Testimonios

Dios me sanó del cáncer

Este es el testimonio de vida de Ruby Peña, directora comercial de la revista Hechos&Crónicas, quien además es sobreviviente de cáncer, para la gloria de Dios.

“Soy una mujer viuda, madre de una hermosa adolescente, y desde hace un tiempo trabajo en esta revista. Siempre me he preocupado por mi salud y hasta hace poco me consideraba una mujer sana, ya que mis exámenes de rutina siempre salían bien.

Por diversas razones me quedé por cinco meses sin servicio de salud ni medicina prepagada. Gracias a Dios logré un auxilio por seis meses, pero ese tiempo sin servicio médico fue determinante.

Un día en la oficina sentí un dolor muy fuerte en la parte izquierda del abdomen… Pedí una cita prioritaria, me incapacitaron por un día y me recetaron un medicamento para el dolor. Luego de un proceso de dos meses de exámenes y ecografías apareció un quiste delicado, tuve que ir al oncólogo (en noviembre de 2013). Me hicieron una nueva ecografía de rapidez y no me examinaron bien, solicité repetirla pero el médico se negó. En marzo de 2014 tuve otra cita en el Hospital San Ignacio y vieron que todo estaba bien, que el quiste había desaparecido y que me podía ir para la casa.  Estaba feliz, pero en el fondo de mi corazón sentía que algo no estaba bien…”, cuenta Ruby Peña.

Todo por negligencia médica

Días siguientes tuvo otra cita ginecológica, la médica dijo que era extraño que le hubieran dado la salida y que dudaba de ese examen. “Cuando me lo repitieron la masa estaba grande y fea. El examen de antígeno se triplicó”, asegura.

Pasaban los días y un viaje de trabajo se acercaba. “Me fui al congreso de Coicom en Cali y estuve bien, pero el sábado 9 de agosto hacia mediodía empezaron unas picadas abdominales que me dejaban sin aliento, me hacían retorcer del dolor. Eran los ovarios. Me preocupé por lo que sentía, estaba tan mal que casi no me dejan subir al avión. Tuve que ir a Sanidad Aeroportuaria, me aplicaron un medicamento y menos mal pude regresar a Bogotá”.

Detrás de ese dolor…

Cuando Ruby llegó a Bogotá alistó sus exámenes y el 14 de agosto de 2014 fue al Hospital San José, no la querían atender a pesar de su dolor. “Insistí y no me moví del  hospital. Estuve todo el día y hasta las 9:00 pm me dejaron en observación.

Luego de muchos exámenes y de cinco días de espera le dieron el diagnóstico a mi mamá: su hija tiene un cáncer invasivo estadio IV que le comenzó en los ovarios y se extendió por varias zonas del cuerpo haciendo metástasis en el bazo y comprometiendo varios ganglios. Es difícil operar pero lo vamos a hacer. Me llevaron a la sala, estaba lista para la operación”.

Su vida corría riesgo

Luego de casi seis horas en el quirófano “salí con un tubo en el tórax por un trombo en el pulmón. La primera noche presenté hipotermia y empecé a vomitar sangre. Me pasaron a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) donde estuve 11 días. En total estuve un mes hospitalizada.

Bajé 10 kilos, me sentía mal, débil, deprimida y sin ganas de nada, pues me hicieron una incisión de arriba a abajo. Los órganos que me sacaron fueron: ovarios, útero, bazo, y algunos ganglios”.

Ahora las quimioterapias…

Luego de la cirugía, llega un tratamiento largo que requiere paciencia y mucho ánimo. Se trata de la quimioterapia que según el portal médico Medline puede utilizarse para: curar o disminuir el cáncer, evitar que éste se disemine o aliviar los síntomas que el cáncer pueda estar ocasionando.

Según el tipo y dónde se encuentre, la quimioterapia se puede administrar a través de inyecciones intramusculares o subcutáneas, en una arteria o vena (intravenosa); también se puede tomar píldoras y se pueden inyectar en el líquido que rodea la médula espinal o el cerebro.

Medline explica que estos procesos se administran en la mayoría de casos por ciclos que pueden durar días, semanas o meses.

