Timoteos

Depresión que lleva al suicidio

Según Medicina Legal, el año pasado casi 100 jóvenes entre 15 y 17 años se quitaron la vida. ¿Por qué? ¿Qué pasa en sus mentes? Conozca la importancia de abordar este tema con sus hijos.

Un gran porcentaje de niños y jóvenes se han dejado envolver por pensamientos negativos que pueden llevarlos a atentar contra su vida.

Hace unos días presencié un episodio que me dejó fría. Mientras una mamá y su hijo de aproximadamente siete años hacían mercado, el pequeño empezó a hacer pataleta porque no le compraban un paquete de dulces. La mamá muy paciente, trataba de calmarlo, pero nada… El niño entró en un ataque de furia y golpeó lo que encontró a su alrededor. De repente gritó: “mami, mátame, me quiero morir”. Ella quedó en shock, dejó el mercado a un lado y se fue con su hijo.

¿Qué pasa en sus mentes?

La depresión infantil existe, no la subestime; el solo hecho de que un menor muestre el deseo de desconectarse del mundo, es preocupante. ¿Por qué pasa? Según los expertos, uno de los desencadenantes son los conflictos familiares: peleas, falta de amor, castigos constantes, burlas, e incluso en algunos casos, abuso sexual. El desespero y frustración de sentirse lo peor conducen a muchos niños y jóvenes a tomar pastillas que encuentran en su casa, tirarse de una ventana, lanzarse contra un carro, cortarse, ahorcarse, entre otros. “Los niños no son tontos. Aunque no tienen una clara noción de la irreversibilidad de la muerte, saben que si se lanzan de una ventana no van a sufrir precisamente pequeñas raspaduras”, explica el psicólogo juvenil Leonardo Ajha.

El pastor y psiquiatra argentino, Daniel Rota, habló con Hechos&Crónicas sobre suicidio, tema que muchos padres vetan con sus hijos y que según Medicina Legal, ha llevado a más de 270 menores de edad a quitarse la vida en Colombia en lo que va de 2019.

“Los trastornos depresivos y de ansiedad son muy altos en Latinoamérica, podemos decir que fenomenológicamente hablando, podemos basar la depresión en cuatro cosas:

  1. La vida no me dio: algo que no tengo y que querría haber tenido.
  2. La vida me quitó: algo que tuve y lo perdí.
  3. La vida me dañó: heridas en cuanto a relaciones interpersonales o familiares, o cosas que pasaron en nuestra infancia.
  4. No soy bueno para vivir: sentir incapacidad de afrontar la vida diaria, los problemas son mucho más grandes de lo que son.

Estos cuatro puntos podrían ser la posición existencial que tomaría la mayoría de personas jóvenes y adultas con problemas depresivos”, explica el experto.

Así son mis episodios de ansiedad y depresión…

La prestigiosa revista estadounidense Seventeen, leída por adolescentes en todo el mundo, recogió algunos testimonios de jovencitas que sufren ansiedad y depresión. En estos relatos nos daremos cuenta que vale la pena buscar ayuda en esos momentos.

  1. Cuando el colegio es un lugar aterrador:

“Siempre he tenido el problema de no hablar con la gente hasta que me siento cómoda con ellos, y esto hace que todos piensen que soy una cretina egocéntrica. La escuela es un lugar aterrador, los profesores piensan que soy tímida, y me fuerzan a hablar delante de todos mis compañeros y es entonces cuando empiezo a comportarme raro y hacer las cosas aún peores”. Khushi, 15 años.

  1. Estar solo es lo peor:

“Desde hace un tiempo me siento cohibida en espacios públicos. Pronto empecé a experimentar ataques de pánico en el día a día. Mi ansiedad hacía que me diera miedo estar con otros y a veces sola. Busqué ayuda terapéutica. Todavía tengo malos días, pero ¡ahora sé cómo vivir con ello!”. Kloe, 14 años.

  1. No más prejuicios:

“Mi madre sufre desorden bipolar, ansiedad, depresión y alcoholismo. Cuando empecé la universidad me dieron ataques de pánico y de ansiedad. Como estaba familiarizada con las enfermedades mentales, me di cuenta que mi ansiedad no era terrible y recibí la ayuda que necesitaba”. Emily, 15 años.

  1. Los cambios son importantes:

“Mi desorden bipolar me llevó a la depresión. Tomo mi medicación por la mañana y no la salto ni un día. Solía pensar que me hacía una persona aburrida en comparación con mi anterior estilo de vida: impulsos, fiestas, alcohol y drogas, pero mirando atrás estoy significativamente más sana y feliz por los cambios que he hecho. Mis amigos y familia han sido geniales y amorosos conmigo en cuanto a mi condición, me siento afortunada por ello”. Priya, 22 años.

Hablemos de frente

¿Cómo está su hijo?, ¿lo grita y maltrata cuando hace algo mal?, ¿pasa por alto cuando se encierra en su cuarto por largo tiempo y no sale porque está aburrido? ¡Mucho cuidado! Estos signos pueden estar alertándolo de algo.

El doctor Rota explica los factores que pueden llevar a niños y jóvenes a concebir ideas suicidas:

“El factor genético: hay personas que tienen alteraciones a nivel del funcionamiento mental de sustancias, neurotransmisores, que hacen que tengan cierta predisposición a enfermedades mentales. Pero tengamos en cuenta que lo genético influye solo de 2 a 3%.

