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¿Quién determina tu valor?

El ser humano es valioso porque es obra de Dios. Ya con esto debe ser suficiente para que te ames y te aceptes. El Dios infinito, sin principio ni fin, el Dios de amor, el Dios perfecto, decidió crearnos a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27).

Somos hechos a su imagen. Cuando te miras al espejo, estás viendo la imagen de Dios, y también puedes verla en los demás, aun cuando según tu gusto no te parezcan tan atractivos o aun cuando su pecado estropee en ellos la imagen perfecta de Dios.

Cuatro consejos prácticos para construir una autoestima sana:

1. Dale más importancia al alma y el corazón, que el físico

El primer paso es empaparnos de lo que las Escrituras dicen acerca de quiénes somos. Hay un sin fin de versículos en los que hablan del valor que tenemos. También hacerles ver a otros lo especiales que son, y a apreciar ese brillo increíble que Dios ha depositado en cada uno de ellos.

Muchas de las veces solo nos enfocamos en nuestra apariencia, en si nos vemos bien, en qué ropa usar, en cuidar que estemos en el peso ideal, en cuidar nuestro rostro, etc., pero realmente se nos olvida que lo importante está en el corazón y en el alma; olvidamos que Dios mira nuestro corazón y no nuestra apariencia.

Cuando el alma y corazón se encuentren sanos y alegres, todo se verá bien. Proverbios 15:13 dice: El corazón alegre hermosea el rostro. (1 Samuel 16:7).

2. Valórate tal y como eres

Hoy en día las redes sociales son unas de las armas que nos golpean y tiran abajo en nuestra autoestima, pues muchas de las veces vemos famosos a los que queremos  parecernos, vemos modelos y páginas webs que se ocupan de decirnos cuáles son las medidas perfectas y las características específicas que debemos tener para poder ser perfectas y tener un cuerpo envidiable. Y la verdad es que todas esas cosas nos ciegan y nos impiden valorarnos tal y como somos. Para Dios somos perfectos, pues Él nos hizo a su semejanza y somos sus hijos. ¡No olviden que somos hijos del Rey! (Génesis 1:27).

3. Evita compararte con los demás

Este es uno de los principales problemas que tenemos. Desde que somos adolescentes comenzamos a compararnos con otros. Aunque tengamos muchas habilidades buenas y seamos increíbles para ciertas cosas, siempre habrá algo que podremos mejorar y que nos lleve a compararnos con otras personas.

Dios puso un talento para cada uno, y las cosas que hagamos y en las que seamos buenos alegran el corazón de Dios, quien ha depositado ese don en nosotros. Dios sabe en qué momento suceden las cosas, cómo deben pasar, y para qué nos creó a cada uno de nosotros. (Romanos 12:6 y 1 Corintios 7:7).

4. Ámate a ti mismo para poder amar a otros

Amarse a sí mismos no es egoísmo ni enfermizo, pues es un sentimiento fundamental. Dios es amor. Él murió en la cruz por amor a nosotros. Su amor fue demasiado y su sacrificio muy precioso como para que no lleguemos a valorarlo. Justamente por esa razón debemos amarnos y valorarnos más todavía, ya que Él dio su vida por todos nosotros.

No solo se trata del amor que derramó en esa cruz; desde antes de todo Él ya nos había pensado, ya nos había amado, Él nos formó en el vientre de nuestra madre, y nos amó desde ese momento. Aun antes de existir Él ya conocía todo lo que pasaríamos. (Salmos 139:13-16).

Por: Paulina Falcón forma parte del liderazgo de El BAR iglesia, en Monterrey, México. Estudió Ciencias de la comunicación y constantemente da conferencias a jóvenes y adolescentes para acercarlos a Jesús.

Foto: Bart LaRue – Unsplash (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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