Jueces

Los niños de los semáforos

La infancia a cambio de unas pocas monedas. El llamado ‘rebusque’ en Colombia es asunto diario. Es común encontrarse en los semáforos limpiadores de vidrios, vendedores de frutas, dulces, bolsas para las basuras, celulares y pilas para celulares más todo tipo de artículos -a veces ingeniosos-;también están las personas que cuentan una trágica historia o muestran algún tipo de discapacidad para lograr una limosna o aquellos malabaristas cuando la luz roja impide por dos minutos el tránsito. El país se está acostumbrando a que millares de colombianos en situación de pobreza pidan dinero en los semáforos…pero lo más grave es que también se está acostumbrando a la mendicidad infantil.

Día tras día, cuando la luz del semáforo cambia de verde a rojo, millares de niños corren para acercarse a los vidrios de los autos para conseguir una moneda. Niños que lentamente y a través de los golpes que da la vida van perdiendo su inocencia y ternura pues deben salir a las calles a conseguir dinero para ayudar en sus hogares –solos, en compañía de sus padres o alquilados a terceros por unos pesos.

Según El País de Cali, un niño puede recoger en los semáforos cerca de $900mil mensuales, si cincuenta personas les dan alrededor, cada una,$600 pesos diarios. Este mismo diario afirma que el alquiler de un niño puede costar alrededor de $10 mil en “temporada baja” y en diciembre puede subir hasta los $50mil.

La mayoría de estos niños no recibe un solo peso por su “trabajo” diario ya que deben entregar todo el “producido” a quienes los manejan, que en las calles aparentan ser los padres, pero que casi siempre son tenebrosos explotadores de la niñez.No es distinta la situación si reciben un juguete u otro regalo, pues tampoco pueden conservarlo.

Las autoridades estiman que cerca de 30 mil niños pasan la mayor parte del día en las esquinas de las principales ciudades del país. 37% de esa población está ubicada en Bogotá, el resto en Medellín, Cali y otras ciudades.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar denuncia que 2´500.000 menores trabajan en Colombia. De este total, 1´700.000 son adolescentes entre 12 y 17 años y 800 mil son niños y niñas de entre 6 y 11 años. Muchos de ellos trabajan en las calles, expuestos a accidentes de tránsito y toda clase de violencia.  Las cifras pueden tornarse inexactas debido a la falta de denuncias y a que estas prácticas pueden ser intermitentes ya que tanto los niños como sus “promotores” pueden cambiar de semáforo o hasta de ciudad. Además, la llegada de los venezolanos a Colombia, parece haber incrementado estos índices.  

La trata de menores

El difícil tema de la trata de niños para la mendicidad ha acompañado la historia de Colombia a través de los años y continúa escandalosamente en aumento, tal como lo denunció en 2006 la escritora y precursora de la fundación Misericordia Amor y Servicio, Esther Lucía Silva-Silva en su libro Los tesoros que Dios me dio al afirmar: “En Colombia tenemos el santo vicio- hay que llamarlo así- de darles monedas a los niños que se paran en las esquinas de nuestras ciudades con caritas muy convincentes. Estos pequeños, en muchos casos, pertenecen como esclavos muy reales a una persona que los maneja a su antojo porque gana dinero a través de ellos. Hay una verdadera mafia de la mendicidad”.

Según UNICEF, 550 mil niños y adolescentes han sido víctimas de la trata en América Latina y el Caribe, dentro o fuera de sus ciudades y países. Muchos de ellos son obligados a practicar la mendicidad, realizar trabajo en las calles o labores pesadas,  o a ejercer prácticas sexuales y a consumir drogas, entre otras muchas prácticas ilegales.

53,4% de los habitantes de la calle realizan actividades durante el día, entre 8:00 a.m. y las 6:00 p.m. 46.6% prefiere horas nocturnas. Estos son los horarios cuando los explotadores de menores los inducen a la mendicidad, ya que hay ciertas horas en las que se genera mayor sentimiento de “pesar” o compasión y se recibe más dinero.

Otro tema es el de las trabajadoras sexuales o con diferentes adicciones que abandonan a sus hijos en un barrio del centro de Bogotá para irse a beber, a drogarse, o a trabajar y a ese mismo lugar llegan a recogerlos los explotadores que los llevan a mendigar. El barrio se ha popularizado porque allí se realizan los alquileres de menores: los padres que deseen recibir un dinero a cambio de unas horas de trabajo de sus hijos, llegan hasta ese punto de la ciudad o hasta muchos otros donde “oficialmente” se negocian los niños de alquiler.

Según UNICEF, los menores explotados, en su mayoría trabajan en sectores que implican alto riesgo para la salud: calles, talleres, plazas, almacenes, depósitos, cultivos y plantas de producción. Y según  la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), cada año 22.000 niños mueren como consecuencia de accidentes relacionados con la actividad laboral.