Estilo de vida: lo que a nosotros nos influye en la vida para producir enfermedad o generar salud es con base a nuestro entorno, cómo vivimos, las decisiones que tomamos: ¿qué decido aprender?, ¿con quién decido vincularme?, ¿si voy a consumir o no drogas? Etc., todo eso ayuda a desarrollar salud o a generar enfermedad.

El ambiente de la crianza: el desarrollo mental en la vida de un niño se da en los primeros años de vida, el entorno familiar es importante; pero también hay otros como el colegio, su grupo de amigos, el mismo país donde vive, todo lo que se conoce como ambioma, el entorno en el cual nos disponemos”, menciona Rota.

La toma de algunos medicamentos, por ejemplo aquellos que son usados por adolecentes para el tratamiento de acné quístico como la isotretinoía (conocido comercialmente como Roacután, Isoface, entre otros), pueden causar estados de ansiedad, depresión e ideas suicidas. Además de estos factores, la parte espiritual del niño o joven también influye. Según el pastor y psiquiatra, “aquellos que han nacido y se han criado en un ambiente cristiano, tienen menos problemas de este tipo”. Sin embargo, cualquier persona por más cristiana que sea, no está exenta de sufrir depresión.

Las nuevas generaciones experimentan presiones y exigencias. Muchos quieren realizarse, ser felices y lo que se ve es una felicidad es transitoria, ¿por qué? “porque no tiene un sustento real y la gente se intoxica buscando felicidad. Cuando se apaga, los neurotransmisores vuelven a requerir estímulos para sentirse felices, es ahí cuando entran cuadros depresivos donde ellos dicen: -mi vida no sirve, no valgo, no puedo- y se genera la idea de ‘mejor acabar con todo’, ahí aparecen las ideas suicidas en la vida de los jóvenes”, puntualiza Rota.

“Cuando se reveló el genoma humano, se descubrió la cadena de genes. Se pensó que a través de la ingeniería genética se podrían modificar los problemas con el fin de solucionar enfermedades; pero se vio que no necesariamente se nace con una cadena genética, sino que esos genes se pueden encender o apagar con base a otras circunstancias”, añade el experto.

Alertas, signos y pequeñas señales

Muchos padres se preguntarán, ¿si mi hijo en algún momento, así sea por una rabieta, expresa sus ganas de morirse, qué hago, lo paso por alto o presto atención? “Recordemos que todo suicidio se anticipa, es un mito decir que la persona de golpe decide quitarse la vida. Debemos averiguar de inmediato si tiene ideas de matarse, el hecho de preguntar directamente sobre esto es muy bueno. Muchos piensan: -si pregunto eso voy a introducir una idea suicida en la vida del chico- ¡de ninguna manera! Las personas que tienen esta idea necesitan hablar, y se sienten muy aliviados de poder decirlo, así que concretamente podemos preguntar: -¿has pensado en algún momento quitarte la vida? ¿Tienes planes para hacer esto?- Ahí los padres debemos evaluar su relato. Por ejemplo:

Juanito: – Me quiero matar, estoy aburrido con todo, la verdad me gustaría desaparecer, no estar más en este mundo-

Papá: – ¿Pensaste en suicidarte?-

Juanito: -Sí-

Papá: -¿De qué forma? (en este punto es importante preguntar el método).

Si el chico responde: -voy a agarrar una cuerda, o me voy a tomar tales pastillas, o voy a saltar, etc.-, y lo tiene claro, entonces el riesgo es alto. En ese caso hay que referirlo rápidamente a un profesional, esto debe consultarse urgente”, alerta el psiquiatra.

Detección y tratamiento a tiempo

¿Las ideas suicidas son permanentes? “No, estas ideas son pasajeras, duran un tiempo y después pasan. Pero en casos graves donde el riesgo suicida es alto, porque es planeado o ya intentó hacerlo, hay algún familiar que ya se suicidó, en la familia hay enfermos psiquiátricos o ha habido internaciones por problemas mentales, e incluso porque sabe que su hijo consume drogas, etc., en esos casos aconsejo que se interne en un centro psiquiátrico para controlar ese periodo de tiempo. Luego debería pasar por un tratamiento con medicamentos que ayuden a los neurotransmisores a nivelarse, es decir, que el chico pueda descansar bien y dormir, que recupere su estado emocional. Finalmente, es clave hacer psicoterapia de apoyo. Si es un chico cristiano, podría ser referido a algún consejero o a alguien que pueda acercarse.

¿Qué hacer si no quiere hablar con sus papás?

Cuando el menor no quiere hablar con sus padres sobre el tema, es posible que no tenga confianza o su relación con ellos esté deteriorada. En este caso, debe buscarse algún referente que le de seguridad al niño o joven.

“Lo invito a que pregunte: ¿con quién te sientes más seguro de hablar para compartir tus cosas? Es importante que sea un amigo, tío, primo que tenga valores, principios; un líder de la iglesia, del grupo de jóvenes o de iglesia infantil. No deberían ser necesariamente los padres, porque muchas veces los chicos empiezan a contemplar ideas depresivas y suicidas, debido a que en casa hay una mala relación con papá y mamá como algún tipo de abuso, maltrato, bullying, entre otros. Por tal motivo, ese amigo, tío, primo, líder, puede acercarse al menor. Es bueno contactar a esa persona y avisar que el chico está en riesgo. Toda esta red de contención y sostén disminuirán la probabilidad de que el niño o joven atente contra su vida”, concluye el doctor Daniel Rota.

Por: Jennifer Barreto – Twitter: @BarretoJenn

Foto: Rawpixel.com

 

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