Areópago

Un cristianismo contemporáneo

La iglesia no se mueve, ciertamente, por vaivenes o modas seculares, pero no puede ser indiferente al oleaje histórico que, de todas maneras, es conducido por Dios.

Interpretar el signo de los tiempos ayudará a un encuadre de la acción cristiana dentro de la coyuntura contemporánea. La actual confusión de búsquedas que padece la sociedad humana ha afectado, y no superficialmente, al conjunto de la cristiandad, sometida también a los rápidos cambios que hunden sus orígenes en la génesis de la Edad Moderna. Intentaremos algunas consideraciones que nos ayuden a actuar hoy para gentes de hoy, proyectando nuestra acción hacia el mañana para gentes del mañana. Futurización actualista. Porque, como lo señalara dramáticamente Ignace Leep hace más de 40 años:

El cristianismo está ante una de las crisis más peligrosas de su historia, porque está surgiendo una imagen del mundo completamente nueva, imagen del mundo sin ninguna relación con la revelación cristiana.

La religión, que creó y sustentó en el pasado civilizaciones y culturas enteras, corre hoy el peligro de convertirse en un asunto absolutamente privado, pues la mayoría de los hombres que trabajan científica, económica y políticamente en la estructuración del mundo nuevo, no piensa ni siquiera en buscar luz y fuerza en la revelación cristiana. Ante este estado de cosas temen muchos buenos cristianos. Los teólogos de oficio no se atreven a plantearse nuevas preguntas sobre la fe, o a pensarla simplemente en una nueva luz.

Hay un temor reverencial a la nueva inquisición teológica que considera herético cualquier esfuerzo exploratorio de corte actualista. En los días que corren, muy siglo XXI, Savonarola y Huss no podrían expresar sus opiniones en voz alta, bajo pena de ser conducidos a la hoguera evangélica que reduce a cenizas la libertad de examen. Vivir para ver…

Texto y contexto

Por las razones expuestas, hoy la hermenéutica, por ejemplo, se halla anquilosada en tres posturas que mutuamente se consideran excluyentes e irreconciliables, y que, incluso, se ofenden unas a otras:

  • Fundamentalista: La Biblia es Palabra de Dios. Punto final. No se aceptan discusiones en ningún caso y por ningún motivo.
  • Liberal: La Biblia no es Palabra de Dios, pero contiene Palabra de Dios. ¿Y quién define en qué porciones y proporciones?
  • Neoortodoxa: La Biblia no es Palabra de Dios, pero llega a ser Palabra de Dios. ¿Bajo qué criterios?

Curiosamente, las tres posturas son válidas desde un punto de vista esencialista: La Biblia es Palabra de Dios, contiene Palabra de Dios y llega a ser Palabra de Dios; para conciliarlas, deberíamos hacer un esfuerzo de simplificación y examinar las Sagradas Escrituras, en todos los casos, bajo cuatro contextos:

  • Contexto literal: Tal y como está escrito. El sentido común discierne este contexto con facilidad: No matarás. No hurtarás. No cometerás adulterio. No te harás imagen.
  • Contexto histórico: Cuándo y para qué gente se transmitió el mensaje. No todo es aplicable a toda época: La adúltera morirá apedreada. Hay quienes se hacen eunucos a sí mismos. (Hoy la lapidación es puramente teórica y el autocastrado Orígenes no tiene imitadores, como es explicable).
  • Contexto simbólico: Hay textos claramente alegóricos que no pueden literalizarse por ningún motivo: Yo soy la Puerta. Yo soy la Vid. Esto es mi Cuerpo. (El Señor no es un mueble, ni un vegetal, y su cuerpo, tampoco, una hogaza de pan).
  • Contexto virtual: ¿Qué me dice a mí y ahora el texto? No toda escritura transmite lo mismo a toda persona. (El Espíritu Santo particulariza y virtualiza la lectura). Tomando en cuenta que a veces un contexto incluye o implica otro u otros, si cada porción bíblica se mira bajo estos cuatro lentes, la conclusión será integral y esencialista.

Por: Rev. Darío Silva – Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

Foto: Freepik / Jcomp

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