Lucas MD

Mentiroso ¿Yo?

¿Usted miente para quedar bien, o para evitar la consecuencia de cosas que ha hecho y sabe que lo perjudican? Por favor responda con la verdad.

Todos mentimos, es cierto. Claro, unos más que otros, pero nadie se salva. Desde situaciones tan sencillas como las excusas, las famosas “mentiras piadosas”, negarse pasar al teléfono, o decir que estamos bien cuando en realidad estamos “en la inmunda” como se dice popularmente, van sumando puntos negativos que tal vez nos hacen “sentir conformes” por un momento, pero a la larga, en nuestro interior, sabemos que la hemos embarrado, que no está correcto y dejamos así… o sencillamente nos convertimos en un disco rayado, porque –el que peca y reza: empata-.

¿Se imagina si de verdad nos creciera la nariz cada vez que dijéramos una mentira? No me imaginaría como sería. Tal vez se convertiría en otro problema de salud pública. Mientras unos lucharían por la obesidad, otros lidiarían con sus metros de nariz que deformarían sus caras por culpa de las mentiras. Creo que cargarían todo ese tejido cartilaginoso a su espalda. ¡Qué incomodidad!

Tim Roth, en la famosa serie televisiva estadounidense Lie To Me (Miénteme), estrenada en Hipanoamérica en 2009 por el canal Fox, basada en la investigación del psicólogo Paul  Ekman sobre cómo las microexpresiones faciales se usan para detectar mentiras, asegura que “una persona dice hasta tres falacias por cada 10 minutos de conversación; y no iba muy desencaminado, dejando de lado algunas patologías. Lo cierto es que diversos estudios revelan que van desde las cuatro hasta las 200 mentiras en solo 24 horas, y que la jornada en la que más mienten las personas es en la tarde”.

Un sondeo entre 2.000 británicos publicado en el periódico británico Daily Mail, arrojó que los hombres mienten más (seis veces al día) que las mujeres (tres veces al día).

Diálogos con un mentiroso

El columnista Antonio Gómez, escribió para el Diario de Jerez de España el siguiente texto: Había una vez, dos personas que viajaban en un tren. Uno de ellos preguntó a su compañero de asiento:

-¿De dónde es usted?

-De un pueblecito que se llama Jarama del Monte, le dijo.

-Yo soy de la capital, de Madrid

-le contestó muy orgulloso- y me dedico a los negocios. Ayer hice un negocio fantástico. Le compré a una señora un aparador de caoba buenísimo y le dije que ese mueble no valía nada, por lo que me lo vendió por cuatro perras (significa muy poco dinero).

-Pero si usted sabía que era bueno, la engañó, contestó el otro un poco alarmado.

-Claro que sí, dijo él soltando una carcajada. Si le digo lo que valía no me lo vende, y pierdo la ganancia, concluyó.

-Usted no puede ganar dinero utilizando la mentira, ¿le gustaría que le hicieran eso a usted?

-Mire, en esta vida si quieres progresar tienes que ser listo, los tontos no progresan.

Debes aprovechar las ocasiones, porque si tú no lo haces otro lo hará. El compañero de asiento se quedó más que asombrado, escandalizado. Justificaba la mentira, sin el menor pudor, simplemente ¡para ganar dinero! Un poco indignado le dijo:

-¿Acaso apoderarse con mentiras del dinero de otra persona, abusando de su confianza o de su desconocimiento, no es un robo y por tanto un delito? Usted no puede justificar el engaño, aunque sea para un fin bueno para usted.

-Me parece que usted vive en otro planeta, señor, hoy día casi todo el mundo justifica la mentira para conseguir dinero o para algo que él considera bueno y si no, fíjese en algunos políticos que para conseguir el poder o para mantenerse en el poder ¿acaso no mienten? Y si ellos lo hacen, que deben ser nuestros modelos de conducta, ¿no lo podemos hacer nosotros?

Su acompañante se paró a pensar y le contestó:

-Evidentemente las personas que trabajan en la política o están en el gobierno, deben dar más ejemplo que los demás, porque tienen más responsabilidad que el resto de los ciudadanos.

Además al mentir para conseguir sus fines, pierden su credibilidad y por tanto pierden la confianza del pueblo en ellos, y esto es muy grave porque están poniendo en peligro la continuidad de la misma democracia. Pero que estas personas se comporten de esta manera tan irresponsable, no nos justifica a nosotros que hagamos lo mismo, todo lo contrario debemos denunciarlos porque son un mal ejemplo para la convivencia entre las personas, pues no sólo los políticos tienen la responsabilidad de velar por la verdad, sino también todos nosotros.