Regularmente hay periodos de descanso para que el paciente se recupere y esté fuerte para la próxima quimioterapia. Este tratamiento consiste en que diferentes medicamentos viajan a través de la sangre por todo el cuerpo, que trae como consecuencia el daño o la destrucción de algunas células normales, como las que se encuentran en la médula ósea, en el cabello y en el revestimiento del tubo digestivo. Algunos efectos secundarios son: infecciones, cansancio, sangrado, dolor general, boca seca, inapetencia, pérdida de peso, malestar estomacal, vómitos, diarrea y pérdida de cabello.

Cuando le dijeron a Ruby que debía  hacerse este tratamiento fue duro para ella. “Esa noche lloré mucho, tenía rabia, mi familia me llamó pero no quería hablar con nadie, tenía muchos interrogantes, hasta cuestionaba a Dios pero poco a poco lo fui asimilando”.

“Me hicieron seis quimioterapias con caída de pelo, muy duras. Me sentía débil, cansada, mi memoria se veía afectada. Por la vanidad natural de las mujeres, fue duro quedarme sin pelo, pero me acostumbré y hasta llegué a disfrutar la frescura de estar calva.

Hoy puedo ver que en todo momento, e incluso en esos detalles, Dios estuvo conmigo y fue mi fortaleza. Estando en cuidados intensivos recibí estas dos promesas: Mi Dios te pedí ayuda y me sanaste. Salmo 29:2 y No he de morir, he de  vivir para proclamar las maravillas de Señor. Salmo 118:17”.

Un nuevo proceso

Cuando parecía que todo estaba por terminar y Ruby culmina el proceso de seis quimioterapias, nuevos exámenes detectan una masa de 20 cm. Los médicos convocan una junta médica en el hospital Cancerológico de Bogotá.

“Todo era incierto, pero me aferré a mis promesas. En mi casa leía la Biblia, me alimentaba de predicas, pues no podía asistir a sitios concurridos y hacía mis devocionales. Seguíamos orando sin cesar por mi sanidad en mi oficina, la iglesia, mi familia, etc”.

En abril de ese año, el Pastor Darío había anunciado la visita de un pastor Dr. Albert L., un instrumento de Dios que hace sanidad. Esther Lucía, esposa del pastor, la llamó para que pudiera recibir esa oración de sanidad. “Cuando me vio, oró y me dijo: ‘está sana, se ha ido la enfermedad’. Fue un tiempo hermoso, sentí la presencia del Espíritu Santo, cuando oraban me bañé en sudor”.

Luego vienen exámenes, que pide el Cancerológico en junta  y seguían mostrando enfermedad. Fue desconcertante. Determinan hacer cirugía muy grande y riesgosa, denominada Sugarbaker, que es una Cito reducción con quimioterapia al calor. De acuerdo con la Clínica Vida, es una cirugía en la que se retiran todos los tumores visibles y luego se aplica quimioterapia caliente en el aproximadamente a 42°C dentro del abdomen por 60 – 90 minutos para complementar la limpieza realizada por el cirujano oncólogo y tratar de eliminar el resto de células que puedan quedar y que hagan que vuelva la enfermedad.

No lo podíamos creer

Los médicos le dicen: “organice su vida en estos 10 días”. La cirugía era muy complicada. Toda intervención tiene riesgos, pero esta tenía muchos más, pues duraba aproximadamente 12 horas. Por los antecedentes que Ruby presentaba, no era muy recomendada. Así que tuvo que preparar todo por si no lograba salir con vida de sala de cirugía.

“Tuve que dejar un poder a mi mamá, preparar a mi hija, por lo que pudiera pasar. Unos días antes de la cirugía le cuento al pastor Darío y a Esther Lucía que el examen mostró enfermedad y me iban a operar el martes siguiente. Él me impuso manos y oramos”.

La internan un domingo y el lunes le hacen los exámenes de rigor previos a cirugía. “Me despido de mi familia, les pido perdón y les doy las gracias y entro al quirófano”.

El martes 9 de febrero de 2016 se realiza la segunda cirugía. “Los médicos me dicen: hay un Dios. Y yo les dije: ¡sí! En este momento oré: ‘Señor aquí estoy. Te pido que a través del Espíritu Santo me cuides. Tú eres el médico de médicos, bendice a los que estarán en el procedimiento, derrama tu sangre sobre la vida de ellos.  Señor, que se haga tu voluntad’. Estaba muy tranquila, recordaba Hebreos 10:36: Ustedes necesitan perseverar para que después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido”. 

