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Disciplina vs orgullo: la disciplina hace al más fuerte

En la vida estamos acostumbrados a ver a los más grandes y más fuertes como los mejores, y más, cuando se trata del deporte.

Subestimar al más frágil, al más pequeño o al que creemos que es el más débil siempre es lo más fácil. A veces pasamos por arrogantes al creer que por tener un título universitario, la experiencia o hasta tener más edad nos hace mejor que los demás, y no, no siempre es así.

Si bien todos tenemos dones y talentos, y lo que hace al maestro es la disciplina, palabra que escuchamos demasiado a lo largo de nuestra vida pero que muchas veces pasamos por alto. Si no hay disciplina en el deporte, no hay triunfo, sin esfuerzo no hay recompensa.

A lo largo del tiempo hemos visto cómo deportistas de alto rendimiento han echado sus carreras cuesta abajo por falta de disciplina, por vivir en excesos y porque se han hundido en el orgullo al ser catalogados como los mejores. Algunos ejemplos son:

Diego Armando Maradona

Su carrera futbolística fue increíble, es una leyenda del fútbol argentino y mundial, pero la huella que dejó en las canchas fue opacada por su adicción a las drogas. Uno de los mejores de la historia del fútbol dio positivo por primera vez en 1991, tras 15 meses de sanción volvió a las canchas y a triunfar. Pero en 1997, cuando jugaba en Boca Juniors, volvió a dar positivo. Lo que vino luego fue el final de su carrera como futbolista.

Lance Armstrong

Uno de los mejores ciclistas de la historia, siete veces ganador del Tour de Francia vio cómo su carrera se vino a pique cuando admitió haber consumido sustancias   prohibidas para potenciar sus habilidades y sacar ventaja en sus competencias, a su vez buscó cubrir el cáncer que padecía.

Tiger Woods

Considerado el mejor jugador de golf de todos los tiempos, ganador de 14 títulos, logró que el mundo lo conociera no por sus hazañas deportivas sino por sus escándalos ligados con su adicción al sexo, al juego y al alcohol que no solo marcaron una brecha en su carrera profesional, sino que ocasionaron un declive en su vida personal.

La indisciplina, arrogancia y orgullo no solo te hacen perder fuerzas y habilidades, también logran que perdamos la confianza de los demás. En el mundo deportivo es muy riesgoso perder la disciplina, pues se puede llegar a comportamientos como los mencionados anteriormente, donde el poder los cegó y la constante presión por ser el número 1 los llevó a tomar el camino fácil para rendir más en sus carreras deportivas, y al final lo que ocasionó en ellos fue generar adicciones y llevar sus carreras al punto donde ya no importaba su talento sino sus acciones.

La disciplina es enemiga del orgullo

¿Quién nació aprendido? Uno de los mayores errores es subestimarnos, ver el gigante frente a nosotros, acobardarnos y creer que no estamos hechos para eso. “No soy tan fuerte”o “el rival es muy fuerte”, son pensamientos recurrentes que llegan a nuestra mente.

Siendo más claros pongamos un ejemplo: El Barcelona FC es uno de los clubes con más renombre del mundo, su trayectoria y jugadores de alto rendimiento hacen que sea uno de los contrincantes más fuertes en el fútbol Europeo, pero en las últimas dos Champions League, han perdido en cuartos de final contra equipos “pequeños”, afirmó uno de los periodistas deportivos del diario El País de España: “Esto os ha ocurrido por confiados”, además, también aseguran que han subestimado a equipos como el Ajax y Roma los cuales no pensaron que podrían ganarle al equipo azulgrana.

Aprender y luego jugar, dedicarse, entrenar y esforzarte para hacerlo mejor será la clave para ganar. Muchas veces creemos que Dios nos envía al campo de juego contra un rival muy grande; las personas nos dicen que no podremos y nosotros creemos lo mismo. “El gigante es muy grande para mí”, “yo soy muy joven para lograr eso”, “no tengo la experiencia necesaria”, “no tengo tantos títulos universitarios”, y olvidamos que la disciplina es la clave del éxito. Si nos preparamos y somos obedientes a Dios, Él nos respaldará.

Un ejemplo es David, quien fue a enfrentarse a un gigante cuando era el más joven, tal vez el más débil de los hombres que estaban en la batalla, el que no estaba mejor preparado físicamente y quien no había recibido entrenamiento militar para ir a una guerra, pero lo que sí tenía claro era quién iba de él y David tenía una disciplina espiritual que hizo que consiguiera la victoria aún en medio de los comentarios de sus propios hermanos que lo subestimaron.

La arrogancia y el orgullo no llevan a nada bueno, nos hacen pensar que somos superiores, que somos suficientes y no necesitamos ayuda de nadie, a veces olvidamos dar gracias a quien nos ha concedido dones, talentos y gracia. Dios conoce nuestro corazón y sabe en qué podemos ser altivos, tal vez por eso no ha dado respuesta a nuestra oración porque sabe que podríamos creernos autosuficientes, endurecer nuestro corazón y porque aún no tenemos la disciplina suficiente para recibir la bendición. Vale más la paciencia que la arrogancia. Eclesiastés 7:8B.

Por: Geraldine Ávila Cifuentes / Twitter: @geralavila9

Foto: Freepik

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