Testimonios

Celebrando a mamá

Las madres son ejemplo de amor, entrega y dedicación, realizan sus tareas día a día sin esperar nada a cambio. En el mes de mayo, el segundo domingo en Colombia se celebra su día, para rendirles homenaje y reconocimiento por tan titánica y desinteresada tarea.

El origen de esta celebración, viene de Grecia, de las celebraciones de primavera dedicadas a la diosa Rhea, madre de los dioses Neptuno, Júpiter y Plutón. En el siglo XVII, en Inglaterra se festejaba el “Mothering Sunday”, día en el que se hacía honores a las madres europeas. Ese día, los trabajadores y servidumbre de condición humilde, por las distancias tan grandes entre el lugar de trabajo y el hogar, podían regresar a sus casas a visitar a sus madres y no se les descontaba el día de salario.

En Estados Unidos, en 1872, Julia Ward Howe sugirió celebrar el Día de la Madre como un día dedicado a la paz. Desde ese día ella festejaba reuniones pro celebración en Boston. Ana Jarvis, tras la muerte de su madre en 1905, hace una petición escrita para que sea apoyado su proyecto de celebrar “El Día de la Madre” en el aniversario de la muerte de su progenitora, el segundo domingo de mayo. En 1914 se aprobó el proyecto y el presidente Wilson firmó la petición que lo proclamaba ese día. Otros países (aproximadamente 40) siguieron el ejemplo uniéndose a esta festividad.

Rememorando

Cuando estudiaba en el colegio, se celebraba este día con bailes, comparsas y obras de teatro. A mamá no le gustaba asistir y nunca me acompañó. Yo solía ser la niña aislada, triste y sola porque ella no estaba allí conmigo.

Aún en casa era reacia a esta celebración, argumentando que no quería que hiciéramos doble gasto pues su cumpleaños era muy cerca de esta fecha. Se sentía feliz recibiendo  una rosa, una chocolatina o un abrazo y poder estar en nuestra compañía.

Los últimos años han sido diferentes, pues se festejan alegremente y reciben con agrado todos los detalles. Al pasar el tiempo, entendí por el por qué no iba conmigo a la celebración del colegio. Hoy, en su vejez con el desarrollo del Alzheimer, poca visión y sordera, suele contarme nuevamente anécdotas de su triste infancia y juventud.

El cuidado de Dios

Quedó huérfana de mamá a los tres años. Su padre consiguió una nueva compañera, la cual no la amó ni brindó sus cuidos Su padre consiguió una nueva compañera, la cual no la amó ni brindó sus cuidos como a una hija. Paradójicamente, en su vida se cumplió de forma literal la historia de la madrastra malvada de los cuentos. Fue rechazada, aislada y despreciada. Por esta razón se tornó muy rebelde.

A los seis años fue internada en un convento, no por falta de recursos económicos, ya que el abuelo gozaba de buena posición y tenía cómo educarla dignamente y darle todas las comodidades, sino para complacer a su esposa quien quería deshacerse de ella y no cuidarla. Allí creció y este lugar se convirtió en su nuevo hogar.

Educada con dureza y fuerte autoridad, pero con grandes principios morales, creció carente de amor y comodidades. No superó su rebeldía, pues para hacerse notar, solía hacerles travesuras a algunas de las religiosas que le hacían la vida poco agradable y la despreciaban.

Esto hizo que fuera castigada constantemente con aislamiento en cuartos solitarios y sin comida.

A los 16 años tomó la decisión de retirarse del convento. Con su inocencia salió a trabajar y enfrentar el mundo, unos años después fue a sacar la partida de bautismo para un viaje al exterior y al leerla se dio cuenta de que era huérfana y la mujer que creyó su madre, no lo era. Burlada y engañada se alejó completamente de su padre de quién no quiso saber nada. A pesar de su dolor, siguió adelante, llevando una vida tranquila.

A los 22 años se casó. Siguió trabajando hasta los 75, pues no le gustaba depender económicamente de nadie. Papá no fue el esposo dedicado y amoroso que esperaba, pero vivió su matrimonio hasta la viudez soportando las infidelidades de él. Este vacío lo llenó años más adelante con el fútbol, siendo una hincha entregada y fiel, fundó una barra del equipo de la que era hincha y solía ir a todos los partidos en Bogotá y a otras ciudades.

El amor y ejemplo incomparable de una madre

Fuimos tres hermanos, dos niñas y un varón, todos prematuros de ocho, seis y siete meses respectivamente y es aquí, donde su amor incondicional y dedicado sale a flor de piel. A pesar del poco amor recibido, su corazón se desbordó en cuidados hacia nosotros y en especial por mi hermana y por mí.

Fui la bebé de seis meses. Nací en casa y fue papá quien me recibió. Uno de los recuerdos hermosos de su dedicación cuidados y que siempre llevaré en mi corazón, es el riesgo que tomó cuando fue a visitarme a la incubadora y vio que había bajado de peso considerablemente en 15 días y tenía una pierna lastimada. Se enojó muchísimo y me sacó de allí, haciéndose responsable de mi cuidado y afrontando las consecuencias de que sí no me dejaba allí, el centro médico no se hacía responsable de mi cuidado y si yo moría, ella sería encarcelada.

Consiguió una canasta de mimbre, la recubrió de algodón y para darme el calor que necesitaba colocaba a mi alrededor botellas de agua caliente. Cuidó su pecho y me alimentó con leche materna. Hasta los siete años estuve en tratamiento de la pierna lesionada y se dedicó a cuidarme y acompañarme hasta que quedé sana completamente.

A los 11 años, a mi hermana le dio cáncer. A pesar de su dolor y desconcierto, la llevaba cada día a las quimioterapias y radioterapias, fue un tratamiento muy doloroso y no dio el resultado esperado, pues cuando cumplió 15 quince años, falleció.

Fue uno de los momentos más duros de su vida. El pastor Dante Gebel dice: “No creo que una madre esté preparada jamás para enterrar a uno de sus hijos, y es verdad. Es un dolor indescriptible, pero jamás la escuché renegar ni quejarse de lo vivido en su infancia, juventud, ni en su matrimonio. Al contrario, goza contando sus travesuras y experiencias. ¡Qué ejemplo tan maravilloso!”

Celebrando a mamá

Con los últimos acontecimientos del virus y la emergencia sanitaria mundial, este año el Día de la Madre se celebra de forma diferente. Cada hogar se ha convertido en lugar de congregación, restaurante, sala de cine, parque de recreación, aula de clase o lugar de trabajo, donde las familias reunidas en casa sin movilizarse, de manera creativa podrán festejar este hermoso día. Que el aislamiento no sea motivo para dejar se celebrar, sino para reconocer con más fuerza el amor y el esfuerzo de nuestras madres.

Por: Hilda Cristina López Carvajal – @forjatalentos

Foto: Archivo particular.

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