Lucas MD

¿Opción o crimen?

¿Abortar o no abortar? Esa es la pregunta que muchas mujeres se hacen a diario en diferentes partes del mundo.

Hechos&Crónicas realizó un especial en el que usted podrá ponerse en los zapatos tanto de una mujer que aborta, como del médico que lo practica. ¿Sabe cómo se realiza un aborto? ¿Sabe qué siente una mujer cuando se realiza uno? ¿Qué razones existen para no abortar? Aquí se lo contamos.

Según estadísticas del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), los embarazos que terminan en aborto corresponden al 16,0% de las causas de muerte materna. En un estudio sobre la Incidencia del Aborto Inducido en Colombia, 22,9% de todas las mujeres encuestadas entre 15 y 55 años declaró haber tenido por lo menos un aborto inducido y afirman que aunque el riesgo de este es alto para todos los grupos de edad, “una joven de menos de 19 años que esté en embarazo, tiene el doble de riesgo de aborto que una mujer mayor de 40”. Esto se vive a diario en las calles de Bogotá

-Mamá, tienes menos de cuatro semanas. El bebé está pequeño, súper pequeño. ¿Qué tipo de aborto quieres? Hay pastillas o legrado. Yo preferiría que te hicieras legrado, la ventaja es que te saco todo el embarazo y te dejo 100% limpia. Tiene un costo de $300.000 pesos. El aborto solo dura cinco minutos y recuperarse, otros cinco.

Es decir, 10 minuticos… Claudia aceptó abortar porque no quería tener a su bebé. Después del procedimiento visitó a su ginecóloga, quien le dijo que había quedado estaba estéril. “Tuve hemorragias, perforaciones, infecciones, durante el aborto el bebé se movía mucho, tal vez luchaba por su vida… Me sentí horrible… ¡Mandé matar a mi bebé, y a una parte de mí!”. La historia de Sandra con 21 años recién cumplidos y una carrera que iba a la mitad, se había convertido en la hija perfecta, la más juiciosa y el orgullo de la familia Rincón. Mateo estaba muy enamorado de ella, llevaban casi seis años de noviazgo y querían casarse algún día y tener hijos; pero antes debían acabar la universidad. Un día, Sandra se da cuenta que está embarazada, todo por una “prueba de amor” y pasaron por alto sus límites de pureza… eso que habían aprendido desde pequeños en la iglesia a la que asistían.

“¡Mi mamá me había advertido que el día en que quedara embarazada, me echaría de la casa. Siempre me decía que no me quedara sola con mi novio y que recordara siempre que Dios ve todo lo que hacemos a escondidas! Estaba asustada, mi mamá tenía razón. La defraudé.

Antes de contarle a mi novio que estaba esperando un hijo suyo, recordé que él quería casarse conmigo y tener hijos. Eso me tranquilizó, sabía que iba a recibir su apoyo con la noticia. Sin embargo, no pasó. Cuando le dije llorando que íbamos a ser papás, su respuesta fue un NO rotundo, no quería a ese bebé que se estaba formando dentro de mí”, recuerda.

Ante el desespero, Sandra buscó otra salida y visitó varias clínicas en Teusaquillo donde practican abortos, su dinero no alcanzaba para pagar el procedimiento. Seguía buscando… Al otro día compró por internet cuatro pastillas abortivas por $80.000 y las recogió por los lados de Chapinero donde le dieron un paquete con las instrucciones.

Esa noche Sandra entró al baño y se tomó dos pastillas, las otras dos, las introdujo al fondo de su vagina y se fue a dormir. “Pasaron unas horas y empezó un dolor asqueroso, me dolía la espalda, el vientre, eran unos cólicos insoportables, me agarraba de mi almohada, daba vueltas y sudaba mucho. Iba al baño todo el tiempo, sangraba terrible y ni modos de contarle a mi mamá. Me sentía morir, lloraba en silencio en medio de la soledad”, cuenta a H&C.

Al otro día Sandra se levantó pálida, los cólicos seguían. A pesar de esto, se fue “normal” a estudiar. “Pasó una semana así, no sabía si el bebé seguía dentro de mí, le dije a mi mejor amiga que me acompañara al médico porque tenía mucho dolor abdominal. Obviamente ella no sabía nada”.

Cuando llegó, la ingresaron a urgencias, le diagnosticaron una amenaza de aborto. Entró en pánico porque al parecer aun tenía su bebé adentro. Cuando la examinaron, le realizaron una ecografía transvaginal que mostraba algo en su vientre. “Me formularon más pastillas de esas y me negué a tomarlas, no quería más dolor ni hemorragia. Dejé así…”.

Pasaron casi dos meses y seguía sangrando. “Abortar es un proceso largo, te enferma física y emocionalmente. Mi vida se arruinó: dejé la universidad, mi mamá me echó de la casa, mi novio me dejó, quedé enferma, débil y con mucha anemia… Además todo el tiempo recuerdo esto, a veces siento que enloquezco, no dejo de pensar en esos pedazos de feto que expulsé, en ese bebé que tal vez me iba a hacer la mujer más feliz del mundo y que maté con pastillas… Me convertí en otra de esas mujeres que abortan y que no saben todo lo que van a sufrir, disque porque el aborto es un derecho. ¡Mujer!, ¡el aborto es horrible, yo lo viví, y me duele el alma. Todos los días pido perdón a Dios por esto”, concluye Sandra.

Por: Jennifer Barreto – jennifer.barreto@revistahyc.com

Foto: Jin Qin (Onlyyouqj) –  Freepik

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