Timoteos

Videojuegos, droga tecnológica

Cuando mis padres eran niños, alrededor de la década de los setenta, les bastaba una muñeca, un balón o un libro con ilustraciones para pasar gratos y divertidos momentos junto a sus amigos. Las niñas fingían que eran princesas en un palacio y jugaban con sus barbies o peluches a que se reunían para una elegante tarde de té, mientras que los niños querían ser grandes futbolistas o salvar al mundo con los super héroes de DC Cómics: bastaba un trozo de tela negra o una sábana azul para convertirse en Batman o en Superman; los patios de recreo se transformaban en ciudad Gótica o en un campo de fútbol, y la imaginación era suficiente para que no faltaran las risas o los momentos inolvidables.

Sin embargo, esta realidad parece haber cambiado considerablemente. Nuestros niños y jóvenes han dejado atrás los objetos sencillos, que antes servían como elementos de ocio. La generación millennials y centennials ha llegado para quedarse, cambiando por completo el mundo que conocíamos. Las comunicaciones, la medicina e incluso el entretenimiento giran en torno a los dispositivos electrónicos y el internet, que hacen parte de la vida diaria. Si antes necesitábamos de nuestros padres para inflar una pelota de fútbol o coser un peluche, ahora son ellos quienes precisan de nosotros para orientarse en este enrevesado mundo tecnológico que cada vez tiene mayores estímulos para ofrecer.

Uno de esos elementos que está ganando terreno, en medio de la popularidad de los celulares inteligentes y los ordenadores avanzados, son los videojuegos. Cada año, las grandes marcas ponen en el mercado consolas más precisas, que superan todos los conceptos de las películas de ciencia ficción.

Estos dispositivos tienen sus ventajas, desde luego; pero, también es cierto que nuestros hijos están abrumados por estas realidades alternas, que los alejan del mundo en el que crecimos, el mundo real.

Cuando los niños no son capaces de jugar con nada más o cuando prefieren estar encerrados en casa, frente a una pantalla, en lugar de salir con sus amigos, practicar algún deporte o tomar el sol, la perspectiva cambia y, lo que parece algo positivo y ultramoderno, se convierte en un verdadero problema para la crianza. Ya no es un juego, sino una adicción.

¿Un escape?

Puede resultar contradictorio, pero lo cierto es que es comprensible, porque, en el fondo, es más fácil jugar con estos juegos, más cómodo que tener que lidiar con los problemas de la vida, que también hacen parte de la infancia. Es más fácil eludir la realidad del divorcio de los padres o el rechazo en la escuela con un videojuego, que presenta todo un mundo de fantasía en el que los niños son los héroes. Y es que, como adultos, en medio de las angustias cotidianas y los reveses de la vida, a menudo olvidamos lo mucho que nuestras reacciones y nuestras preocupaciones afectan a nuestros hijos; pero, la verdad es que ellos también tienen problemas que no siempre saben cómo manifestar o resolver, es por ello que los juegos de video se convierten en una puerta de escape. Dentro de esos universos de gráficos y píxeles, no hay ninguna discusión, ningún amigo que se enfade o padres que reprendan. Todo es fácil.

Una entrada publicada por el portal web RPP Noticias indica que los motivos por los que los videojuegos causan adicción son variados. El psiquiatra Marín Nizama, quien rindió declaraciones sobre el tema para el medio peruano, explicó cuáles son los principales motivos por los que muchos niños y jóvenes caen en la dependencia de estas realidades virtuales y de la conectividad al internet.

“En primer lugar, ocurre porque el niño está abandonado por los padres, así que son hijos huérfanos de padres vivos, que buscan refugio o consuelo para evadir la soledad. Otra razón sería un vacío espiritual, porque no cuentan con afecto ni cariño; la droga tecnológica les llena esa necesidad y, por a poco, se hacen cautivos de esa conducta compulsiva, que es la adicción a la conectividad, que puede no solo ser hacia los videojuegos, sino también hacia las redes sociales o la navegación en la red”, dijo el experto.

El impacto en el cerebro de los niños

Otro medio de comunicación que ha abordado las repercusiones de los videojuegos en el desarrollo de nuestros hijos en el diario El País de España ¿Es positivo que nuestros niños usen estas tecnologías? Indudablemente, no es lo mismo que menores de edad vean televisión o programas infantiles, donde, de uno u otro modo, se les transmite un mensaje positivo, a que pasen horas matando monstruos o interactúen con desconocidos en internet. En la actualidad, muchos niños permanecen ingentes durante horas frente a una pantalla, desde edades muy tempranas.

