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Dos pueden más

Ni el más prolífico filme de terror genera tanto pánico como la palabra “matrimonio”. Muchas personas son capaces de soportar escenas sanguinolentas en una película o de hacer frente a grandes retos en sus vidas, pero difícilmente aceptan el desafío de construir una vida en común; y lo peor es que, quienes deciden casarse, no siempre lo hacen por amor profundo e incondicional hacia la pareja, sino por el lujo y el boato de la ceremonia.

La tendencia general es creer que el amor es un estado transitorio y la pareja es tan desechable como la ropa interior de recambio. Muchos suelen regirse por la idea de que un hombre o una mujer se encuentra en cualquier parte, así que no hace falta poner empeño en construir algoduradero, ni hay necesidad de pensar que una relación puede ser para toda la vida. De hecho, los matrimonios “para siempre” se han convertido en una utopía, una noción de cuento de hadas que solo ilusos o idealistas se atreverían a defender, porque la realidad es que el divorcio es un comodín fácil de usar.

Amor desechable

¿Han jugado UNO? Casi todos conocemos esa famosa baraja que divierte a los niños y hace que los adultos terminen discutiendo acaloradamente, pero que, a pesar de las discrepancias respecto a una regla no del todo clara, pasen momentos inolvidables. Pues, ese juego es una analogía perfecta de lo que representa el matrimonio en la actualidad: una manera efectiva de cumplir con una etapa que puede descartarse con una carta premiada.

¿Luchar por la pareja? ¿Afrontar situaciones difíciles? ¿Para qué? Todo es cuestión de beneficios. Mientras él o ella gane buen dinero, mantenga un peso saludable y una excelente figura, provea lo necesario, satisfaga las necesidades y, sobre todo, aporte tranquilidad, todo está bien; pero, si las cosas se complican, basta con contratar los servicios de un abogado y el asunto queda más que resuelto: ¡De vuelta a la soltería!

La moda del “no acepto”

Vivimos entre millennials y no hay duda de que ellos están llevando al mundo hacia un futuro tecnológico y social; sin embargo, no todo es color de rosa. Hablamos de la generación nacida entre 1981 y el año 2000, que se caracteriza por su practicidad, su independencia y por no conformarse con los paradigmas o las presiones sociales. Para ellos, en muchos casos, el matrimonio es un requisito de ley que coarta la libertad. Así, los millennials marchan a su propio ritmo y han creado nuevas rutas hacia el modo de referirnos a la institución familiar.

Esta tendencia creciente de rechazar lo convencional, de creer firmemente que casarse es como salirse de la fiesta antes de cortar el pastel, está transformando nuestra sociedad. En los últimos 50 años, las cifras de divorcio se han duplicado, el número de enlaces matrimoniales ha disminuido significativamente y los hogares de padres solteros se han triplicado, de acuerdo con un artículo publicado en el portal W Radio.

Pero, ¿por qué? ¿Qué motiva a las personas a creer tan ciegamente que una boda es como un yunque atado al tobillo? En Scientific American, la escritora Elizabeth Landau analizó los datos disponibles y encontró que los millenials son menos propensos a casarse en sus 20s que otras generaciones; y en 2014, 64% de los jóvenes entre los 18 y los 29 años de edad seguían siendo solteros y vivían solos.

Según las cifras y los análisis de la experta, la desigualdad económica es un factor común que impele a rechazar la idea del matrimonio, pero también es cierto que los millennials son la generación mejor educada, pero peor pagada en el mercado laboral, motivo por el que muchos se sienten poco preparados para construir una familia.

Romance perdido: se ofrece recompensa

Cuando era niña, vivía inmersa en los libros de Jane Austen y las hermanas Brontë, por lo que estaba absolutamente convencida de que, a pesar de la triste realidad social, un amor de ese tipo, como el de los clásicos de la literatura, era posible.

Recuerdo haber estado perdidamente enamorada del señor Darcy, del coronel Brandon y, desde luego, ¿quién no caería rendida frente al huraño señor Rochester? Ellos eran los héroes de mis novelas y, al leer sobre sus historias de amor, me afirmaba más en la certeza de que era así como el mundo debía ser. Las personas debían amarse incondicionalmente, para siempre, con toda fuerza de la avasallante pasión humana.

