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¿Sin palabras?

Como padres, cada etapa del desarrollo, en los primeros años de vida de nuestros bebés, produce gran alegría: la primera vez que sonríen, gatean o se ponen de pie; pero, ¿qué hay de sus primeras palabras? Por lo general, damos por sentado que es una fase que empezará a ocurrir antes del año, pero no siempre es así, por ello, la mayoría de los profesionales coinciden en la importancia de identificar las señales de retraso del habla y buscar ayuda a tiempo con un equipo multidisciplinario que atienda sus necesidades.

¿Qué es el retraso del lenguaje?

Al ser abordada respecto al tema y en una entrevista exclusiva para Hechos& Crónicas, la psicopedagoga especialista en dificultades de aprendizaje y retardo mental, Patricia Herrera Pereira, explicó que, como la misma palabra lo indica, “quiere decir que los tiempos normales en los que una persona debe generar comunicación verbal, de carácter fonoarticulatorio, están fuera de los parámetros; de esta manera, por ejemplo, si un niño debe decir un número determinado de palabras a una edad promedio y no las dice, entonces se entiende que hay un retraso”.

La licenciada Herrera aclara, sin embargo, que hay que entender también que no todos los tiempos de desarrollo infantil son iguales, ya que dependen de cada niño y de la estimulación que reciba. Asimismo, si hablamos de un pequeño de al menos 5 años que no dice más de tres palabras, lógicamente hay un retraso importante.

¿Por qué mi hijo no habla?

Al pasar el año y medio o dos años, sin que haya un número de palabras coherentes y bien pronunciadas en el repertorio, es común que muchos padres experimenten inquietud por el bienestar de sus hijos. Lo que hay que entender, no obstante, es que las causas del retraso del habla pueden ser diversas y la única manera de descartar una situación de gravedad es acudiendo oportunamente con los especialistas.

“El retraso del habla puede tener una etiología netamente física, es decir, una situación médica que se presente en el aparato fonoarticulatorio, como daños o malformaciones en las cuerdas vocales, paladar hendido o hipersensibilidad oral; aunque, también puede darse con relación a una condición conocida como mutismo selectivo, la cual implica que el niño elige comunicarse solo con determinadas personas”, explicó la psicopedagoga.

La experta también señaló que hay que tener en cuenta, igualmente, el factor emocional, que puede tener una incidencia significativa en el desarrollo del lenguaje, así como otros problemas que resulta necesario descartar, como falta de estimulación, autismo, labio leporino o lengua deforme.

No hay que demorar el diagnóstico

A pesar de que se trata de un tema sumamente complejo y que amerita un estudio minucioso según las características de cada caso, pediatras, psicólogos infantiles, logopedas y psicopedagogos coinciden en que hay criterios que se han establecido para determinar un trastorno específico del lenguaje, por lo que es imprescindible descartar una serie de problemas, como deficiencia auditiva, trastorno neurológico, coeficiente intelectual, alteraciones en la memoria, el ritmo o motricidad.

De igual modo, al momento de un diagnóstico de retraso del habla es común que los profesionales se encuentren con algunas características que pueden ser observadas en esos casos, entre los que figuran una posible alteración en el orden de las sílabas, asimilación de consonantes, ausencia de grupos consonánticos y sustituciones, por ejemplo, “pistina” en lugar de “piscina”.

Acudir a terapia es la clave

“Se trabaja a través de un equipo multidisciplinario, siguiendo las recomendaciones establecidas por el especialista pertinente que, en este caso, sería un terapeuta de lenguaje; y poniendo en práctica ejercicios de estimulación. Por otro lado, la labor del psicopedagogo consiste en fortalecer las actividades recomendadas por el terapeuta, estimular, trabajar los aspectos relacionados con el habla, ofrecer oportunidades de comunicación, tanto en aula regular como en aula especial; y, desde luego, ofrecer apoyo al representante, a través de tutorías y acompañamiento emocional”.

La licenciada Herrera hace énfasis en la importancia ineludible de la participación del psicólogo en la estrategia terapéutica, ya que hay casos de niños que han sufrido maltrato, abuso o que son víctimas de violencia doméstica y que presentan retraso del lenguaje como una manera de protesta o de somatizar lo que les está ocurriendo; e incluso hay quienes adquieren el habla, pero, debido a una situación emocional, presentan un retroceso.

Palabras, hechos y oración

Un versículo en concreto de la Biblia nos invita a reflexionar acerca de la importancia de dedicar tiempo a nuestros hijos: Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará. Proverbios 22:6.

Y es que, en una sociedad tan agitada, donde imperan las responsabilidades y el agotamiento se hace presente cada día, resulta sencillo distraer a nuestros hijos con cualquier dispositivo electrónico para tener unas horas de tranquilidad. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los niños son como esponjas que todo lo absorben, por lo que cada minuto de calidad que podamos dedicarles cuenta para su desarrollo futuro. Así, de lo que sembremos hoy, cuando aún están en la fase más tierna y vulnerable para ser moldeados apropiadamente, obtendremos cosecha en el futuro.

Finalmente, respecto al modo apropiado de proceder frente a un caso de retraso del habla, la licenciada Patricia Herrera concluye que es necesario que los padres estén encima, que cumplan con los criterios de seguimiento del caso, que trabajen sobre la marcha y no dejen que el tiempo pase, además de comprender que cada quien tiene sus momentos de aprendizaje y que hay que aceptar lo que venga, en caso de que haya una condición particular.

Por: Verushcka Herrera R. // @vhrequeijo.

Foto: Ben White // Unsplash

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