Editorial

Aló… aló!… aló! ¿Vive usted pegado a su celular? ¡Cuidado!

Los siete mil millones de habitantes del Planeta Tierra atravesamos por los inestables y profundos mares de la economía de la distracción, empujados, a la vez, por las burbujas de la tecnología en sus diversas acepciones.

Es cuando surge la primera inquietud: gastamos demasiado tiempo con el celular en la oreja izquierda, mientras con la mano derecha un lápiz registra los sucesos de la vida para no olvidar afanes y revoluciones mentales. ¡Ah! Los recuerdos, benditos recuerdos.

Divagamos en la era digital que proyecta la revolución de los datos en una secuencia de proliferaciones de hechos innovadores. Hora tras hora el mundo cambia aunque siga igual, pero al cambiar, es otro mundo el que sobresale por los linderos de la vida de cada cual.

La permanente revolución de la tecnología moderna podría llevarnos a ligeros desastres en los que perdemos en la productividad de las empresas. Aunque, claro, si guardamos el celular, tendremos momentos de creativos esparcimientos.

Deberíamos proceder como lo hace un restaurante en Manhattan: al entrar un cliente a almorzar o cenar, encuentra las suficientes casillas cada una con su llave para que el cliente guarde en una de ellas su celular, y al sentarse en su mesa del comedor no se halle en una concentración de clientes en blablabla, sino cada quien compartiendo con los demás en la mesa los diálogos sobre hechos políticos, deportivos, económicos financieros y etc.

Y así, con orden, es cuando aparece Dios, tu Dios, nuestro Dios, para guiar nuestros destinos mediatos e inmediatos.

Dicen quienes saben que uno de los grandes retos de pensar dentro del bienestar digital es, justamente, que la discusión consiga públicos amplios y resonar lejos, muy lejos de la industria de la tecnología. Cualquier conversación pronto saltará a lugares como la inteligencia artificial en redes neuronales y organizacionales para, por ejemplo, manejar el susodicho y popularísimo correo electrónico.

Como van las cosas, los jefes de recursos humanos de todas las empresas del mundo deberían ajustar sus cinturones y no seguir como informa la Universidad de California: “En promedio, cada empleado de oficina, sea donde sea, es interrumpido cada tres minutos por cualquier dispositivo, bien sea su computador cuando suena que llegó un mensaje, o suena el teléfono y otros aparatos, de manera que a hablar se dijo, a veces sobre si ganó su equipo o si nos encontramos esta noche para jugar billar y tomar una cerveza, una, solo una”.

Y ni hablemos de dormir con el celular en su mesa de noche al alcance de su mano. ¿Acaso busca usted enfermarse mientras duerme manoseando su celular? Si esa es una de sus costumbres, acabe con ella porque peligra su vida, esa vida que Dios nos regaló para cuidar y no desperdiciar por nuestra culpa.

Lo triste es cuando al amanecer abro un ojo mientras aprieto el celular para medio enterarme qué pasó en el mundo mientras mis pupilas dormían. ¿Para qué tanto apresuramiento matinal? ¡Para nada! Más bien, los hinchas de Millonarios deberíamos clamar al Señor porque permita un triunfo sobre Santa Fe. Y, en resumen, que vivan los corazones y Bendito sea por siempre nuestro amor y respeto a quien debemos la vida: Dios. Hasta pronto… que será pronto.

Foto: David Bernal / Revista Hechos&Crónicas

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