Ester

Cansada sí, pero no tiro la toalla

Si bien una persona normal tiene muchas cosas que hacer en su diario vivir, podríamos llegar a asegurar que una mujer tiene el doble. Ser mujer es una tarea difícil, ser hija, esposa, amiga, hermana, madre y abuela al mismo tiempo puede llegar a ser un poco tedioso. Estar pendiente de tareas de la casa y que todo lo que pasa a tu alrededor esté bien son algunas de las tareas que podemos tener. Claro, todo eso no ocurre sino hasta determinada etapa cuando ya hemos madurado un poco. Pero a lo largo de nuestra vida siempre acumulamos oficios que nos pueden llegar a abrumar lo que nos puede hacer sentir frustradas.

La vida siempre está llena de obstáculos, vamos cuesta arriba tratando de enfrentar lo que se presente en nuestra cotidianidad; luchando con no caer en la típica mentira de que no podemos o no somos capaces porque los resultados no son los que esperábamos. Tenemos la presión de ser buenas en todo lo que hacemos, y esta lucha no es con nadie más que con nosotras mismas y ¿cómo es esto? Nos sentimos tan “retadas” que cazamos una pelea con nuestra autoestima, con nuestros talentos, y no creemos ser lo suficientemente capaces de lograr lo que anhelamos.

¿Te influencias correctamente?

Desde pequeñas nos inculcan ser hacendosas, en la vida académica, en nuestra vida social y en lo que de lo familiar se trata, pero hoy a todo esto sumemos la presión social que vivimos en esta época, las mujeres deben ser lo que un estereotipo estableció. Ahora todas deben ser delgadas, tener una vida fitness, pasar horas en el gimnasio, tener las últimas colecciones de ropa y zapatos, entre otras cosas para poder encajar y ser felices. Los medios de comunicación y las redes sociales de una u otra manera se han convertido en una vara para medirnos y si no tenemos clara nuestra identidad, pueden convertirse en una herramienta para creer muchas  mentiras acerca de nuestra vida.

Tratar de tener una vida “perfecta” es agotador, tratar de encajar, ser multitasking porque todas lo son, porque así demuestro que estoy empoderada y que soy independiente simplemente cansa, y no está mal. Claro que podemos emprender, tener proyectos para nuestra vida personal y profesional, el error está cuando caemos en compararnos, en cohibirnos de cosas que nos gustan porque los demás dicen que no es correcto.

Las tareas agotan, ser integral en nuestras acciones y en nuestro desarrollo como personas te puede generar cansancio físico, pero el cansancio emocional es lo que más nos genera desánimo y culpa. Esta es una lucha diaria porque hemos cazado una pelea con nuestro espejo, anhelamos lo que la otra tiene, vivimos comparándolos con las demás mujeres dejamos de comer lo que nos gusta porque quien nos influencia dice que no está bien, si comemos “un pecadito” llegamos a hacerlo en secreto para no ser juzgadas y no encajaremos; nos hemos dejado poner reglas por personas que parece que tienen una vida de ensueño y que hacen que nos auto culpemos por no ser iguales al prototipo de mujer actual.

Sí, ¡estoy cansada! Pero de anhelar lo que otras tienen. Estoy cansada de no creer lo que Dios dice de mí, de no aceptarme como soy y de querer parecerme a todas para no ser el bicho raro. No hay nada malo en tener mil actividades, ni querer ser independiente, y fitness e ir al gimnasio todos los días de la semana, lo malo es que lo hagas porque está de moda porque si no lo haces estás mal. Hazlo porque tú quieres ser mejor, porque quieres cuidar tu salud y porque sabes que todo eso te hará realmente feliz. Tampoco te estoy diciendo que comas en exceso y que no seas cuidadosa con tu alimentación, pero si quieres un helado, comételo sin miedo a lo que los otros dirán y sin sentir culpa.

No anheles lo que tienen las otras, ni su talento, ni su cuerpo, ni mucho menos su vida; Dios te hizo única, Él no se olvidó de ti. Y claro, se vale estar cansada, se vale sentirse un poco frustrada en algún punto, pero no podemos quedarnos estancadas en eso, levantemos los brazos porque Dios nos hizo mujeres fuertes, porque Él renueva nuestras fuerzas. Dios les da nuevas fuerzas a los débiles y cansados. Isaías 40:29 TLA.

Peleando contra una mentira

En la vida se presentarán obstáculos tal vez que vemos imposibles, pero es tu elección tomar la actitud correcta. Decides confiar o decides renunciar, solo hay dos caminos. En uno, requieres esfuerzo y dedicación. El otro es el más fácil, pero sin duda renunciar no te dará la satisfacción que de haber logrado ganar la batalla.

Y sí, la pelea es dura. A diario enfrentamos nuevos retos, en nuestros estudios,  trabajos, en nuestra vida personal y social. A diario caemos en comparaciones, y no es una secreto que las mujeres sufrimos mucho con el autoestima, así sea la mujer más linda en algún punto se llegará a comparar con algo que otra tiene y ella no. Así es como nuestra mente es atacada por la mentira de no ser lo suficientemente inteligente, capaz, fuerte, hermosa, amigable, y así podríamos quedarnos haciendo una enorme lista porque para ver lo que no nos agrada de nosotras mismas somos expertas,  pero se nos hace tan difícil ver las cualidades y lo que Dios nos ha dado, que no nos afirmamos a nosotras mismas.

Si no renunciamos a la mentira caemos en un círculo vicioso de ser inconformes, de sentirnos frustradas, de pensar que no somos dignas o no somos capaces de ser únicas y de no tener claro que la victoria es nuestra a pesar de cualquier cosa que se presente, y que sí, vamos a querer botar la toalla y salir  corriendo. Pero en ese momento donde pensemos hasta aquí llegué, es cuando debemos recordar que Jesús nos dio la victoria, que somos sus hijas y nuestro padre nos ama. En medio de todos nuestros problemas, estamos seguros de que Jesucristo, quien nos amó, nos dará la victoria total. Romanos 8:37 TLA.

La culpa te agota, ser inconforme te agota. Si estas cansada, entrega tu carga  al único que la puede alivianar, no te agotes para luego culpar a Dios por eso, pero tampoco te des por vencida, ¡no tires la toalla! La batalla es dura pero tienes asegurada la victoria cuando pones tus planes en las manos de Dios.

Por: Geraldine Ávila Cifuentes / Twitter: @geralavila9

Foto: Freepik / Yanalya

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