Hechos

Misericordia, más viva que nunca

Los últimos meses han traído cambios muy drásticos en el estilo de vida de todos nosotros, algunos para bien, otros para mal. Esto nos hizo reflexionar sobre la importancia de mucha gente que siempre creímos que estarían ahí, de la labor que prestan en las personas menos favorecidas y ayudarlos a vivir estos días oscuros agarrados todos de las manos, ayudándonos. Nos pusimos en los zapatos de los demás.

La necesidad de un aislamiento social para controlar el covid-19 dejo a la vista las necesidades de muchas personas y entre ellas, las que no tienen cómo sostenerse porque trabajan en el día a día, otras porque no tienen un empleo y otras miles están buscando qué comer quedando entre el contagio o el hambre.

La misericordia de muchos colombianos salió a relucir. Desde el primer mandatario hasta los que se preocuparon por la alimentación de cientos de perros que viven en la calle, muchos colombianos hicieron gala de su amabilidad, misericordia y amor por el prójimo, tendiéndole la mano a alguien que no tiene y ayudar en medio de la crisis.

¿Qué los motivó? ¿Cuál es objetivo detrás de ayudar? Tomar la foto para las redes sociales, tener una historia solidaria para contar, ¿una real disposición al bien o el simple hecho de dar algo porque me lo pidieron? Hechos&Crónicas le comparte algunas reflexiones bíblicas este tema algunos desde las parábolas de Jesús y otros desde el ministerio ejercido por los apóstoles:

El segundo mandamiento más grande

—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”—le respondió Jesús—. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. Mateo 22: 37-40.

El mismo hijo de Dios lo dijo: el amor al prójimo es lo más importante después del amor de Dios. Amar como me amo, de por sí, es un condicional para hacer el bien con quienes me rodean y más cuando al hacerlo se vive una situación difícil. Jesucristo lo demostró con el ejemplo.

Los libros de los Evangelios están repletos de descripciones de cómo Jesús amó a los otros como a sí mismo. La prostituta del pozo, la persona enferma que tocó su manto en busca de sanación, el centurión imperial que pedía por misericordia para su hija, el apóstol Pedro cuando se ahoga en el mar, y su mayor muestra de amor, cuando murió en la Cruz por todos los pecados de la humanidad.

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3:16.

Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda

Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Mateo 6:3-4.

Ayudar siempre estará bien hágase en el momento que se haga pero se debe tener cuidado con la motivación real que impulsa a realizar estos actos de misericordia, tal lo advierte el mismo Jesús: Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actúan así, su Padre que está en el cielo no les dará ninguna recompensa. »Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje. Les aseguro que ellos ya han recibido toda su recompensa. Mateo 6: 1-3.

El buen samaritano

Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó  sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva. Lucas 10: 33-35.

Esta es la famosa parábola sobre el buen samaritano que convirtió esta expresión en un sinónimo de ayuda sin esperar nada a cambio y dándolo todo de sí por los demás, incluso por una persona totalmente desconocida.

Contrario al anterior punto, la persona en esta historia se incomodó y se metió la “mano al dril” para ayudar a aquella persona que lo necesitaba: lo montó en su cabalgadura, cuidó y pagó su manutención.  Antes de encontrar al herido, por el camino donde este estaba, ya habían pasado por su lado un sacerdote y un levita y ambos se hicieron los de la vista gorda para no ayudar.

El samaritano, la última persona en pasar por el camino. Era alguien del común que estaba haciendo un viaje y que a nivel cultural era considerado “enemigo” del herido, a pesar de esto, fue el único que se detuvo a ayudar y lo hizo muy bien. ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? —El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. —Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús. Lucas 10:36 – 37.

La Biblia habla de la misericordia desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Veamos otras enseñanzas de la Palabra de Dios sobre la misericordia y la compasión hacia el prójimo y quienes más lo necesitan.

Sean bondadosos y compasivos

Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo. Efesios 4:32.

Ayudar a los demás es tan relevante para Dios que las Sagradas Escrituras la ubican al mismo nivel del perdón que Dios concede por los pecados. El apóstol Pablo, escritor de este libro, fue beneficiario de diversas muestras de compasión y ayuda durante su tiempo de persecución y crisis, lo que le ayudó no solo a pasar por los inconvenientes que estaba atravesando sino que también le dio grandes enseñanzas para su vida y ministerio.

Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Filipenses 4:13.

Ser compasivo es una orden

En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición. 1 Pedro 3: 8 – 9.

Ser compasivo y humilde, más claro no puede estar. Esto hace parte de la vida cristiana fundamental para que día a día se agrade a Dios con nuestras acciones pero bajo las motivaciones correctas, no para ufanarse de ayudar. Por algo el apóstol señala “compasivo y humilde”. Es necesario ponernos en los zapatos del otro sin preguntar la talla.

Foto: Claudio Schwarz – Unsplash

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