Atril

Maduros, no es “más duros”

Los jóvenes de hoy necesitan líderes auténticos. Líderes que sepan escuchar. Líderes capacitados que utilicen recursos inteligentemente y, sobre todo, líderes maduros que sepan modelar como debe verse un cristiano más adulto que ellos.

Pero a veces, esto de la madurez representa una paradoja para los líderes juveniles. Sobre todo si queremos hacer referencia a una madurez genuina. La iglesia suele medir la madurez en edad, vestimenta, activismo religioso y digamos “seriedad,” aunque no estoy seguro si esa es la palabra adecuada.

Con lo del activismo los líderes juveniles no tienen problemas. Al contrario, la mayoría de los líderes juveniles son campeones en estar a cargo de la mitad de actividades posibles que se hacen en la iglesia. Pero las otras suelen ser un desafío. Pensemos: La mayoría de los líderes juveniles de América Latina suelen apenas distanciarse en edad de sus liderados. Eso hace que la vestimenta no difiera demasiado y por último el paradigma de líder juvenil en América latina es justamente el simpático que toca algún instrumento y puede sonreír mientras tiene el micrófono en la mano. Con estas características los líderes juveniles muchas veces son vistos como menos maduros que el resto de adultos de la iglesia.

La ecuación termina siendo más o menos así: Si la persona que lidera tiene muchos años, se viste como no después de los 80 y duda en sonreír al hablar, se sospecha automáticamente que es una persona madura. Pero si tiene no más de 30, usa jeans y zapatillas y le gusta invertir tiempo con adolescentes se sospecha automáticamente que es inmadura. Esto se ve agravado por el lamentable concepto de que el ministerio juvenil es una mera [práctica] hacia el ministerio “en serio.”

La madurez cristiana debería medirse por otros parámetros que la edad, la vestimenta y el activismo. Todos conocemos adultos con títulos eclesiásticos, canas y traje o vestido que son irresponsable con sus palabras y hechos, son necios o viven amargados.

La madurez espiritual debería medirse por el fruto del Espíritu. El apóstol Pablo le habla muy claro a los amigos de Galacia señalándoles que lo que el Espíritu Santo intenta producir en nosotros es amor, gozo, paz, paciencia, bondad, mansedumbre, perseverancia y dominio propio.

Todas esas características que nos hacen personas en crecimiento y no estancadas en ser siempre iguales. Que nadie tenga en poco tu ministerio, más bien, sé ejemplo.

Por Lucas Leys: Presidente de Editorial Vida y fundador de Especialidades Juveniles.

Foto: Pau López – www.paulopez.es

Share:

Leave a reply