Lo mejor para los niños y su correcto desarrollo, es el juego que se produce en el exterior, moviéndose y en grupos de personas de sus mismas edades. El juego es el vehículo ideal para aprender destreza, habilidades cognitivas y sociales. Y a pesar de que, como padres, nos preocupa que nuestros hijos usen estos aparatos, no podemos decir tajantemente que son negativos. La clave, sin embargo, es saber cómo y cuándo incluirlos en sus vidas, porque, cuando es un dispositivo electrónico el que pasa a ser la principal fuente de sociabilización y entretenimiento de los más pequeños, realmente hay un problema que debe atenderse.

El uso excesivo de los videojuegos puede afectar de muchas maneras, no solo por el tiempo que los niños pasen frente a una pantalla y con un mando en la mano, sino también por factores que parecen nimios, pero que realmente son importantes, como el volumen, el brillo y el tipo de luz, que pueden dañar la vista y producir alteraciones del sueño.

Los videojuegos, cuando se usan de manera desmedida, son generadores de adicción que derivan en conductas violentas, falta de atención y dificultad para diferenciar la vida real de la virtual; además, de acuerdo con un reportaje publicado por el portal uncomo.com, el juego prolongado puede dificultar el correcto desarrollo de ciertas partes del cerebro, ya que los videojuegos sólo logran estimular las zonas que dirigen el movimiento y la visión.

Por lo tanto, está en nosotros, como adultos responsables, saber establecer horarios, ver que se cumplan las normas en el hogar y, sobre todo, priorizar el tiempo con nuestros hijos, de manera que sea nuestro ejemplo el que eduque, no solo nuestras palabras.

Colombia, un país de jugadores

Al contrario de lo que podría pensarse, la adicción a los videojuegos no es una cuestión de edad en nuestro país, así que no solo los niños son quienes presentan un claro problema de dependencia por las nuevas tecnologías. Así lo ha corroborado una encuesta, de acuerdo con la cual los colombianos se entretienen con los videojuegos un promedio de 30,5 veces, lo que nos coloca muy cerca del pináculo de la lista de naciones que más uso les dan a estos modos de entretenimiento.

Muchos adultos también son aficionados a los juegos de vídeo. Lo hacen desde sus celulares, una tableta o una consola. Incluso hay juegos en línea que se han vuelto muy de moda y que obligan a invertir miles de pesos al mes para comprar beneficios virtuales. La mayoría lo hace desde casa, si bien hay quienes también juegan cuando van en el Transmilenio, en taxi o en los intermedios en el trabajo, lo que representa un gran problema frente al ejemplo que les estamos dando a nuestros niños y la conducta que esperamos de ellos ¿Cómo podemos pedirles que prefieran los libros, si ellos ven que, claramente, elegimos pasar horas frente a una pantalla?

Nuestra tasa de lectura es tan baja que solo consumimos 2,9 libros al año, de acuerdo con cifras publicadas en 2018 por el diario El Tiempo; mientras que el 54% de las personas de entre 18 y 24 años de edad asegura jugar en sus celulares o en consolas, lo mismo que el 49% entre 25 y 34 años, el 36% entre 35 y 44 años y el 33% entre 45 y 44 años. Y si bien son mecanismos de conexión que nos ponen en contacto con otras personas, están mermando muchos valores que deberían ser parte de la educación de los más pequeños, y causándonos un grave daño a nivel cultural.

¿Y qué dice Dios?

“Por sus hechos el niño deja entrever si su conducta será pura y recta”. Proverbios 20:11.

Determinar si los videojuegos son totalmente malos o buenos es muy complicado, sobre todo si se toma en cuenta la evidencia científica que nos dicta que, con moderación, estas herramientas de ocio pueden entrañar grandes beneficios e incluso ayudan a que los pacientes con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) presenten mejorías en su condición. Y, precisamente, ahí está la clave: la moderación.

No es malo que los niños prueben las nuevas tecnologías y las usen como mecanismos de entretenimiento o de estudio, pero, como padres, es nuestro deber comprobar qué tipo de contenidos consumen, además de explicarles por qué cierto tipo de videojuegos y la frecuencia con la que los juegan les hacen daño, tanto a nivel físico como espiritual.

¿Qué clase de personas estamos criando si llevamos a nuestros niños los domingos a la iglesia, pero permitimos que se entretengan con mundos donde predominan la violencia, la sexualidad y la drogadicción el resto de la semana? Más que reprenderlos, enseñémosles por qué son malos estos juegos y cómo ser más responsables con lo que oyen y ven. Una conversación abierta, sincera y afectuosa no solo ayudará a que los eduquemos como personas de “conducta pura y recta”, como dice el libro de Proverbios, sino que contribuirá a crear fuertes lazos de comunicación; de esta manera, estaremos criando a la generación del mañana, la generación de Cristo.

Por: Verushcka Herrera R. –  @vhrequeijo

Foto: Jeshoots – Freepik

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