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Descubra la clave de la crianza integral

En ese momento cuando la esposa anuncia a su esposo con emoción que están esperando un bebé surgen interrogantes: “¿Será niño o niña? ¿Qué nombre le pondremos? ¿A cuál de los dos se parecerá? ¿Cómo será su temperamento?” Y la pregunta del millón: “¿Cómo lo educaremos?”.

Existen muchas ayudas para educar un hijo. Por ejemplo: a través de familiares que pueden guiarte por su experiencia, consejeros, psicólogos, libros, manuales para padres y ni hablar de la información que encontramos en internet (una confiable y otra no tanto) que nos podrían dar “algunos” consejos de crianza y educación.

Y digo solo “algunos” porque en el manual fabricante, más conocido como la Biblia, encontramos las mejores lecciones para criar integralmente a nuestros hijos.

El pastor Darío Silva-Silva explica en su libro El Reto de Dios lo siguiente: “El plan de Dios nunca fue, como no podía serlo, disociar su Palabra de su Espíritu… La iglesia integral lo entiende como alguien lo ha dicho cabalmente: el Espíritu Santo es el tren; la Biblia, son los rieles. Los rieles son inservibles sin el tren, pero el tren solo puede andar sobre los rieles. La Biblia es la chimenea; el Espíritu Santo, el fuego. La chimenea sin fuego a nadie calienta; el fuego por fuera de la chimenea puede incendiar la casa”.

Papás tengan claro que sin el Espíritu Santo y sin la Palabra de Dios no hay forma de criar hijos. Entonces, ¿qué significa en realidad “enseñar” o “preparar” a un niño. ¿Qué dice la Biblia? Beverly LaHaye, en su libro Cómo desarrollar el temperamento de su hijo, tiene la siguiente enseñanza que abarca al niño integral: “¿Qué querían decir las palabras de Proverbios 22:6 cuando afirman: Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará?

Los sermones y comentarios que siempre escuché me hacían creer que si enseñaba a un hijo a asistir a la iglesia, y si yo misma era buen ejemplo para él en el hogar, aun cuando se separara durante un tiempo, regresaría a las enseñanzas de su infancia  cuando fuera viejo. Eso dejaba una espina en mi ánimo y no resultaba muy alentador. Era como si se contara con que los hijos se apartarían por un tiempo del Señor para hacer lo que les diera la gana y luego volverían”, dice el libro.

Según LaHaye, la mejor forma de saber lo que Dios quiere decirnos es estudiando Su Palabra. En este punto vale la pena resaltar lo que Silva-Silva enseña a su congregación de Casa Sobre la Roca y que además tiene escrito en su libro “El Código Jesús”, donde enseña cuatro claves para escudriñar el texto bíblico: 1. Literal, 2. Histórica, 3. Simbólica y 4. Virtual. Esta última “permite desentrañar, guiado por el Espíritu Santo, lo que me dice en forma personal, o bien a mi grupo particular. Se establece a través de tres preguntas: ¿Qué dice? ¿Qué significa? ¿Qué aplicación tiene para mi vida?

Beverly Lahaye se dio a la tarea de desglosar Proverbios 22:6 y esto fue lo que encontró:

“Instruye”

El término hebreo que equivale a este, tiene que ver con el interior de la boca, las encías, el paladar o la parte superior de la boca, y se refiere al pequeño freno que se coloca en la boca de los caballos salvajes. Santiago 3:3 da más aclaraciones acerca del uso del freno: Cuando ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, podemos controlar todo el animal. Es preciso entrenar o lograr la sumisión de la criatura, de modo que obedezca y así poder dirigir o cambiar su dirección natural.

Esto equivale a desviarlos de sus propios caminos pecaminosos y egoístas, para obedecer a Jesucristo.

“Al niño”

La misma palabra hebrea que se usa aquí para “niño”, se encuentra en diferentes partes de la Biblia. Algunos ejemplos son:

  • 1 Samuel 4:21, se está refiriendo a un niño que acaba de nacer.
  • Génesis 21:14, usa esta palabra para referiste a Ismael, que ya tenía 15 años.
  • Génesis 37:30, se refiere al muchacho José, cuando ya tenía 17 años.
  • Génesis 34:5, se refiere a la hija de Jacob, que tenía edad para casarse.

El lapso de tiempo que abarca el término “niño” va desde que nace hasta que deja el hogar para casarse.

“En el camino correcto”

Este giro dice literalmente “de acuerdo a su camino” o “de acuerdo a la forma en que fue diseñado por Dios”. Esto no quiere decir necesariamente la forma en que sus padres desearían que marchara, sino de acuerdo a la dirección del niño, es decir, de la manera en que Dios quiso que marchara. Los padres deberían descubrir “su camino” y ajustar su enseñanza a lo que él necesita.

Ese “camino correcto” podría referirse al temperamento que le fue dado por Dios. Por lo tanto, dentro del marco de los principios divinos, entrénelo en armonía con su temperamento de acuerdo a sus propias características. No es posible educar a un sanguíneo de la misma forma en que lo haríamos con un flemático; o a un colérico lo mismo que a un melancólico. Debe ser dirigido de acuerdo a la manera que Dios lo hizo.

“Y aun en su vejez”

¡La palabra “vejez” en este pasaje no significa 60 o 70 años! El sentido de este término abarca al varón cuando comienza a criar barba o ingresa en la madurez. “No lo abandonará”  ¡Qué gran promesa! Dios ha prometido que el hijo no se va a apartar de la enseñanza de sus padres si es que hicieron con él lo que Dios quiso que hicieran.

Para muchos es una promesa no cumplida

Existen papás que aseguran haber dado una buena enseñanza a sus hijos, pero ven todo lo contrario y por tanto aseguran que Dios no cumplió su promesa. LaHaye al respecto, comparte lo siguiente:

“En primer lugar muchos padres creen que les dieron a sus hijos una enseñanza adecuada, cuando en realidad no tienen derecho a decirlo. Requiere más que un buen ejemplo e inculcarles la costumbre de ir a la iglesia todos los domingos. Recuerdo en especial a una familia con dos hijos donde padre y madre se amaban tiernamente. Casi no pasaba un domingo sin que estuvieran en la iglesia, pero cometieron un error importante y trágico: nunca insistieron en que sus hijos les obedecieran, hasta que llegó el día en que esos jovencitos sus propios deseos y no tomaron en cuenta a sus padres. Ambos se casaron con personas inconversas y hoy están divorciados. No caminan con Dios y sus padres se preguntan por qué. Es preciso enseñarles a los niños a obedecer a sus padres para que sepan obedecer a Dios”.

¿Qué pide Dios?

  • Tener al niño bajo sujeción.
  • Enseñarle obediencia.
  • Apartarlo del pecado y llevarlo a Jesús.
  • Educarlo de acuerdo a sus aptitudes
  • Educarlo desde su nacimiento hasta que salga del hogar para casarse.

¿Cuál sería la promesa de Dios?

Si hemos cumplido con lo que Dios nos pide, nuestro hijo NO se apartará de nuestras enseñanzas al llegar a la madurez.

Por: Jennifer Barreto / Twitter: @BarretoJenn

Foto: Freepik / Jcomp

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