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Tiranía en el hogar

Preparadas, seguras de nosotras mismas, madres y profesionales de tiempo completo… Las mujeres hemos logrado empoderarnos y abarcar terrenos que antes pertenecían solo al género masculino; sin embargo, aún hay un aspecto de nuestras vidas que no está sometido a acuerdos y, a pesar de haber jurado ante Dios y de haber llegado a un conceso por escrito, está tan sujeto a variables como cabe imaginar: el matrimonio. Y es que no importa qué tan fuertes o capaces seamos, el hogar se convierte, en muchas ocasiones, en un campo de batalla, en lugar de ser un espacio de seguridad, amor y recogimiento para construir las vidas a las que el Señor nos ha destinado.

Si bien la incidencia de este problema conyugal ha mermado notablemente, de una u otra manera se repite la historia de nuestras madres y abuelas, aquella en la que se casaban por todo lo alto, solo para pasar por una transición gradual de princesas de cuento a criadas. Por lo general, inicia con una desmejora en la calidad de la comunicación y, al perderse ese vínculo romántico que es tan necesario y que debe ser una medicina constante para alimentar la relación, una persona se impone sobre la otra hasta el punto en el que solo corresponde someterse a su voluntad.

¿Parece algo antinatural y arcaico, tomando en cuenta toda la revolución femenina que se ha producido en los últimos años? Pues, sí, pero también es una realidad ineludible que lleva a muchas mujeres a pensar en divorciarse, sin desearlo realmente. Y es que nadie quiere a un tirano, a alguien que solo piensa en lo que quiere y lo que le conviene, pasando por alto los deseos y las necesidades de su pareja.

La relación no solía ser así

No, no están soñando, no se trata de un problema poco usual y ustedes no son las únicas que lo padecen; de hecho, en un artículo publicado en Psychology Today, el doctor Randi Gunther plantea que esto suele suceder por un miedo inusitado al compromiso o por exceso de rutina. Así que, de acuerdo con el especialista, si ustedes están atravesando por un período en el que parece que sus esposos se muestran irascibles por todo, enfadados, desencantados, egoístas o agobiados, es una combinación entre un trauma infantil oculto, experiencias reprimidas y una pérdida de lo que comúnmente se suele definir como la “magia de la relación”.

¿Cómo aparece? De pronto, suceden cambios inesperados en el ritmo del matrimonio, tanto a nivel social como íntimo, y demuestran que no están de acuerdo con nada de lo que ustedes dicen, todo les molesta, se encuentran incómodos con algunas de sus opiniones o actos y, por si fuera poco, niegan haber usado un tono desagradable. En pocas palabras, las locas son ustedes ¿Les resulta familiar?

¿Me estará engañando?

¡Qué recurrente es este interrogante! Suele ser común después de varios días de silencio, por falta de comunicación después de la intimidad en el lecho conyugal o en cualquier momento en el que parezca que ellos no están muy dispuestos a ser cariñosos. Vamos, a decir verdad, a algunas mujeres no nos faltan excusas para pensar que nuestros maridos nos están siendo infieles ¡Cualquier cosa que se salga de lo común puede ser una señal! Y, sin embargo, muchas veces estamos siendo exageradas.

Recuerdo que una vez le planteé esto a mi esposo, porque quería saber cuál era la causa de su ensimismamiento. Desde luego, nunca falta ese tono venenoso, como de sospecha, que a algunas caracteriza; y es que no importa a cuántos cursos matrimoniales asistamos o la cantidad de pasajes bíblicos que leamos con nuestras parejas acerca de cómo nos dice el Señor que debe ser la vida conyugal, pues una fibra honda de nuestro ser siempre estará convencida de que los hombres suelen ser propensos a la infidelidad.

La respuesta de mi marido fue que estaba pensando en qué pasaría en el próximo episodio de Dragon Ball Super, esa serie animada de origen nipón que hace que los hombres se transformen en niños muy peludos. Cuando vi la sinceridad reflejada en sus ojos y comenzó a hablarme de sus teorías, me sentí tan absurda y avergonzada de mis celos sin fundamento, pues siempre ha sido un hombre muy juicioso, que me di cuenta de que esos momentos en los que yo pensaba que estaba padeciendo tiranía, podían ser, en gran medida, mi culpa.