Un tema difícil de regular

Debido a que según la sentencia N. 040/06 de la Corte Constitucional de Colombia, emitida en febrero de 2006, “la mendicidad no es un delito si se ejerce para sí y de manera autónoma y personal”; en cambio, la trata de niños con fines de mendicidad es un fenómeno difícil de regular si no se comprueba que estos niños no están pidiendo dinero para sus propias necesidades sino para terceros.

Esto se debe a que la problemática es tan amplia que hay niños que viven en las calles trabajando para sí mismos. En agosto de 2017, el ICBF denunció que cerca de 4.457 niños habitaban en las calles de las 16 principales ciudades del país, en su mayoría en condición de desnutrición, enfermedad o adicción.  75% de estos niños de la calle manifestó haber sufrido maltrato en su familia y 37% de ellos lo reconoce como el factor principal de su evasión del hogar.

48,9% de esos niños asiste a un establecimiento educativo. Se trata, casi en su totalidad, de menores que no viven en la calle aunque pasan el mayor tiempo del día allí. La cifra acentúa la idea de explotación monetaria por parte de algún adulto.

En países como Perú, por ejemplo,  las personas que obliguen a mendigar a niños y adolescentes para obtener un beneficio económico pueden ser sancionadas con penas de hasta 15 años de prisión, las autoridades peruanas identificaron 27 puntos en Lima donde se explota a niños, alquilados por sus padres, a cambio de 10 soles (3,4 dólares) para ser inducidos a la mendicidad.

El capitán Hernán Valbuena, coordinador de la Policía de Menores de Colombia, asegura que “los más altos índices de mendicidad infantil están en Medellín, Cali y Bogotá, donde hay -mal contados- 4.926 niños limosneros. Se les ha exigido a los padres que firmen acuerdos para no incurrir en el delito de alquilar a sus niños, pero es difícil el seguimiento, pues esta población es flotante y trashumante”.

Así mismo explicó que la mendicidad, es una de las modalidades de la trata de personas que se viene extendiendo principalmente por los efectos de la pobreza y se ha vuelto común ver a menores de edad, muchos de los cuales son traídas de zonas rurales, explotados por terceras personas bajo la figura de la mendicidad.

“Habíamos logrado un acercamiento con estos niños y sus familias en algunos semáforos de las localidades de Usaquén, Suba, Chapinero y Barrios Unidos de Bogotá, pero nos detuvimos porque la policía empezó a recoger a los niños y luego les perdimos la pista” comentóGraciela González, coordinadora de las Unidades Móviles del Bienestar Familiar.Además, cuando la policía interviene, los niños son retirados de sus hogares y entregados al Bienestar Familiar, de donde se escapan y llegan nuevamente a las calles, y muchas veces donde se encuentran con explotadores mucho peores.

Impacto en los niños

Instruye al niño en el camino correcto, y aún en su vejez no lo abandonará.Proverbios 22:6

Como bien dice la Biblia, todo lo que un niño aprende durante sus primeros años permanece en su cabeza y en su corazón para siempre. El amor o el maltrato que vivan día a día marcan la manera en que se desenvolverán en su edad adulta. Así que probablemente, estos niños sometidos a prácticas inhumanas desde muy pequeños, serán adultos traumados y problemáticos a los que les faltará compasión, si algo no cambia en sus vidas y no reciben la restauración de Dios.

La mendicidad está robando la niñez a estos pequeños. No se les permite jugar, brincar o correr. No se les permite si quiera sonreír, porque la sonrisa de uno de estos niños puede significar una pequeña alegría y no se logra el objetivo de generar lástima a los transeúntes, lo que significa menos dinero. La sonrisa de un niño cuesta unas pocas monedas.

En cuanto a esto, el Doctor Mauricio Achury, psiquiatra de la Universidad Javeriana de Bogotá, especialista en psiquiatría infantil asegura que “la niñez, la pre adolescencia y la adolescencia, son etapas que todo ser humano debería vivir como parte de un proceso de maduración para formar la personalidad; el hecho de que eso sea cortado puede dejar graves consecuencias para socializar, vivir en comunidad, aprender a interactuar con las demás personas, y conocer las intenciones del otro, además, como en la calle el ambiente es tan agresivo, los pelados comienzan a formarse un pensamiento completamente errado”.

Así mismo al referirse al maltrato del que son víctimas día tras día estos niños, el Doctor Achury asegura que es bastante grave porque “Casi todo lo que uno aprende, lo aprende por imitación. Si uno ve maltrato y es víctima de maltrato, es probable que no vaya a conocer o a entender fácilmente que existen otras formas para relacionarse y tener una vida de familia, de pareja o en sociedad.Al ver que sus padres cobran por alquilarlos, podrían malinterpretar cuestiones de valores como por ejemplo lo que es amor, comienzan a pensar que están a la venta y que tienen que hacer cosas para ganarse ese amor”.

