Cisterna

¿Qué harías si te tragara un pez?

Hubo hace mucho tiempo un hombre al que Dios le dio una indicación, pero éste creyó que podría hacer algo distinto y no obedeció. Como si fuera un mantra, o una constante en la historia universal del Hombre, una vez más se creyó como un dios e hizo lo que quiso. Y como es de esperar, menuda situación la de Jonás: se lo tragó un gran pez.

Cuando la situación se puso oscura Jonás oró desde dentro del pez que lo tragó. Pero llegar hasta el interior del pez es como tocar fondo frente a un problema de nuestros días. Cuando nos damos cuenta que no hay nada más que hacer que rendirnos al Señor. Como si esa fuera la última opción, en lugar de haberla elegido en primer lugar.

Analicemos la oración de Jonás cuando está en el vientre del gran pez, descrita en Jonás 2: 1-9.

No hay otra opción, ¿a quién vamos a acudir sino a Dios? Y lo digo así porque a veces creemos que, al haber tomado el camino contrario por decisión personal, no merecemos acudir a Dios. Pero seamos realistas, debemos acudir a Él para salir del enredo que armamos en nuestras propias vidas. Por eso no importa cuán enredada esté tu vida o la mía, cuando llegue el momento de la angustia, acude a Dios. ¡Invócalo!

Dios nos oye siempre. Debes tener claro el punto dos de esta oración: “Tú oíste”, y “Tú escuchaste mi voz”. Así dice Jonás, esta historia nos afirma que no importa la profundidad en la que nos encontremos, desde ahí, Él oye tu voz y la mía. Hoy es el día, llámalo.

La segunda parte de esta oración nos muestra como el Señor permite que caigamos en esos angustiosos abismos para que podamos pensar desde dónde nos rescató. Y que los “¿por qué me pasa esto a mí?”, no invadan nuestra mente y ganen terreno. Entonces, nuestras oraciones cambian: Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Salmo 42.

Este es el proceso humano que nos lleva a tener sed de Dios. Así que no importa la circunstancia en que te encuentres. No importa cómo llegaste ahí, ni por qué. Lo que importa es que ahora tienes sed de Dios. Vuelve tus ojos a Él y entonces dices como Jonás: He sido expulsado de tu presencia. Pero Dios nos atrae hacia Él. No merecemos que nos mire, porque decidimos estar lejos de Él. Sin embargo, Él nos atrae con cuerdas de amor.  Por eso Jonás expresa con seguridad: ¿Cómo volveré a contemplar tu santo templo?, esa oración es, “en lo profundo de mi sé que veré tu actuar para salvarme de esta también”.

Por: Esteban Fernández. Pastor y presidente para América Latina de Bíblica Internacional Co.

Foto: Eduardo Zapata / Revista Hechos&Crónicas

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