Hechos

¿Realmente sé quién soy?

En la Biblia, encontramos el verdadero valor y significado de lo que Jesús hizo por nosotros una vez y para siempre en su muerte de cruz, en el calvario que fue el lugar donde nos entregó nuestra identidad y nuestra posición como hijos de Dios. No recibimos un plus, sino una nueva identidad y debemos vivir conforme a ella. Isaías 53:1-12.

  1. La escupida del soldado

Sanidad del alma. Mateo 27:30ª y Mateo 26:67.

Se escupe para hacer daño al alma. ¿Qué estaba haciendo el soldado que escupió a Jesús? Se sentía grande a través de empequeñecer a Cristo. ¿No hemos hecho eso nosotros también alguna vez? Tal vez nunca hemos escupido a nadie, pero hemos hablado mal o hemos hecho algo para que alguien se sienta mal. La Biblia responde a esto con una palabra: pecado.

¿Qué podemos hacer entonces? Dejar que el escupitajo del soldado simbolice la inmundicia de los corazones y aprender qué es lo que hace Jesús con esa inmundicia, la lleva a la cruz: esto es lo apasionante, es lo que nos enamora del Señor: Isaías 50:6. Mezclada con su sangre y sudor estaba la esencia de nuestro pecado. Jesús cambia el lugar por nosotros el que estaba sin pecado toma la forma de un pecador, para que nosotros pecadores pudiéramos tomar la forma de un santo. Debemos ir a la cruz y ver cómo ese escupitajo nos sanó el alma, nos dio sanidad interior.

Oración: Señor, ante ti me pregunto ¿he usado el maltrato en sus diversas formas, palabras, miradas, acciones, gestos para hacer sentir mal a otro? Si he despreciado, criticado o he hecho juicio contra alguien solo para sentirme superior o como un mecanismo de protección o de defensa, hoy reconozco mi pecado. Estoy escupiendo metafóricamente, hablando para herir. Hoy te pido perdón. Recibe mi arrepentimiento y mi vergüenza ante ti, solo tú Señor eres la medida de mi santidad, me dispongo para que me limpies la inmundicia de mi corazón con tu Santo Espíritu pues hoy sé que soportaste todo lo que te hicieron para que yo viviera en libertad y sanidad de mi alma. Amén.

  1. La corona de espinas

Consecuencia del pecado. Mateo 27:29.

Jesús no solo lava la inmundicia de nuestro pecado sino que nos da libertad de sus consecuencias a través de la corona de espinas. La respuesta de un cristiano ante la cruz no puede ser “pobrecito, qué dolor”. La respuesta es, con mucho quebrantamiento, decirle: Señor, gracias porque lo hiciste por mí, tú lo soportaste para que yo fuera libre, para que tuviera un alma sana, para que pudiera disfrutar y lo hiciste porque me amas.

En Números 33:55 y Génesis 3:17 podemos ver las consecuencias del pecado y la desobediencia. Las zarzas en la tierra son el producto del pecado en el corazón, el fruto del pecado es vergüenza, miedo, deshonra, desaliento, ansiedad, lo maravilloso de Jesús es que, cambió la corona de los cielos por una corona de espinas y lo hizo solo por amor a ustedes y a mí y por toda la humanidad.

Oración: Señor, reconozco mi pecado y a tus pies en la cruz te entrego sus consecuencias, el miedo, el desaliento, la ansiedad, la culpa, la frustración y hasta la depresión. Dame el entendimiento, la comprensión y el discernimiento para entender el propósito que había en tu corazón cuando escribiste tu Palabra. Lléname con tu Santo Espíritu para que, cuando yo la lea, la entienda, pero sobre todo para obedecerla y que la refleje en mi manera de vivir. Amén.

  1. Los clavos

Confesión de pecado. Juan 19:17-18.

Al leer Colosenses: 2:14, sabemos cuál era el propósito de clavar las manos de Cristo a ese madero: anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Los clavos de la época no eran finitos, pulidos y de buena punta como hoy en día. ¡No! Eran burdos, con turupes y sin punta, entraban a fuerza de martillo.

