Ester

Mamá traductora de sentimientos

La mujer que te dio la vida es la persona que mejor conoce tus sentimientos, te entiende con una mirada, te consuela con una caricia, te guía y te protege con sabias palabras. Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor. Proverbios 31:26.

Mi mamá es de las personas más intuitivas y brillantes que he conocido. Soluciona mil problemas, tiene a muchas personas a quien ayudar y aun así me comprende cuando mi cabeza está hecha un lío. En aquellos momentos en que no sé qué me pasa, en que no quiero hablar con nadie, cuando el silencio es mi mejor compañía, ella sabe comunicarse conmigo sin necesidad de decirle una palabra. Aunque en ocasiones quisiera que no me conociera tanto, sé que necesito de su sabiduría para entender la vida y aprender a conocerme mucho mejor.

Un vínculo irrompible

La primera relación emocional más importante del ser humano es la que tiene con su madre. Es un vínculo perdurable que se produce desde el instante en que nacemos, pues las madres van desarrollando una conexión con sus hijos a nivel emocional y celular.

La vinculación entre mujeres e hijos no solo se limita a las hormonas del embarazo ni al período posparto, sino que requiere de relaciones afectivas y sensoriales durante toda la crianza.

Los científicos del Instituto Semel de Neurociencias y Comportamiento Humano de la Universidad de Los Ángeles revelaron que el responsable del apego entre una madre y su hijo es la amígdala, un núcleo del lóbulo temporal del cerebro que procesa la memoria y las reacciones emocionales. Este apego es definido por psicólogos como John Bowlby, Ainsworth y Rakecki, como “una estrecha relación emocional entre dos personas, caracterizadas por el afecto mutuo y el deseo de mantener la proximidad”. De esta forma, la comunicación no verbal empieza a desarrollarse gracias a esas interacciones recíprocas físicas y emocionales que van evolucionando a través de los años.

Sensibilidad materna

Cuando el apego emocional crece, el vínculo se hace más fuerte y permite que muchas madres puedan traducir lo que su hijo siente. Todo esto viene acompañado de la necesidad de protección y el deseo de satisfacer las necesidades emocionales y físicas del hijo, que tienen prioridad sobre las propias necesidades de la madre.

La psicóloga estadounidense, Mary Ainsworth, llama “sensibilidad materna” a la capacidad de las madres de comprender las emociones de su hijo, identificar sus experiencias, advertir sus señales, interpretarlas y responderlas adecuadamente.

Como, por ejemplo, cuando un niño llega del colegio sin ganas de hablar, come sin ganas y está en el cuarto aislado y retraído. La madre puede percibir su estado de ánimo sin necesidad de establecer una conversación, pues ha deducido que ha tenido algún percance en la escuela.

Por lo tanto, se acerca, lo abraza, y le da el tiempo para que él pueda abrir su corazón y contarle lo que ha sucedido. Así, ella ha conocido sus emociones, sus pensamientos y el porqué está actuando así, y le brinda algunos consejos para que se sienta mejor y pueda ir al colegio más animado.

Esa sensibilidad es lo que permite que las madres puedan traducir los sentimientos de sus hijos y tener una comunicación más efectiva, sobre todo en la adolescencia, cuando las emociones suelen ser más complejas de analizar. El amor de madre puede superarlo todo, pues Dios la ha dotado de este tipo de dones para abrazar y cuidar de sus criaturas.

Sara y su hijo Isaac

Las palabras muchas veces no dicen lo suficiente frente a cómo nos sentimos, por eso el vínculo de amor y confianza deben prevalecer para poder identificar las situaciones buenas y malas que suceden fuera y dentro del hogar.

Así le sucedió a Sara con Isaac. Sara quien había añorado tanto un hijo, formó un vínculo muy fuerte con él y entendía cómo se sentía.

En Génesis 21:8-13, Sara se dio cuenta de que el hijo de Agar, la esclava, se burlaba de Isaac. A pesar de que Isaac no se quejó, fue su madre quien interpretó sus sentimientos y enfrentó la situación pidiéndole a Abraham sacar al hijo de la esclava.

“Una mirada dice más que mil palabras”

Consciente o inconscientemente el lenguaje no verbal de tu hijo está comunicándote muchas cosas. A través de las expresiones del rostro se puede leer los pensamientos y con una mirada podemos transmitir muchas emociones.

La postura del cuerpo muchas veces dice si alguien se siente cómodo, aburrido, triste, o alegre. Fíjate en estas cosas cuando tu hijo esté compartiendo contigo, con otras personas o cuando lo veas solo.

También como hijos debemos tener en cuenta que no todo el tiempo nuestras madres van a leernos la mente. Es importante que tengamos la disposición de conectarnos con ellas y mostrarles nuestro amor, apoyo y atención, así podremos escucharlas y compartir un tiempo valioso con la persona que Dios ha escogido por nuestra madre. Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar. Proverbios 1:8-9.

Por: Norma Elizabeth Pinzón – norma.pinzon@revistahyc.com

Foto: Cristian Newman – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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