Ustedes tampoco eran así

¿Y qué pueden hacer? ¿Por qué ya no les regalan flores o qué hace que se mantengan malhumorados? Pues, en primer lugar, es importante que entiendan que el matrimonio evoluciona y, por ende, también cambia el modo de expresar el afecto. El amor es como la energía, que no se destruye, sino que se transforma. Así, es posible que sus esposos ya no parezcan cachorros de ojos brillantes, desesperados de pasión por ustedes, pero sí es posible que sigan profundamente enamorados, solo que ese cariño ha encontrado la calma.

Piensen, por lo tanto, en las maneras en las que ellos expresan ese amor. Puede que los hombres no pasen sus días recitando a Shakespeare, a Ovidio o a Petrarca, pero encuentran el modo de manifestar que una mujer es importante en sus vidas.

Y es que esa inquietud que ustedes sienten, ese cambio de actitud en sus maridos, puede ser producto de un comportamiento que ustedes han adoptado y del cual no se han percatado. Como explica el doctor Gunther, una vez llegados a situaciones tensas, suele pasar que una de las partes afirma que el otro es un controlador y un tirano. Las mujeres tenemos la triste tendencia a exagerar las cosas, afirmando que ellos son ogros que no entienden nada. En pocas palabras, queridas lectoras: No hay que ser cansonas.

¿Y cuándo hay que alarmarse?

Sí, puede que en muchos casos haya un problema de comunicación o de aceptación a propósito del hecho de que las relaciones evolucionan y que esto puede ser positivo.

No obstante, hay casos en los que es necesario poner un freno y, como suele decir mi madre, hay que dejar claro algo muy importante: “Papito, se acomoda o lo acomodo”.

Los colombianos no tenemos duda de que la violencia intrafamiliar es un hecho, un problema social que ha situado a Bogotá en el primer puesto de ciudades con mayor incidencia de agresiones contra la mujer en el país. De hecho, según datos emitidos por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, solo en 2017 fueron reportadas 42.592 agresiones contra mujeres en todo el territorio, y la capital eleva esta estadística con 10.240 mujeres agredidas, seguida de Medellín y Cali.

Sin embargo, la violencia también puede venir por otros medios, que no siempre implican la agresión física o sexual. Cuando un hombre desmerita los esfuerzos de su pareja, la hace sentir menos o poco valiosa, sin importar lo trabajadora que sea; cuando no demuestra empatía o felicidad, a pesar de que ustedes ponen todo el empeño en mantener la relación llena de cariño y de momentos románticos; o, en resumen, cuando están agotadas de luchar solas, es esencial que busquen ayuda, que hablen con sus esposos y no permitan que esos desacuerdos cursen en un problema mayor e irreversible.

¿Qué dice Dios?

«Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo». Efesios 5:21.

En el matrimonio no hay reyes, ni muchos menos debe haber tiranos. En el libro de Efesios, el Señor nos insta a llevar la vida conyugal de manera que la mujer se someta a su esposo, pero el hombre también debe someterse a su esposa. Y no debe haber temor de que esto ocurra, porque es una orden que Dios nos da para acoplarnos a la vida de pareja, para ser felices y tolerantes entre nosotros. Ninguno de los dos es más valioso que el otro, sino que, desde el momento en el que decidieron estar juntos, son una sola carne.

Esto significa que deben confiar el que Él guía a la otra persona dentro de su voluntad y no hay que incurrir en el miedo de que se aproveche o haga daño; pero, si esto ocurre, hay formas amables y afectuosas en la que se puede solucionar el problema, sin caer en contiendas, porque uno solo puede ser vencido, pero los dos pueden resistir ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente! Eclesiastés 4: 12. Con Dios como árbitro, todo matrimonio está bendecido ¡Y el suyo también!

Por: Verushcka Herrera R – Twitter: @vhrequeijo

Foto: Freepik – Yanalya

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