Areópago

El reposo

Un profundo tema de meditación en las Sagradas Escrituras se encuentra en este breve versículo.

En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde, para comer un pan de fatigas, porque Dios concede el sueño a sus amados. Salmo 127:2. Hay tres elementos en la vida del hombre que, aun cuando existen desde siempre como carga negativa, se han agudizado en forma extraordinaria durante esta edad que ya se llama Hipermoderna.

Esos tres elementos fueron enumerados precisamente desde la antigüedad por la Biblia: El hombre se levanta de madrugada, se va tarde a reposar, y come pan de fatiga. Tanto madrugón, tanto afán durante el día sólo para vivir intranquilo y comer mal, para ser un amargado y dañar la calidad de la vida. De un modo u otro, todos somos víctimas de la agenda, del celular, del internet y, algo más, de la úlcera gástrica.

Al hombre hipermoderno, a medida que le sangra el colon, le sangra también el corazón. Somos una sociedad tan enferma que nuestra prioridad es el trabajo. A nadie le importa la familia, ni la mujer, ni los hijos, ni la recreación sana, ni los deportes, ni los placeres que vienen de la naturaleza, ni la iglesia. A todo el mundo lo único que le importa es trabajar. El trabajador se levanta de madrugada, a toda velocidad, se viste en la oscuridad para no despertar a la esposa y, por eso, combina calcetín amarillo con rojo y mete el botón en el ojal equivocado. Es laboradicto. Adicto al trabajo.

La adicción al trabajo -se ha demostrado incluso por la sicología- puede llegar a ser más destructiva, en muchos casos, que la adicción a las drogas y al alcohol. Estos tipos de hoy viven para trabajar y no trabajan para vivir. El ejecutivismo del mundo actual ha hecho del trabajo un dios. Las Escrituras nos instan a “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas”, y lo que esta gente hace es amar su trabajo con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas. La conclusión es fácil, directa y sencilla: El trabajo es su dios. No han digerido la última parte del versículo que leímos atrás: Dios concede el sueño a quienes ama.

¡Qué delicia es saber que Dios nos ama y nos permite dormir tranquilos! El creyente no tendrá sobresaltos, por levantarse a la mañana de carrera, para ganarle al ‘pico y placa’ y cosas así, sino se levantará de mañana a orar, trabajará durante el día normalmente y dormirá tranquilo por la noche. La herramienta que el Señor quiere que ahora metamos al llavero es la llave del reposo. Cualquiera pensaría que se trata de un asunto puramente sociológico. No es sociológico, es teológico; no es material, sino profundamente espiritual. Y, siendo el reino de Dios tan activo, ¿por qué hablar de descansar? Porque a mayor actividad, mayor reposo.

Foto: David Bernal – Revista Hechos&Crónicas

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