Editorial

Dios es amor

Cuando en in illo tempore el apóstol Juan dijo Dios es amor (1 Juan 4:8), estaba ensayando ante el pequeño mundo de entonces lo que parecía ser la verdadera-verdad que perduraría per saecula saeculorum: Desde entonces no todo amor es Dios, pues la palabra amor se ha menospreciado y malgastado y de lado han quedado los amores puros y nobles que vienen del Padre. Un tipo de amor puro es el que se da entre los amigos. Personas que más que conocidos, se convierten en allegados y comparten sus asuntos. Eso sí, con respeto, porque la amistad sencilla es eso, enterarnos de lo que ocurre con nuestros amigos, sin invadirlos ni molestarlos. La amistad es conocerlos sin inmiscuirnos.

Cuando arribamos a la amistad con alguien, no buscamos que nos incumba en los asuntos del anterior o nuevo amigo pues la amistad, a diferencia del eros, no es inquisitiva. Cuando llega, lo hace libre de cuestiones anteriores.

Alguien otrora sostuvo que cada amistad tiene un valor práctico para la comunidad. Cuando alguien se convierte en nuestro amigo no llega para sanar ninguna herida anterior sino para abrir nuevas latitudes. A pesar de esto, en muchos casos la amistad resulta sanadora.

En el primer escaño de la vida de cada quien, en sus plataformas de amistad, la más importante es la de Él, Bienaventurado, Omnipotente, Soberano y Creador. A diferencia de muchas vanas amistades en la Tierra, con Dios no necesitamos ningún tipo de riqueza como pasaporte al Reino de los Cielos. No. Nunca nos acercamos ni de lejos a la posesión de esos dones. En cambio, comenzamos a crear nuestra relación con el Señor, como con un amigo. Hablando con Él cada mañana, presentándole nuestros asuntos a los que Él entra con respeto, pues no se inmiscuye en lo que no lo llamamos, pero se encarga de lo que somos capaces de entregarle, porque Dios llega a nosotros cuando es Él a quien nosotros abrimos nuestras puertas.

Lo dicho por Juan, Dios es amor, quedó contrapuesto durante siglos en las mentes de cualquier autor moderno que convirtió en dios (con d así, minúscula) el amor sensual y el amor a la patria y se olvidó por completo del verdadero amor, el que viene de Dios. En cambio, Dios es amor, una verdad tan verdadera que podría significar para nosotros lo contrario: todo amor es Dios. El amor verdadero, al que se refiere Pablo en la primera carta a los Corintios.

Pero para conocer el amor verdadero debemos comenzar por esa sincera amistad con el Creador, aquel que nos amó primero y entregó a Su hijo para darnos salvación. Solo esa amistad será sanadora y reveladora, porque El amor es paciente, es bondadoso.

El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. (1 Corintios 13:4-8).

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