¿Y por qué no habría de pensar de ese modo? Incluso la Biblia habla claramente acerca de ello: El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 1 Corintios 13: 6-7.

Un tango de Gardel

No obstante, debía vivir con la realidad de que el mundo no pensaba de la misma manera. Tíos, amigos, vecinos… Todos creían que esas ideas no eran más que romanticismos y la verdad era muy diferente. “Aprovecha tu soltería, tu juventud, porque el matrimonio es difícil”. No es que hubiera estado desesperada por prometerme con la primera persona que me resultara agradable, pero tenía opiniones muy firmes al respecto.

Yo había crecido entre mis novelas de amor, escuchando las óperas de Puccini, los boleros que le gustaban a mi padre, las letras de las baladas modernas y los tangos de Gardel; y si el ser humano había sido capaz de sentir tan profundamente como para crear obras de esa magnitud, que empujaban a enamorarse de la idea del amor, entonces, ¿por qué la mayoría de las personas estaban tan convencidas de que el matrimonio es un yugo?

Mi cuento de hadas

De esta manera, seguí viendo durante mucho tiempo que las personas a mi alrededor realmente pensaban que casarse era un impedimento para surgir, para lograr grandes cosas. Labores de cocina, una escoba y un trapeador en una linda casa era el mejor escenario que podía esperarle a una mujer, una vez que había pasado el desespero de la ternura y la pasión inicial; pero yo no estaba dispuesta a conformarme con eso ¡Siempre había soñado con lograr mucho más!

Mi propia historia de amor fue por completo diferente ¡Y vaya que se lo agradezco al Señor! Mis hábitos de ratón de biblioteca, mis ideas extrañas que se excedían por ser empalagosas y mi testarudez rindieron frutos, porque sin buscarlo, sin siquiera sospecharlo, Dios me reunió con mi amor de toda la vida, entonces descubrí que vivir un afecto tan incondicional era mucho mejor que simplemente leer respecto a él en los libros.

Para mí, él es mejor que todos los príncipes novelados de las autoras victorianas, porque sigue siendo el niño del que me enamoré. Con una vida hecha, una profesión rentable, algunas heridas en el camino y unas cuantas canas entre su abundante cabello negro, es mi príncipe azul para toda la vida. Su sonrisa de medio lado sigue haciendo que mis días se iluminen, las arruguitas que se forman en sus ojos cuando se ríe hacen que mi corazón se desboque, aun cuando ya tenemos muchos años juntos; y su espíritu positivo, cariñoso y valiente es el bastón que me ha sostenido en muchas de mis tormentas.

Crecer juntos

“No es amor el amor que se trunca cuando una alteración encuentra o que se aparta con desvíos ¡Oh, no! Es furo para siempre firme, que contempla las tempestades sin nunca estremecerse”. Soneto 116, William Shakespeare.

Con la persona correcta, el matrimonio es un oasis en medio del desierto. Ya no soy una niña y estoy más consciente de cómo funciona el mundo. Tengo cinco años de casada y un hijo. Me siento cansada por las responsabilidades, como cualquier mujer trabajadora; me aburro de la cocina y a veces desearía que inventaran una máquina para tender la ropa por sí sola; pero, sigo creyendo que el amor de verdad existe y que, cuando dos personas que se aman están juntas, crecen más, son más felices y logran cosas extraordinarias.

Y no hablo no solo de esa versión romántica y empalagosa que nos venden las telenovelas e incluso los libros que tanto me gustan, sino un amor a prueba de todo, un matrimonio dispuesto a luchar por superar las desavenencias, los momentos difíciles, las precariedades, a fin de prevalecer en la adversidad, de  florecer aun en medio de la tormenta, porque, juntos, saben que el Señor es un faro en la oscuridad y el sustento del mañana.

Dios no quería que Adán estuviera solo, así que le hizo una ayuda idónea ¡Y Él tampoco quiere que usted esté solo! Si quiere una relación bonita, luche por ella y no haga suyas esas ideas de moda que dictan que todo es transitorio. Estudie, crezca, emprenda, sea independiente, pero hágalo con la persona que ama, porque, entre dos, todo sabe mejor.

Por: Verushcka Herrera R. – Twitter: @vhrequeijo

Foto: Freepik / senivpetro

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