Proverbios

¿Cómo luchar contra la desmotivación?

Enfrentamos tiempos extraños y la locura que ha traído esta pandemia ha dejado una ola de desmotivación en el mundo. Muchos sienten que ya nada vale la pena. Más allá de este contexto, la desmotivación es algo que nos afecta a todos en algún momento de nuestras vidas.

El tema está en saber superarla. De acuerdo con la consultora Plurum, ocho de cada 10 colombianos se sienten desmotivados en su trabajo. Y ni hablar del resto de actividades que realizan. Incluso el desánimo ha llegado a los hogares e iglesias.

Normalmente sentirnos desanimados o desmotivados es señal de que necesitamos un cambio. Esto no significa que debe salir corriendo a renunciar a su trabajo o pedir el divorcio si la desmotivación tocó su trabajo o matrimonio. A veces esa necesidad de un cambio podría significar que es usted quien debe cambiar. En su corazón, en sus hábitos o en su perspectiva.

No son pocos los líderes, incluso creyentes, que día a día enfrentan el desánimo y se sienten culpables por tener que pastorear a otros mientras se sienten así. No es fácil ser un motivador de otros cuando estamos profundamente desmotivados.

¿Qué hacer?

Cuando era pequeña y me ponían a hacer algo que no quería, siempre decía: “es que no tengo ganas”. Mi abuelito, tan sabio como era, solía responder: ¿Ah, no? ¡Pues haga ganas!” Sonaba gracioso para mí, pero hoy me doy cuenta de que es más en serio de lo que parece.

A veces llegamos a un punto de desánimo en el que no podemos avanzar. Seguimos haciendo las cosas de forma mecánica, pues hay algo que nos incomoda, que nos entristece o que sentimos que está fallando. Pero precisamente en “hacer ganas” está la respuesta. Esto sería algo así como animarnos a nosotros mismos. Levantarnos, lavarlos la cara y decir: “yo puedo con esto y con lo que venga”. ¿Solos? No, jamás. Separados de Cristo nada podemos hacer.

La solución a este problema de la desmotivación es comprender que nosotros somos los dueños de nuestro ánimo, quienes debemos levantarnos y tomar las riendas de lo que estamos sintiendo. Comprender que en Dios está nuestra fe, pero la fe también se manifiesta en las obras y quedarnos llorando el desánimo no crecerá nuestra fe.

Una frase del pastor Andrés Spyker, de la iglesia Más Vida en México, asegura “La fe te dice qué creer, pero el ánimo te da la fuerza para practicar lo que crees”.

Las circunstancias no siempre serán óptimas, ni las personas a nuestro alrededor tendrán siempre la mejor actitud, pero de nosotros (y no de ellos), depende nuestra tranquilidad y el equilibrio en nuestro estado de ánimo.

Al revisar el Salmo 42:5-6 (NTV), el salmista se cuestiona sobre su desánimo, pero también brinda la solución para salir de ese estado de desaliento: ¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios! Ahora estoy profundamente desalentado, pero me acordaré de ti, aun desde el lejano monte Hermón, donde nace el Jordán, desde la tierra del monte Mizar.

Los hijos de Dios tenemos un llamado: salir a compartir la esperanza que hay en Dios a quienes ya no tienen esperanza. Si nosotros actuamos como si no tuviéramos paz, ¿qué podremos compartir? Todo está muy bien, pondremos nuestra esperanza en Dios… somos sus hijos, creemos en Él, pero precisamente por eso nos sentimos tan culpables cuando la desmotivación toca a nuestra puerta.

Y eso es peor, porque nuestro desánimo crece por causa de ese sentimiento. Lo cual es bastante injusto con nosotros mismos, pues como se ha dicho antes, sentirnos desmotivados es completamente normal en algunos momentos de nuestras vidas.

La desmotivación es la falta de ese impulso que nos lleva a salir adelante. Es sentir que se nos acabaron las razones para continuar en ese espacio de la vida en el que el desaliento nos gana la batalla.

