de los columnistas narra la siguiente anécdota: “En mis excursiones por los rincones de Colombia he llegado más de una vez a la lejana Guajira. Allí una misionera me comentó lo difícil que era para ella explicarles a los niños wayuú que Dios es nuestro padre. En esa sociedad matriarcal -me explicaba ella- solamente la mamá cuida de la crianza y educación de los niños. El papá es un ausente total. De ahí que no existen vínculos afectivos entre el padre y los hijos; y, por no haber experimentado el afecto de un papá, es muy difícil que ellos imaginen un Padre celestial que los quiere. Para un niño, con un papá indiferente o tirano, la idea de que Dios lo quiere con amor de padre es algo tan extraño como informarle que Él nos quiere con un amor semejante al del policía de la cuadra o del tendero de la esquina”.

Sin embargo, y a pesar de todo esto, Jesús nos enseñó a relacionarnos con Dios como nuestro Padre. Por gracia, al aceptar a Jesús recibimos esa relación especial con un padre amoroso que suple nuestras necesidades, nos brinda su guía y también su disciplina, nos protege y cuida cada paso que demos. (Revisar Mateo 6:9, 26; Juan 1:17-18; Mateo 5:48; Hebreos 12:5-7).

El evangelista Luis Palau, en uno de sus artículos denominado “El consejero bíblico”, aseguró: “En Mateo 7:9-11, Jesús va más allá de decirnos que Dios es nuestro Padre; nos dice que Dios siempre es mejor que nuestro padre terrenal, porque todos los padres terrenales son malos, y Él no lo es. Jesús se expresa de manera contundente y si se quiere, brutal. Éste es un claro ejemplo de que Jesús creía en la pecaminosidad universal de todos los no que conocemos de nuestro padre terrenal. Más bien, entendamos el hecho de que Dios no tiene ninguno de los pecados, limitaciones, debilidades ni lastres que cuelgan de nuestro padre terrenal. Jesús apunta a lo siguiente: Aunque los padres terrenales han caído y son pecadores, generalmente tienen la gracia suficiente como para dar cosas buenas a sus hijos, pero Dios siempre es mejor.

No hay nada malo en Él. Por lo tanto, el argumento es categórico: Si nuestro padre terrenal nos dio cosas buenas (¡o si no lo hizo!), cuánto más el Padre que está en el cielo nos dará cosas buenas a los que le pidamos”.

Para comprender la verdad de  quién es Dios como Padre, debemos dejar atrás las falsas percepciones que tenemos de Él, basadas en nuestro escaso conocimiento de hijos en la Tierra y confrontar con lo que dice la Palabra de Dios. Es indispensable pedirle a Dios que se nos revele como Padre y romper con todas las mentiras que hemos creído para comenzar a ver y creer la verdad de Dios. Solo así lograremos comprender nuestra identidad como hijos.

Lo que Dios NO es como Padre:

(La mentira que debo rechazar)

  • Distante, no se interesa en mí.
  • Insensible e indiferente.
  • Severo y exigente.
  • Pasivo y frío.
  • Ausente. Demasiado ocupado para atenderme.
  • Impaciente, iracundo y rechazador.
  • Malo, cruel o abusador.
  • Alguien que trata de eliminar la alegría de vivir.
  • Controlador o manipulador.
  • Condenador o no perdonador.
  • Un perfeccionista exigente que se fija en nimiedades.

Lo que Dios SÍ es como padre (La verdad que decido creer):

  • Cercano e involucrado (Salmo 139:1-18).
  • Amable y compasivo (Salmo 103:8-14).
  • Reconocido y lleno de gozo y amor
  • (Sofonías 3:17, Romanos 15:7).
  • Cálido y afectuoso (Isaías 40:11, Óseas 11:3-4).
  • Siempre está conmigo y además vive ansioso por estarlo. (Jeremías 31:20, Ezequiel 34:11-16, Hebreos 13:5).
  • Paciente y lento para la ira (Éxodo 34:6, 2 Pedro 3:9).
  • Amoroso, Dulce y Protector (Jeremías 31:3, Isaías 42:3, Salmo 18:2).
  • Confiable. Quiere darme una vida plena; su voluntad es buena, agradable y perfecta (Lamentaciones 3:22-23, Juan 10:10, Romanos 12:1-2).
  • Lleno de Gracia y misericordia. Me permite fracasar sin dejar de amarme. (Lucas 15:11-16, Hebreos 4:15-16).
  • Bondadoso y perdonador; su corazón y sus brazos siempre están abiertos para mí. (Salmo 130:1-4, Lucas 15:17-24).
  • Comprometido con mi crecimiento y orgulloso de mí como su hijo amado. (Romanos 8:28-29, Hebreos 12:5-11, 2 Corintios 7:4).

Foto: Cherry Laithang – Unsplash Freepik (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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