Otro impacto peligroso es que los niños se acostumbran desde pequeños al dinero fácil. “Algunas veces recogí niños utilizados en este sucio negocio, que no querían estudiar ni buscar un trabajo honesto porque ganaban dinero fácil en la calle”, afirma Esther Lucía.

El caso de Steven

Steven tiene seis años y hace dos trabaja en las calles. No lo hace por gusto ni porque no tenga donde vivir, lo hace porque su mamá conoció personas que prometieron cuidarlo y alimentarlo mientras ella trabaja y además pagarle, a cambio de que Steven los acompañe a pedir unas cuantas monedas al día.

Durante estos dos años en las calles, Steven ha aprendido a desenvolverse en los semáforos, sabe calcular el tiempo que dura la luz roja encendida y cómo acercarse a las ventanillas de los carros para lograr una mayor propina. Ha aprendido a no sonreír ni jugar, antes era un niño alegre y juguetón que se entretenía con todo y que disfrutaba cada momento. Sin embargo, cada vez que sonreía o corría por las calles recibía un golpe. En este oficio no se permite sonreír.

Steven se acostumbró a los golpes, a los maltratos, a ver cómo le arrancan de las manos los juguetes que le regalan, a no comer, porque a pesar de la promesa a su madre, quienes lo explotan sólo le brindan una pequeña comida en el día. Steven sabe que no hay nada que hacer, aunque no comprende porqué su mamá lo deja todos los días con personas malas que lo obligan a hacer lo que no quiere, sabe que ella tampoco lo puede cuidar y además, necesitan el dinero. Steven ha perdido la esperanza y ha endurecido su corazón debido al maltrato y a la frialdad de las calles. A Steven y a su mamá nadie les ha contado que existe un Dios que los ama.

Como el caso de Steven existen muchos másde niños que son alquilados por sus padres, que los dejan a cuidar bajo la promesa de que estarán bien alimentados y protegidos y que sin embargo son sometidos a terribles maltratos. Niños que simplemente son alquilados porque “por los niños pagan bien”. Es el caso de muchos bebés que no pueden estar bajo el cuidado de sus madres trabajadoras y que caen en manos de explotadores que además de someterlos a terribles jornadas, también mezclan en los teteros sustanciasparadormirlos largas horas, y que no generen mayores molestias.

¿Cómo solucionar esta problemática?

“Cada vez más jóvenes y adolescentes son vulnerables al tráfico y la explotación en la región. Podemos reducir el riesgo al que están expuestos si les proporcionamos la educación y las herramientas necesarias para que se protejan”, afirmó María Cristina Perceval, Directora Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe.

Según comenta Perceval y otros expertos, la solución  al problema no sólo del trabajo infantil, sino de la trata y alquiler de niños, es un tema de fondo que implica una mayor equidad social, donde los niños tengan un colegio al que asistir y los padres un trabajo que les brinde los recursos para sobrevivir dignamente sin necesidad de abusar de los pequeños.

Lo que ocurre, según Manuel Manrique, de Unicef en Colombia y Venezuela: “El trabajo infantil es aceptado, las personas lo toleran. Hoy, en el trabajo doméstico hay más de 325.000 personas, de las cuales el 95% son niñas”. Y mientras el trabajo infantil sea común y aceptado, la explotación de estos niños aún en términos de mendicidad no cesará.

Pero, aunque la Biblia dice Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda. Mateo 5:42, no se refiere a dar limosna o comprar dulces a los niños en los semáforos, sino a ser bondadoso y dar con sabiduría. “Muchos de nosotros, ciudadanos honestos y generosos, sostenemos la miseria de nuestros países a través del engaño de dar limosnas en la calle, una manera fácil de tapar nuestro pecado y aplacar la voz de nuestra conciencia. Comprar cosas en la calle a niños aparentemente desamparados es financiar las mafias de la mendicidad. Por eso en nuestra iglesia la gente que da el dinero de su diezmo, sabe de antemano que el 15% se destinará a las obras de misericordia, de esta manera no es necesario sentirse culpable por no entregar monedas en los semáforos callejeros a niños, ancianos y minusválidos que solo son señuelos de bandidos organizados en mafias”, concluye Esther Lucía en el capítulo La mafia de la mendicidad de su libro Los tesoros que Dios me dio.

Si se sigue dando dinero a los niños en la calle, la explotación nunca va a terminar, porque quienes inducen a los niños a la mendicidad siguen recibiendo ese dinero. Si usted quiere destinar una parte de sus ingresos para dar, es mejor apoyar fundaciones que precisamente se encarguen de restaurar a estos niños o a muchas otras causas que pueden ayudar a personas necesitadas, no solo de dinero, sino de Dios.

Para comenzar puede brindarle a los niños, en vez de monedas, unas galletas o un pan. Es algo que no les pueden quitar y ellos disfrutarán. Además, una palabra de aliento que les indique que Dios los ama. Recuerde que usted también puede contribuir a que esta explotación termine.

Foto: Unicef

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