Areópago

El fruto espiritual

La famosa enseñanza de San Iglesia Cristiana Integral. Pablo en Gálatas 5:22-23 enumera las características del fruto que necesariamente deben producir los corazones que fueron buena tierra, parcela fértil para el grano de mostaza del Sembrador Divino: Amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Algunos dicen inadecuadamente “los frutos”; en la Biblia, los singulares son singulares y los plurales son plurales y no es aconsejable pluralizar un singular ni singularizar un plural. San Pabloescribe “el fruto” y luego enumera sus características. Es preferible, entonces, hablar –demos por caso- de una naranja con nueve gajos en vez de nueve naranjas.

Por contraste, si usted revisa el Sermón del Monte –marco teórico del cristianismo- encontrará una advertencia terrible dada por el propio Nazareno sobre los falsos profetas y, por lo tanto, los falsos creyentes: Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. Mateo 7:15-20.

“Por sus frutos los conocerán”, dice el Divino Predicador. No dice “por sus dones”. Son incontables los que se imaginan que su prestigio dependerá de que echen fuera demonios, sanen enfermos, oren en lenguas o profeticen. Jesús dice, ciertamente, que las manifestaciones sobrenaturales de poder nos seguirán, pero no que nos identificarán; la identidad se muestra por nuestro fruto. ¿Cuál fruto? El del Espíritu Santo, bien discernido por Pablo en su carta a los Gálatas.

Por otra parte, es importante entender que la índole del árbol depende de la índole de la semilla, como la clase de fruto depende de la clase de árbol. Si yo siembro plátano recojo plátanos; y si siembro papaya, recojo papayas. No puedo sembrar una semilla de mandarina para recoger sandías que den semillas de piña y así obtener fresas.

Muy claramente, pues, la Biblia afirma que el fruto del Espíritu Santo caracteriza al hijo de Dios, que es un árbol. Y, por supuesto, el fruto se muestra en la conducta ordinaria, no en la actitud religiosa. Una vez más tengo que repetir la afirmación de la teología moderna que ha generado incomprensiones en el seno de la llamada iglesia evangélica: el cristianismo no es una religión, aunque posee algunos elementos religiosos; el cristianismo es un life style, una manera de ser y de vivir. Es en su vida diaria donde usted muestra el fruto, y de nada le sirven los aspavientos de piedad en el templo si su conducta no exhibe las características del fruto del Espíritu Santo en su cotidiano caminar.

Cuando la iglesia que presido iba a ser fundada, el Señor dijo: No quiero religión sino acción, que oigan la Palabra de Dios y la practiquen, es decir, que edifiquen su casa sobre la roca y no sobre la arena, como suele hacerlo la gente religiosa. El que da fruto es, precisamente, aquel que edifica su Casa Sobre la Roca.

Foto: Freepik / Jcomp

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