Hoy entendemos que entre la palma de la mano del Señor había una larga lista de todos nuestros pecados que debía estar fijada al madero de la cruz; por eso el Señor no cierra su mano. Jesús pidió a su Padre que pase de él esa copa, pero al entender el bien de su muerte, extendió su mano para que ese clavo pudiera coger la lista y soportarla con el madero, y no cerró el puño porque el propósito del clavo era poner nuestros pecados donde pudieran ser escondidos por su sacrificio y cubrirlos con su sangre.

Oración: Señor, hemos subido el calvario, nos hemos postrado a los pies de la cruz. Estamos enojados, no nos gusta la vida que tenemos, hay frustración, desilusión, auto-culpa. Tenemos un Dios serio y de ti nadie se burla. Hoy confesamos y llamamos al pecado como tú lo llamas. Hoy entiendo que en la cruz está la lista de mi pecado sostenida por tu mano herida y te confieso cada pecado con el mismo nombre como tú lo llamas y por eso, sé en mi corazón, mente y voluntad que, recibo tu perdón y tu libertad. Gracias Señor por tu gracia aceptable. Amén.

  1. La caminata

Reconciliación. 2 Corintios 5:18-19.

Jesús empieza su caminata de reconciliación con su espalda desollada, en carne viva, debido a los azotes. El azote era unas bolas de hierro burdas, supremamente pesadas, que las bolas tenían unos ganchos, que cuando el soldado la tira, además del totazo por el peso de la bola, ese gancho se ensarta en la piel y al quitarla la rasga, por eso no tenía piel y sobre ella lleva esa pesada cruz.

El concepto de esa caminata con esa cruz en su espalda en llaga es nuestra reconciliación, pues Jesús prefirió una muerte de cruz y no una eternidad sin nosotros.

Oración: Señor, no quiero tener más una relación emocional contigo, hoy declaro con mi voluntad que mis emociones no me van a volver alejar de ti. Gracias por hacer esa larga y penosa caminata solo esperando recibir todo mi corazón. Hoy te lo entrego, sin reservas y me convierto a ti, necesito reconciliarme contigo. Tú perdonaste mi pecado en la cruz y por eso a partir de ahora quedan invalidadas de mi vocabulario las palabras de soledad, tristeza por la falta de compañía, que no le intereso a nadie, ahora decido vivir conforme a tu voluntad, vivir la vida abundante, de paz y unidad al lado tuyo. Gracias también por tu perdón. Hoy me has enseñado que el perdón es cuestión de convicción. No porque lo sienta o sea capaz, ni siquiera es una petición de oración y ayuno. El perdón es una decisión de mi voluntad y debo hacerlo de todo corazón, así como tú me perdonaste, a través de tu sangre yo debo perdonar para hacer tu reconciliación, el ministerio que nos encargaste.

  1. La vestidura

Integridad de carácter. Juan 19:23-24.

Poco dice la escritura sobre la vestimenta de Jesús. La cita de Juan nos deja saber que debe haber sido la más fina posesión de Jesús, hay algo en la cultura judía que cuando un hijo salía de su casa la mamá tejía una túnica sin costuras, era solo un tejido de arriba abajo y como esa ropa era su carácter de una sola pieza, sin remiendos,.

Cuando Jesús fue clavado en la cruz le quitaron su túnica de perfección sin costura y lo cubrió una túnica diferente, la túnica de la indignidad, la indignidad del pecado, el fracaso y la desnudez, desnudo ante su mamá y sus seres amados, avergonzado ante su familia.

Él nos ofrece una túnica sin costuras, para cubrir nuestra capa hecha retazos se vistió con nuestro pecado para que nosotros pudiéramos vestirnos con su justicia, Isaías 11:5, La justicia será el cinto de sus lomos y la fidelidad el ceñidor de su cintura, nos vestimos de su justicia, fuimos justificados en la cruz.

Oración: Señor hoy reconozco también que he vivido con avaricia, orgullo, vanidad y hoy me he dado cuenta que el resultado ha sido culpa, vergüenza, complejos. Hoy decido vestirme con tu santidad, perdón y amor hoy puedo darle el significado y entender lo que tu Palabra dice en Romanos 5:5, que tu amor por todas las personas está en mi corazón, no tengo excusas para no amar. Que mi manera de vestir refleje tu santidad y alegría. Gracias por este privilegio de poder vestirme con tu justicia y amor, amén.

