Ester

¿Sexo débil?

¿Fuertes o débiles? Ambas cosas al tiempo. Las mujeres somos un asunto complejo que solo Dios puede comprender.

Antes las mujeres éramos consideradas el sexo débil. Se hablaba de que éramos menos por ser más sensibles o no tener la misma  fuerza física que los hombres. Incluso se dudaba de nuestra capacidad para pensar. Los años han transcurrido y todo esto ha quedado atrás. Hoy las mujeres no solo conseguimos el derecho al voto, sino que incursionamos con mucho éxito en el mundo laboral, pues de acuerdo con un estudio realizado por la Ivy League de Estados Unidos que comprende las ocho universidades más cotizadas de ese país, 57% de los mejores graduados del país son mujeres.

Además, hoy podemos encontrar mujeres más fuertes que los hombres. Los gimnasios están llenos de mujeres súper musculosas y ejercitadas, haciendo énfasis en la fuerza física. Millones de mujeres, además, deben sacar a sus hijos adelante solas, pues han sido abandonadas. Y las mujeres tenemos algo: no renunciamos, no nos rendimos, no nos damos por vencidas.

Tal vez por esto, muchas de nosotras hemos sentido que somos más fuertes, que solas podemos, pues Dios nos ha dotado de capacidades únicas y especiales que los hombres no tienen:

Capacidad multitarea

Somos capaces de realizar diferentes actividades al mismo tiempo, sin confundirnos, estresarnos y sin queja. No significa mucho esfuerzo y todo nos queda bien hecho.

Corazón

La sensibilidad femenina es una extensión de los brazos de Dios. Todas, tengamos hijos o no, tenemos ese instinto para proteger y cuidar a los indefensos. Aunque a veces el corazón no es buen consejero y allí radica nuestra principal debilidad.

Detalle

Los hombres son generales, pero las mujeres nos fijamos en el detalle, en las minucias. Esto permite que las cosas queden perfectas.

Delicadeza

La suavidad y ternura de las mujeres son una muestra.

Tolerancia al riesgo

Evaluamos todos los escenarios antes de tomar una decisión, si lo peor posible es tolerable, ¡nada nos detiene!

Innovación y creatividad

Es difícil aburrirse con una mujer, pues nosotras tenemos el don de reinventarnos continuamente y con esto afectamos positivamente a nuestro entorno.

Planeación

Somos capaces de visualizar el futuro y diseñar el plan y la estrategia incluso para los proyectos más sencillos, esto aumenta las posibilidades de que nos vaya bien.

No podemos solas

Aunque es verdad que Dios nos ha creado con todas estas cualidades y capacidades, muchas nos sentimos constantemente cansadas y agobiadas por la cantidad de tareas que debemos realizar. En Hechos&Crónicas hemos hablado del tema y si usted no lo ha leído, le recomiendo el artículo “El engaño de las mujeres”, de nuestra edición N.93 que profundiza en el tema.

¿Cuál es la razón de ese cansancio? Para Álvaro Romero, médico psiquiatra, quien además es esposo y padre, esto se debe a que “la mujer moderna se ha visto en la encrucijada de enfrentarse a diferentes exigencias, y en muchas ocasiones debe sacrificar trabajo o familia, pues nuestra sociedad exige los dos papeles pero no ofrece las garantías para desarrollarlas”.

Lo que ocurre es que simplemente no tenemos fuerzas. Lo lógico, lo natural es que no vamos a poder con todo, pues ¿quién puede asumir diferentes roles al mismo tiempo sin equivocarse o dejar de lado unos u otros?

Esa es exactamente la clave. Reconocernos débiles. Sí, somos el sexo débil. Pero los hombres también. Todos somos débiles apartados de Dios. Cuando una mujer siente que no puede con todo, lo que le hace falta para fortalecerse es llenarse del poder de Dios.

Dios nos dotó con las capacidades. Él nos capacita, pero debemos cada día orar y pedirle que nos dé fuerzas de búfalo para hacer más cada día. Y que nos llene de su gozo y alegría, porque servir a los demás, comenzando por la familia, debe hacerse con alegría, con entusiasmo, con la dicha de quien se sabe bendecida. Solo así las cosas se mantendrán en orden, la familia funcionará de forma adecuada y tu vida será más radiante que el sol de mediodía. (Job 11:17).

Lo natural es sentirnos cansadas, lo sobrenatural es ver el poder de Dios que renueva nuestras fuerzas cada mañana para levantarnos y salir a comernos el mundo.

Someterse no es debilidad

Hay un punto bastante controversial para las mujeres y es el que se encuentra en Efesios 5:22-24: Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor.  Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y Salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo. Parece que el hecho de tener que someternos a nuestros esposos, cuando estamos llenas de capacidades nos cuesta más cada vez. Dios ha dispuesto una cabeza para nosotras, pero Satanás nos ha engañado haciéndonos creer que no lo necesitamos.

Elizabeth Elliot, reconocida conferencista y escritora sobre el tema de la mujer y la familia, dice lo siguiente: “Entre más mujer seamos, más hombres serán los hombres y Dios será glorificado”.

Para la consejera Isabel Riascos de Arcila, esposa del pastor Mario Arcila y quien por años dirigió el ministerio de Mujer integral en Casa Sobre la Roca Sogamoso, lo que ocurre es que “hoy en día la tendencia es presionar la igualdad de hombres y mujeres a través de minimizar la importancia de nuestra feminidad o la masculinidad de ellos; pero esta depreciación del hombre y la mujer, es una gran pérdida. Es causar un daño tremendo a generaciones de niños y niñas, jóvenes y jovencitas que no saben lo que es ser un hombre ni una mujer.

El reto de la mujer contemporánea es ser una dama valiosa y única, cosa que se ha considerado como pasado de moda e irrelevante y ha sido remplazada por una criatura más moderna, menos cariñosa, mal hecha, y burdamente competitiva. Una dama es una mujer sensible, templada, competente, con ambiciones, pero al mismo tiempo tienen clase y delicadeza. No es un igual al hombre”.

En nuestra intención de dar un paso atrás y dejar que nuestros esposos tomen el liderazgo, Dios obra en nosotras de una manera sobrenatural, que si no nos sometemos, no podría hacerlo. Aunque suene contradictorio, se necesita ser una mujer realmente fuerte para someterse adecuadamente. Las mujeres hemos sido llamadas a ser mujeres, ni más ni menos. A dar la batalla por nuestras familias, a fortalecernos para fortalecerlos, pero también a mostrarnos débiles y humilladas ante Dios para encontrar nuestra fuerza. Después de todo, parece que sí somos el sexo débil… y parece no estar tan mal.

Por: María Isabel Jaramillo – @MaiaJaramillo

Foto: 123RF

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