La persona que justificaba la mentira se fue preguntando ¿tendrá razón este paleto al defender que no vale todo con tal de ganar dinero o de conseguir poder…? Mi padre me decía que en sus tiempos, no había tanto engaño, que se hacía un contrato sin papeles con un solo apretón de mano y ahora…

El que no lo justificaba, se marchó diciéndose a sí mismo: Menos mal que son una minoría las personas, que como mi compañero de viaje, utilizan la mentira para conseguir sus propios intereses y afortunadamente cada vez son menos.

¿Mentiroso o Pinocho?

Luego de leer este texto nos damos cuenta que a muchos les fluye la mentira con normalidad, la hacen parte de sus vidas y son difíciles de delatar.

¿Cuándo miente qué movimientos hace? ¿Qué pasa en su cuerpo? Existen los mentirosos “corrientes” (nosotros, las personas del común); y los “mitómanos”, es decir los mentirosos patológicos, conocido como síndrome de Pinocho. A diferencia de otras adicciones como la cleptomanía, que lleva a robar compulsivamente sin buscar enriquecimiento personal; el fin de la mitomanía es deformar la realidad para contar una historia personal más llamativa.¿Es usted uno de ellos?

El doctor Juan José de la Serna en su libro “La mitomanía: descubriendo al mentiroso compulsivo”, asegura que “el adicto, aunque quiera, no puede dejar de mentir, pues se ha convertido en una parte de su forma de comportarse y relacionarse con los demás, llegando a sentirse indefenso si no adorna la verdad con mentiras que la hagan más interesante.

La situación que puede originar un comportamiento mitómano suele estar relacionada con el estrés, cuando la persona se encuentra en un momento comprometido y recurre a la mentira como una salida fácil a dicha tensión; precisamente esa liberación que va a sentir cuando salva la situación con la mentira va a ser el motivo para que se vuelva a repetir en otras ocasiones.

Aunque los familiares y amigos son los más expuestos a estas mentiras, también son los primeros que se dan cuenta de las mismas, precisamente por la convivencia con el mitómano, ya que conocen de su vida y sobre todo ven la inconsistencia de sus mentiras a lo largo del tiempo.

Cuando el beneficio buscado es únicamente el de provocar admiración en el otro, no tiene mayores consecuencias, pero si sobre esa base se fundamenta una relación, cuando la persona se dé cuenta de las mentiras va a tender a abandonar al mitómano, pues se habrá roto la confianza que se supone debe regir en toda relación.

Si una vez detectadas por los familiares y amigos las mentiras no son cortadas a tiempo, pueden reforzar al mitómano a seguir con esa actuación, al no encontrar freno a su conducta adictiva. La forma de proceder pues sería enfrentar al mitómano a la verdad, y exponerle las consecuencias de ello, especialmente sobre sus relaciones personales, concluye el experto.

Más rápido cae un mentiroso que un cojo

Los mentirosos del común (nosotros sin excepción), podemos ser descubiertos fácilmente. Sí, ¡el cuerpo nos delata! Y es que son varios movimientos que nos echan al agua. Los psicoterapeutas dicen que por ejemplo cuando una persona miente se detecta con el lenguaje verbal: suele hacer la mirada techo-suelo, no mira a los ojos; a veces, gesticula mucho o parpadea de más. En algunos casos cambia el tono de la voz, se sonroja e incluso sudan y mueven las manos o piernas. Por eso como dice el dicho: “Más rápido cae un mentiroso que un cojo”. No hay nada escondido que no esté destinado a descubrirse; tampoco hay nada oculto que no esté destinado a ser revelado. Marcos 4:22.

Mentira = pecado

Algo que aprendí desde niña es que mentira es mentira y que no hay pecados grandes ni pequeños. Cuando conocemos a Dios y lo aceptamos en nuestro corazón, debemos dar un giro de 180 grados y dar la espalda al pecado. Claro, es difícil, pero no imposible.

En el caso de la mitomanía, es necesario erradicarla y echar fuera ese espíritu de mentira que posee a la persona. El mitómano requiere un tratamiento médico y psicológico especializado. Un consejero cristiano también puede ser necesario para orientarlo espiritualmente.

“La verdad. Qué serio hablar de la verdad en un medio donde todos mienten, aunque sea para dar estadísticas sobre crecimiento económico, o cifras del costo de vida, o sobre promesas matrimoniales, impuestos, etc. Cada vez que mientes, es Satanás quien habla por tu boca, porque Jesús lo llamó ‘mentiroso y padre de  la mentira’. El Señor también dijo: La verdad os hará libres. ¿Por qué hay tantos cristianos que no experimentan la libertad espiritual? Porque todavía son esclavos de la mentira. Si fueran realmente veraces, entonces serían realmente libres”, escribe el pastor Darío Silva-Silva en su libro “Las llaves del Poder”.

Por: Jennifer Barreto – @BarretoJenn

Foto: Taras Chernus – Unsplash

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