Editorial

La paz en Colombia, acaso, ¿se desintegra?

El proceso de paz en Colombia, apoyado al principio y hasta ahora por Estados Unidos, sigue ofreciendo una oportunidad única para poner fin a 60 años de conflicto armado durante los cuales unos 261.000 colombianos perdieron la vida, 8 millones sufrieron desplazamientos internos y decenas de miles de personas, ciudadanos y campesinos siguen desaparecidos.

Estos párrafos no son de este periodista sino de la carta que 79 congresistas de EE.UU., la mayoría Demócratas que controlan la Cámara de Representantes, enviaron al Secretario de Estado de este país para presionar -a nuestro juicio indebidamente-al Presidente colombiano Iván Duque a cumplir e implementar los acuerdos de paz entre el Estado colombiano y las FARC y que se detengan los ataques contra dirigentes sociales y nacionales de Derechos Humanos en este país y, en consecuencia, violadores de una Nación en paz.

Un ejemplo para apenas recordar: en estos seis primeros meses de 2019, el llamado ELN ha violentado la paz durante 18 ocasiones mediante tomas de pueblos singulares pero… quién viola el proceso, ¿el Estado y su Gobierno? No… ¿entonces quién? Los mismos que, como el ELN se autodenominan Ejército de Liberación Nacional y ni son ejército, ni son de liberación, ni son nacionales. Son, apenas, dos centenares de violadores y destrozadores de la anhelada paz que tanto deseamos 48 millones de colombianos desde hace 60 décadas.

¿Y por qué el New York Times, de política centrista-derechista apoya indirectamente los desastres de los delitos del ELN?

Pero lo peor de los peores en esta guerra es el informe de Medicina Legal: cada dos horas en Colombia se registran cinco (5) abusos sexuales contra menores. Y esta degradada guerra no la afronta nadie al parecer y los pobres niños y niñas están a merced de los aberrantes delincuentes que violan la santa paz de niños y niñas en esta incomprensible Colombia. Veamos:

Cada día en Colombia, 59 niños o niñas son víctimas de violencia sexual entre 5 a 14 años de edad y lo registra Medicina Legal entre enero y abril de este 2019. ¡Qué barbaridad! ¿Y los violadores dónde están? ¿Ellos siguen tan libres como el viento quizás en busca de violentar más y más pequeñines? Esta guerra es la guerra brutal.

Y lloremos al descubrir el escalofriante informe del Instituto de Bienestar Familiar: desde 2016 a febrero de 2019, este Instituto tuvo a su cargo 35.327 casos de niños violentados mientras que otros 30.631 llegaron a ese Instituto por maltrato físico o psicológico. ¿En qué país vivimos? ¿Y dónde están los violadores? Acaso, ¿en la búsqueda de su nueva víctima? ¿Y por dónde andan esos violadores? ¿Y no hay autoridad posible que los encarcelen para evitar que sigan maltratando a los pequeños? ¿No hay cárceles en Colombia para guardarlos y así evitar que sigan los mismos con sus mismas andanzas? ¿Esta guerra la perdimos los colombianos de bien?

Roguemos a Dios porque esos delincuentes sean severamente castigados. Amén y amén.

 

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