Proverbios

Sufres… ¿“tomasitis aguda”?

¿Racionalizas sobre Dios? ¿Pasas demasiado tiempo dudando de Él? ¿Caes en un bucle de preguntas y respuestas que te llenan de angustia e inseguridad sobre la persona de Jesús? En otras palabras, ¿dudas como Tomás?

Por si no lo sabes Tomás fue un apóstol muy escéptico. A pesar de haber estado al lado de Jesús y recibir información sobre quién es el Camino, la Verdad y la Vida, siempre dudó.

Este hombre fue llamado “Tomás el incrédulo”. La evidencia la leemos en Juan 20:25-29: Así que los otros discípulos le dijeron:

— ¡Hemos visto al Señor!

—Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré —repuso Tomás.

Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa, y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó.

— ¡La paz sea con ustedes!

Luego le dijo a Tomás:

—Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.

— ¡Señor mío y Dios mío! —exclamó Tomás.

—Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; dichosos los que no han visto y sin embargo creen.

En este relato las palabras de Tomás fueron desafiantes y de alguna manera pesimistas. Él pensaba que era mejor morir al lado de Jesús que sin Él, pues no concebía estar separado de su Señor. Y todo esto lo llevó a dudar.

¿Qué es la duda?

El verbo “dudar” viene del latín dubitare (“vacilar entre dos cosas”, “no determinarse”), derivado de dubios (incierto, indeciso).

Según la Real Academia Española, “duda” significa: “Suspensión o indeterminación del ánimo entre dos juicios o dos decisiones, o bien acerca de un hecho o una noticia”.

Dudar es natural, todos lo hemos hecho en algún momento. Sin embargo recordemos lo que dijo Immanuel Kant, uno de los pensadores más influyentes de la filosofía universal: “La duda es el motor del conocimiento y de la creatividad pero también el motor de la obsesión”. Aunque no lo creas, el exceso de duda puede ser dañino para tu salud mental.

Si llevamos la duda al plano espiritual, vemos que la “Tomasitis aguda”, como la he llamado, puede traer varias consecuencias:

  1. Te distancia: Tomás no estaba cuando Jesús Regresó. El distanciamiento elimina profundizar en la verdad, la esperanza y la fe en las situaciones más oscuras. ¿Te distanciaste de Dios? ¡Es hora que vuelvas a Él!
  2. Genera desacuerdos: Tomás expresó su incredulidad en público cuando dijo que hasta no ver las marcas de los clavos no creería. Esto causó tensión.
  3. Te deteriora: La duda intensa de Tomás le proporcionó una semana de descontento, frustración, dolor. Solo necesitaba creer sin ver y no pudo.

Pero el amor de Jesús por Tomás fue tan grande, que le permitió tocar su costado para que él viera y creyera.

El Tomás del siglo XXI

El pastor Darío Silva-Silva en su sermón titulado “El GPS Espiritual” dijo: “… El Tomás posmoderno solo hace preguntas y no le importan las respuestas aunque Dios se las dé. Algunas son:

¿El camino? Si todos los caminos conducen a Roma, no importa por qué autopista, atajo espiritual, religión o secta camine. De todos modos llegarás a Dios, si es que existe.

¿La verdad? Como la relatividad es una ley, no hay una verdad absoluta, sino fragmentos de la verdad que cada uno transmite. Tomás no entiende que un fragmento de la verdad es una mentira completa.

¿La vida? Esos datos científicos que todos los ríos llegan al mar… Sí, de alguna manera. Entonces cada vida tiene su propio curso independiente.

Eso lo enseña la Nueva Era, el hunduísmo en todas sus ramas, etc. Existen las vidas, no la vida. ¡Es la mentira más grande que se transmite en el tiempo actual! Teniendo como brújula la teoría de la relatividad de Albert Einstein, el Tomás de hoy está varado en el epicentro de una encrucijada: con flechas hacia todo, rodeado de vendedores ambulantes de baratijas espirituales. Ante sus ojos cubiertos de cataratas, se han desdibujado perfiles como el bien y el mal, la virtud y el pecado, la veracidad y el engaño, el varón y la mujer, el cielo y el infierno, Dios y Satanás.

Cada Tomás individual, en esta especie humana de tantos miles de millones de almas, a partir de sí mismo, busca su propio camino de ida y de regreso en un taoísmo generalizado. (Tao en mandarín quiere decir: camino). En ese camino de la vida lleno de tantas encrucijadas, el Espíritu Santo es nuestro GPS, nos marca la ruta. La Biblia, nos da el recorrido, el Espíritu Santo nos muestra por dónde ir, nos orienta. No hay duda que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida”. —No tengas miedo; cree nada más. Marcos 5:36b.

Por: Jennifer Barreto – jennifer.barreto@revistahyc.com

Foto: Pintura “La incredulidad de Santo Tomás”  por Caravaggio (1602)

Share:

Leave a reply