Podemos lidiar con ese sentimiento, de hecho, es una lucha diaria. Lo que no podemos es quedarnos ahí y permitir que el tiempo pase y el desánimo crezca. Debemos fortalecernos en Dios.

Tips para acabar con el desánimo

  1. Lo primero es buscar en Dios esa fortaleza que nos falta Orar, buscarlo, alabarlo.

Aun sin ganas, aun en el silencio. Aun si no nos brotan las palabras. Buscar Su presencia, compañía y dirección. Meditar en Su Palabra, en Sus promesas. En la respuesta que nos dio antes, en el amor que nos manifestó ayer. No vivimos hoy con la fe de ayer, pero podemos alimentarnos de ella y recordar que Su misericordia es nueva cada día.

  1. Pensar en positivo también nos ayudará a salir de ese oscuro hueco

Esto implica someter ante la Cruz de Cristo todo pensamiento negativo que llegue a nuestra mente. Todo pensamiento que nos quiera arrastrar hacia el desánimo debe ser reemplazado por un pensamiento que nos permita pararnos firmes en la identidad que tenemos en Cristo. ¿Quién puede sentirse mal cuando reafirma lo que Dios dice de él?

  1. Una pausa para descansar

No se trata de irse a dormir, incluso con eso hay que tener cuidado porque querer dormir demasiado es un síntoma de que nuestro desánimo puede estarse convirtiendo en una depresión. Se trata de hacer una pausa, levantarse y buscar otra cosa para hacer. Un hobby tal vez, algo que nos guste y nos distraiga. Ojo, no se trata de que salga corriendo de su oficia por irse a pintar o patinar, sino que pueda encontrar el tiempo en el día para hacer eso que tanto le gusta.

  1. Ejercítese

En esta época podemos ver a muchas personas adictas al ejercicio o rindiéndole culto al cuerpo a través de él y ese es otro extremo que vale la pena desterrar. Sin embargo, ejercitarse regularmente es una excelente clave para recuperar el norte. Es una especie de terapia que nos permite “quemar” las emociones negativas y renueva nuestras fuerzas, no solo las físicas.

  1. Encuentre un propósito

Cuando comenzamos un proyecto que nos apasiona, no nos importa no dormir o dejar todo de lado por enfocarnos en él. Podemos pasar horas creyendo que son minutos, concentrados en eso que tanto nos gusta. Cuando llegamos a ese punto de desánimo en el que se nos acabó la gasolina, necesitamos re- tanquear para recibir de nuevo el impulso. Hay que recordar cuál es el propósito de lo que hacemos, qué nos motivó inicialmente y cómo podemos re enamorarnos de esto que hoy no nos causa ninguna alegría. Hay que pedirle revelación al Espíritu Santo si es que no lo reconocemos y si definitivamente no hay ninguno, tal vez sea momento de salir de nuestra zona de confort.

  1. Comenzar por lo que domino y me divierte

Cuando nos sentimos embotados con una labor en especial, tal vez sea momento de cambiar de táctica y dejar de lado lo que nos desmotiva. Esto aplica para el trabajo, para el liderazgo, para el estudio, para el servicio, en fin, aplica para todo. Se trata de buscar esa actividad que disfrutamos (y que implica hacer algo, no sirve ver televisión, pues no estamos haciendo nada). Al desarrollar esa actividad que conocemos, en la que somos buenos y que además disfrutamos, recuperaremos la alegría y será más fácil comenzar de cero con esa otra que nos tiene apachurrados. Recordemos que la clave está en sabernos “automotivar”.

No siempre vamos a tener ganas de seguir adelante, pero no podemos olvidar que la clave la tenemos nosotros mismos. Dios ya nos dio las fuerzas, Él prometió renovarlas, solo tenemos que apropiarnos de Sus promesas y levantarnos para la batalla.

Foto: Noah Silliman – Unsplash

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