Cuando los médicos abren el abdomen de Ruby no encuentran lo que buscaban, solo cicatrices desorganizadas e intestinos pegados. Cortan y envían lo que encuentran a patología, organizan y cierran. ¡Sorpresa! El resultado de la patología sale bien. “Dios permitió esta cirugía para organizar lo que en la anterior no se pudo”, asegura Ruby. “La honra y gloria es para Dios”.

Bendecida para bendecir

“En la clínica empezó a correr la voz de que yo era un milagro de Dios. Recuerdo que se acerca una niña que limpiaba y me preguntó. Yo, mirándola fijamente, le dije con lágrimas en los ojos: sí, Dios me sanó. Le dije que me permitiera compartirle de la Palabra”.

El tiempo que estuvo hospitalizada, Dios permitió que Ruby compartiera la palabra a otras a tres personas, compañeras de cuarto. “Fue un tiempo de batalla porque lo sentí. No dormía, se sentía un ambiente pesado, oré mucho, leía y hacía mis devocionales”.

“Ahora que puedo compartir mi testimonio, recuerdo lo que hacían los discípulos: fueron testimonios vivos, por eso debemos hacerlo. Tengo claro que Dios me tiene acá para que comparta lo que Él ha hecho en mi vida, es la mejor manera para que otros lleguen a los pies de Cristo. Creo que Dios quería que yo aprendiera por medio de esta situación a afianzar mi fe.

Durante este tiempo tuve que entregarle todo a Dios, soltar mi trabajo, mi vida entera. Comprendí que Dios el que se encarga de todo. Aprendí una vez más a entregarle ms cargas”. Entrega tu vida, tus cargas que Él se encarga de ti. Todos los días recuerdo y oro, Él es mi padre, mi esposo, mi proveedor, mi protector, mi médico, es todo”.

Fue un año de cuidarse, de muchos exámenes y controles, de incapacidad, de retomar fuerzas, de edificarse. “Comenzando el 2016, en mi casa le pedí al Señor: quiero servirte. El 27 de septiembre de ese año, diagnostican a mi primo de leucemia en la médula ósea. Lloré mucho, pero Dios me mostró que debía acompañarlo. Estuve tres meses en la clínica en las mañanas compartiéndole de la Palabra. Dios me sostuvo para no tener ninguna infección, pues mis defensas seguían bajas y me daba alabanzas, palabra, libros, etc.  Salía diariamente agotada, pero al día siguiente me llenaba de fuerzas.  Mi primo y su esposa hicieron la oración de fe y hoy son creyentes. Atravesaron muchos procesos difíciles, pero Dios me permitió ayudar a levantarlos en fe y oración. Mi primo tuvo un trasplante de médula y su proceso va muy bien. Él fue la respuesta a mi petición”.

Hoy Ruby se ve sana, alegre. Su vida es un milagro por donde se le mire y un orgullo para su hija, quien después de perder a su papá estando tan pequeña, pudo acompañar a su mamá en este duro proceso. Hoy es una adolescente comprometida y entregada completamente a Dios, que sirve cada domingo en el ministerio infantil Roca Kids.

Mi mensaje a las personas con cáncer

Si estás en una situación como la mía, ten fe. Deja todo en manos de Dios y entrégale tu enfermedad a Él. Dios no te da cargas que no puedas soportar, aunque no tengas fuerzas para levantarte, haz una oración, haz tu devocional diario, así te cueste. Él ve tu esfuerzo. Sé positivo porque esto incrementa el sistema inmunológico. Mantente ocupado y sé feliz.

Cuenta las quimios como una menos. Recuerda que con Dios se puede salir de esta y de muchas. Confieso que Dios me ha sanado y que tiene grandes cosas para mí. Él sanó mi cuerpo y también mi corazón por la pérdida de mi esposo, me limpió y me permitió abrirlo a Él. Dios ha hecho un milagro en mi vida, me ha bendecido. Me ha escogido y conoce mis pensamientos.

Dios siempre tiene un propósito  con todo lo que permite, por eso tengo estas dos promesas que quiero compartir: Sin embargo, les daré salud y los curaré; los sanaré y haré que disfruten de abundante paz y seguridad. Jeremías 33:6.

 Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado». Juan 11:4. 

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