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Yugo desigual entre cristianos

No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? 2 Corintios 6:14.

El texto bíblico, nos ha animado siempre a no unirnos ni en negocios, ni en noviazgo o matrimonio con personas no creyentes. Esto es claro, podemos convivir con ellos en medio de la tolerancia y el respeto, pero no podemos unirnos, pues no tenemos en común lo más importante de todo que es Dios.

Carlos Ricardo Bustos, pastor de Casa Sobre la Roca, quien dirige el ministerio de Hombres de bien en Bogotá, asegura que: “cuando aparece el concepto de creyentes e incrédulos, el  apóstol Pablo dice a la iglesia en Corinto: Cuidado, porque hay falsos profetas, pueblos paganos y si ustedes hacen yunta y se ponen de acuerdo con ellos, van hacer lo contrario a lo que nos está diciendo Dios. En el versículo 15, pregunta: ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¡Ninguna! ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo? Nada, el creyente es quien cree y obedece las cosas de Dios y el incrédulo es quien no cree en Dios, no tienen nada en común”.

Dios nos ordena ser respetuosos con los incrédulos, compartirles el evangelio, pero no llegar a unirnos en yunta con ellos. Sin embargo, cuando hablamos de “yugo desigual entre cristianos”, la referencia es otra y se parte del hecho de que ambos son creyentes, personas que aceptaron a Cristo como Señor y Salvador. No es propiamente yugo desigual, pero el término podría emplearse para explicar que la pareja no está avanzando en armonía, sino en desequilibrio, pues algunos, a pesar de ser creyentes genuinos, atraviesan diferentes momentos en su relación con Dios lo que afecta el crecimiento del matrimonio e, incluso, crea incompatibilidades que deterioran la relación.

Alex Chiang, autor peruano, quien pertenece al ministerio e625, asegura que existen diferentes clases de yugo desigual entre cristianos:

1- Diferentes grados de compromiso

Este es el más común. Ocurre cuando los dos son cristianos, pero uno es un creyente maduro y espiritual y el otro es un creyente inmaduro y carnal. Aunque ninguno de los dos es incrédulo, las diferencias en sus niveles de entrega y consagración espiritual pueden hacer que la relación se torne conflictiva y hasta peligrosa. El creyente maduro, por complacer a su pareja, puede abrirse a un decaimiento y enfriamiento espiritual.

2- Diferentes clases de espiritualidad

Supongamos que los dos son cristianos pero uno es bautista y el otro pentecostal. Puede ser que los dos sean cristianos maduros y comprometidos con el Señor. Pero sus énfasis doctrinales y formas de culto son muy diferentes. Esta relación no es prohibida por las Escrituras, pero las diferencias que existen entre los dos pueden traer tensiones y conflictos. Por eso es importante que ambos se congreguen en la misma iglesia, sea que alguno elija la del otro o que busquen una nueva para ambos.

3- Diferentes proyectos de vida

Una clase de yugo desigual que puede aparecer en las relaciones entre cristianos, sobre todo en el ámbito ministerial, es cuando la pareja tiene llamados y vocaciones incompatibles.  Por ejemplo, él quiere ser pastor y ella quiere ser misionera. Uno quiere servir a Dios en el contexto de las grandes ciudades y el otro en los contextos rurales, etc.

La pareja puede hallar puntos de encuentro donde los dos se sientan mutuamente realizados y sentir que son fi eles a la voluntad de Dios para su vida. En este punto es clave comprender que Dios no se contradice, por eso, si en oración les mostró a su pareja y su llamado, el equilibrio llegará.

4- Diferentes realidades personales

Existen otras condiciones que, a pesar de no significar un yugo desigual, pueden traer grandes problemas para la pareja, si no logran ponerse de acuerdo: gran diferencia de edades, distintos niveles educativos, condiciones socio-económicas dispares, trasfondos raciales y culturales diferentes, etc. Nuevamente, es importante consultar a Dios antes de iniciar cualquier relación, pues si esta corresponde a Su voluntad, aunque las diferencias sean grandes, si se asumen con madurez, pueden encontrar un equilibrio.

– Un proceso personal

El pastor Bustos asegura: “Cuando ya una pareja está constituida, por ejemplo, un matrimonio que en algún momento uno de los dos llega a los pies de Cristo, la opción no es disolver ese matrimonio. Pablo lo dice en 1 de Corintios 7: si en algún momento usted está casado y conoce el evangelio, la idea es que usted hable, comparta y con su testimonio, bendiga a la otra persona. Seguramente Dios obrará y hará algo en el corazón del otro, pero si eso no llega a suceder, no podemos decir que se separen. Puede ser que deba llevar esa cruz, que sería vivir en una eterna predicación.

Por otro lado, cuando hablamos de parejas que llegaron a los pies de Cristo y los dos empezaron a caminar en Cristo, debemos recordar que el crecimiento espiritual es diferente en cada uno de nosotros porque la relación de Dios es particular. El crecimiento espiritual es entregarle cada área de nuestra vida al Espíritu Santo, al control de Dios.

Es verdad que en el matrimonio son uno solo, pero sigue habiendo una individualidad en su relación con Dios y por eso pueden estar creciendo cada uno de manera diferente. Muchas veces, para uno es fácil entregar unas cosas y para otro no lo es tanto.

Cuando mi esposa Liliana y yo llegamos a los pies de Cristo, llegamos al tiempo, hicimos la declaración de fe el mismo día y los dos empezamos nuestro caminar, pero Lili comenzó como un volador y yo, lento. Por ejemplo, ella diezmaba y yo no, no juntábamos los dineros y no hacíamos muchas cosas al principio porque yo no había crecido en eso y Dios fue trabajando conmigo hasta que llegó un momento donde logré entender esos conceptos y empecé a trabajar con eso para que se volviera parte de mi vida y de mi crecimiento espiritual.

Pero como el crecimiento espiritual es individual, probablemente siempre vamos a estar diferentes, porque esa relación es personal”.

Si usted siente que su matrimonio no está funcionando por causa de la falta de equilibrio en el proceso espiritual de cada uno, analice en qué áreas de su vida usted está siendo débil.

Muchas veces, sentimos que vamos en un nivel más alto que nuestra pareja, porque nos falta humildad para identificar eso que nos falta someter a nosotros mismo, pues ninguno de los dos es perfecto. Si usted siente que alguno ha avanzado más, ponga en oración ese segundo toque que le falta al otro y en vez de juzgar, dedíquese a orar y a propiciar el crecimiento en pareja.

No permita que su relación con Dios se enfríe, ni deje de crecer espiritualmente, por el contrario, continúe orando para que, como dice la Palabra… puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa. 1 Pedro 3:1-2.

Escucha el video podcast de la Revista Hechos&Crónicas sobre este tema:

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Alicia Quan – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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