  1. La esponja empapada de vinagre

Entiende mi dolor. Juan 19:28.

Jesús tenía sed. Recordemos que después de beber el vino en la última cena fue traicionado, herido y humillado. Su garganta estaba seca. Marcos 15:22-24 dice: … Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero no lo tomó. El paralelo de Mateo 27:33-36, …le dieron a Jesús vino mezclado con hiel; pero, después de probarlo, se negó a beberlo. ¿Por qué Marcos dice mirra y Mateo dice hiel? No se equivocaron. Resulta que tanto la mirra como la hiel tiene propiedades sedativas y el Señor no quería estar dopado en ese momento. No quería tener alivio, quería sufrir con un solo propósito, porque él sabía que nosotros también íbamos a sufrir. Él entiende lo que lo que vivimos. Jesús soportó todo esto porque sabía que nosotros tendríamos que enfrentarnos al dolor del cuerpo y el alma. El mensaje de Cristo a través de la esponja empapada con vinagre es este: Yo soy la persona correcta, confía en mí, Jesús el único confiable.

Oración: Señor, hoy te pedimos perdón por haber estado buscando confianza, seguridad, compañía y estabilidad en personas y lugares que no fueran tú y la cruz. Hoy deposito mi confianza absoluta en ti; mi seguridad, esperanza y alegría. Rompo, por tu bendita sangre,  el engaño de Satanás de que la vida me quedó debiendo. No estoy solo. Cristo es el único confiable, que sabe lo que siento y vivo y por eso en él descanso. Amén.

  1. La lanza en el costado

Santificación progresiva Juan 19:33-34.

¿Se ha puesto a pensar qué significa la lanza que le meten en el costado a Cristo? No le parten las piernas, pero le meten la lanza y cuando lo hacen, dice la palabra que sale sangre y agua. Cristo no solo se conformó con morir por nosotros en la cruz sino que quiere seguir actuando en nosotros día tras día. Debemos reconocer y creer que el sacrificio de Jesús en la cruz lo hizo una vez y para siempre. Por él somos santificados posicionalmente, esta es, mi posición en Cristo.

Pero, ¿qué representa el agua? Nuestra santificación progresiva. Jesús nos dejó al Espíritu Santo para que obrara en nosotros y pudiéramos ser cada vez mejores, guiándonos para que pudiéramos llegar a su estatura.

Oración: Gracias Señor por tu Espíritu Santo que, si hasta hoy lo tenía a un lado, no validaba su valor por mi ignorancia. Hoy sé que cumpliendo un mandato de tu palabra que dice que tengo que ser lleno del Espíritu Santo y reclamando una promesa que si yo oro conforme a tu voluntad y en tu nombre, yo recibo llenura del Espíritu Santo. Amén.

  1. La promesa de Dios a través de las dos cruces

La elección. Juan 19:18, Deuteronomio 30:11-15.

Dios nos permite tomar nuestras propias decisiones. No hay excusa… ¿qué más podemos pedirle a Dios si dejó a su hijo morir en la cruz? Debemos obedecer, buscar Su Palabra y actuar. Porque si no actuamos, si no tomamos decisiones estamos invalidando el calvario, actuando de forma irresponsable e invalidando nuestra fe.

Dios hizo un pacto con nosotros (Deuteronomio 5:29). No con nuestros padres, para que asumamos nuestra responsabilidad, pero sí con nuestras generaciones a partir de nuestras decisiones. Esto es algo que el Señor ejemplifica muy bien en la Biblia, nosotros podemos elegir una puerta angosta o una puerta ancha, nosotros podemos decidir, construir en la Roca o en la arena, nosotros podemos decidir servir a Dios o servir a las riquezas, Dios nos permite.

Oración: Señor gracias por hacerme tomar conciencia hoy que lo que vivo es el resultado de mis decisiones. Perdóname por las veces que he culpado a otros por las consecuencias. Hoy asumo la responsabilidad de vivir con ese resultado. Hoy entiendo que en la cruz nos diste este don maravilloso de elegir porque nos amas y quieres que vivamos con libertad de lo que escogimos, solo tu amor lo entregó, solo el sacrificio fue por nosotros. Amén.

Foto: Ben Sweet – Unsplash

Share:

Leave a reply