Proverbios

Levantando los brazos, ejemplo bíblico de respaldo y consuelo

La necesidad de dar ánimo y levantar los brazos de quienes nos rodean en momentos donde la crisis o la tristeza no dejan ver la luz, es una de las enseñanzas bíblicas que reafirma el amor al prójimo, el respeto a las autoridades y la importancia de brindar acompañamiento y consuelo cuando más se necesita.

Las páginas de las Sagradas Escrituras brindan diversos ejemplos donde “levantar los brazos” fue clave para obtener valiosas lecciones espirituales, bendición, crecimiento espiritual, respaldo y consuelo. En ocasiones, es necesario que quienes están alrededor “levanten” el ánimo de sus familiares, amigos, compañeros de trabajo e incluso de desconocidos para poder avanzar en proyectos, metas, sueños y en el crecimiento de la vida espiritual.

Personajes bíblicos de la talla de Jesús, Moisés y el apóstol Pablo vieron, en momentos duros de su vida y ministerio, como sus discípulos, amigos, familia y compañeros ministeriales levantaron sus brazos en instantes donde no se podía más. Veamos con más detalle algunas de estas historias bíblicas en donde el cumplimiento de estos principios bíblicos, llevó a todos los involucrados a fortalecer su amor por Dios y a estrechar la relación con su equipo.

Moisés, Aaron y Jur

Josué siguió las órdenes de Moisés y les presentó batalla a los amalecitas. Por su parte, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima de la colina. Mientras Moisés mantenía los brazos en alto, la batalla se inclinaba en favor de los israelitas; pero, cuando los bajaba, se inclinaba en favor de los amalecitas. Cuando a Moisés se le cansaron los brazos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentara en ella; luego Aarón y Jur le sostuvieron los brazos, uno el izquierdo y otro el derecho, y así Moisés pudo mantenerlos firmes hasta la puesta del sol. Fue así como Josué derrotó al ejército amalecita a filo de espada. Éxodo 17: 10 – 13.

Este es un ejemplo perfecto de respaldo al jefe y trabajo en equipo. El propósito siguiendo la voluntad de Dios era llegar a la Tierra Prometida y frente a un ataque amalecita, el pueblo de Dios se defendió. Josué, mano derecha de Moisés, estaba al mando de la parte militar mientas que se jefe estaba peleando el plano espiritual. Este último no estaba solo y momento de flaquear necesitó que sus cercanos levantaran sus brazos. Es allí donde Aarón y Jur lo pusieron sobre La Roca para que descansara y ellos se unieron a esa batalla, sosteniendo y respaldando a Moisés para ganar la batalla. Finalmente la victoria fue para el pueblo de Dios y Moisés dejo el precedente del apoyo y guía de El Señor para obtener la victoria. Moisés edificó un altar y lo llamó «El Señor es mi estandarte». Y exclamó: «¡Echa mano al estandarte del Señor! Éxodo 17:15 – 16ª.

Jesús y sus discípulos más cercanos

Pedro le dijo a Jesús:—Señor, ¡qué bueno sería que nos quedemos aquí! Si quieres, levantaré tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías. Mateo 17:4.

Los primeros versículos de Mateo 17 narran la Transfiguración de Jesús y en este momento especial de bendición, el hijo de Dios escogió a los discípulos Pedro, a Jacobo y a Juan para que lo acompañaran. Al momento de aparecer Moisés y Elías hablando con Jesús, la actitud de los discípulos no fue otra sino poner sus manos al servicio del hijo de Dios como una muestra de respeto y respaldo a las autoridades espirituales que hacían presencia frente a ellos.

Esta actitud de sumisión y servicio los llevó a tener la bendición de escuchar la voz de Dios respaldando y complacido por Jesús: Mientras estaba aún hablando, apareció una nube luminosa que los envolvió, de la cual salió una voz que dijo: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!» Mateo 17:5.

Adicionalmente, Jesús dio una muestra de amor y respaldo hacia sus discípulos al infundir fortaleza con estas palabras: Pero Jesús se acercó a ellos y los tocó.—Levántense —les dijo—. No tengan miedo. Mateo 17:7.

Pablo y Timoteo

El apóstol Pablo se encontraba “en el corredor de la muerte” del imperio Romano. Él sabía que ya estaba cerca la hora de partir de la tierra y a pesar de toda la labor misionera que había hecho por todo el imperio, en ese momento necesitaba quien levantara sus brazos para darle ánimo en sus  últimos días.

Yo, por mi parte, ya estoy a punto de ser ofrecido como un sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. 2 Timoteo 4: 6 -7.

A pesar de vivir estos duros momentos, el apóstol da gracias a Dios por la vida de Timoteo al recordarlo con alegría y bendiciéndolo por su labor con el Evangelio y con él. Al recordarte de día y de noche en mis oraciones, siempre doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia limpia como lo hicieron mis antepasados. Y, al acordarme de tus lágrimas, anhelo verte para llenarme de alegría señala 2 Timoteo 1: 3 –4.

Más adelante y en las instrucciones personales que le da a Timoteo, el apóstol desnuda su corazón frente a la soledad y la necesidad de tener cerca a su amigo y discípulo para levantarlo: Haz todo lo posible por venir a verme cuanto antes, pues Demas, por amor a este mundo, me ha abandonado y se ha ido a Tesalónica. Crescente se ha ido a Galacia y Tito a Dalmacia. Solo Lucas está conmigo. Recoge a Marcos y tráelo contigo, porque me es de ayuda en mi ministerio. 2 Timoteo 4: 9 – 13.

La lealtad y servicio de Timoteo lo llevó a obtener palabras de bendición, ánimo, respaldo y fortaleza del apóstol Pablo en sus días finales. En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. 2 Timoteo 4: 1 – 2.

Por: David Bernal – david.bernal@revistahyc.com

Foto: Sam Balye – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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