Hechos

¿Usted sabe cómo orar?

Parece algo sencillo, pero tiene su ciencia. La oración es la comunicación del hombre con Dios y aquello que le permite tener una relación íntima con el creador. ¿Le parece difícil de creer? Las palabras de muchos no alcanzan siquiera a llegar al techo porque no han aprendido a orar correctamente.

¿Qué ocurre? Al parecer, la oración es una de las disciplinas espirituales más subestimadas, pues las personas no consideran importante hacerlo de forma permanente, y muchos solo oran y se acercan a Dios en tiempo de necesidad.

Pero la oración no es solo la repetición de palabras que no entendemos o una manera desparpajada de pensar en voz alta. No, la oración es algo tan importante que los discípulos pidieron a Jesús que les enseñara a orar. (Lucas 11:1).

Aunque claramente no existe una fórmula específica, Jesús nos dio un modelo muy claro sobre cómo podemos tener esa comunicación con el reino de Dios, con el creador de los cielos y la tierra descrito en Mateo 6: 5-15.

De allí podemos sacar 10 valiosas enseñanzas de cómo debe ser nuestra oración:

  1. Oración sin hipocresía

Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Mateo 6:5.

Dios nos creó. Él conoce cada centímetro de nuestro ser y sobre todo, conoce nuestro corazón. ¿De qué nos sirve venir ante Él llenos de hipocresía y apariencias? No podemos esconder nada delante de Dios. Si no somos auténticos con Dios, no podremos serlo con la gente imperfecta En oración somos lo que somos. Desnudamos nuestro corazón ante Dios y Él nos escucha. Él conoce nuestra voz. Solo tenemos que acercarnos con un corazón realmente dispuesto para que nuestro Padre se incline hacia nosotros.

Recordemos la parábola del fariseo y el publicano, donde el primero ora mucho, pero con la intención equivocada, mientras el segundo no sabe qué decir, pero tiene el corazón dispuesto para Dios. ¿Ante cuál de los dos inclinará Dios su oído?

  1. Intimidad con Dios

Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Mateo 6:6.

Cuando queremos tener una conversación profunda con alguien, lo hacemos en privado, en lo secreto, pues así estamos más dispuestos a conectarnos mutuamente. Igual pasa con Dios, para llegar a tener ese tiempo de intimidad con Él, debemos buscar el momento oportuno, el espacio propicio, libres de distracciones (como el celular, por ejemplo) y sobre todo, sin afanes.

Muchas personas tienen un tiempo de oración bastante corto y lo limitan porque deben irse a cumplir con sus obligaciones… como si hablar con el creador de todo fuera menos importante que lo demás.

Tener intimidad con Dios es derramarnos frente a Él, comprender que Dios empieza la oración, pues Él nos habla primero y nuestra respuesta es entregarnos en devoción ante Él.

  1. No es hablar solo por hablar

Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan. Mateo 6:7-8.

La oración no es simplemente sentarnos un momento, decir una serie de cosas, decir amén y salir. Y menos usar “vanas repeticiones”. Dios no necesita palabras elaboradas, que tal vez ni comprendemos.

¡Él es el verbo mismo! Son nuestras propias palabras, por sencillas que parezcan, las que tocan el corazón de Dios Además, el Espíritu Santo nos traduce. Romanos 8:26-27 (NTV) dice: Además, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y el Padre, quien conoce cada corazón, sabe lo que el Espíritu dice, porque el Espíritu intercede por nosotros, los creyentes, en armonía con la voluntad de Dios.

  1. Alabar a dios por quién es él

Ustedes deben orar así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Mateo 6:9.

Orar muchas veces significa traer nuestros problemas ante Dios para que Él, que conoce nuestras necesidades, nos de descanso y nos encamine; pero nuestro tiempo de oración no se puede convertir en una lista de peticiones que le entregamos a Dios como si fuera una lista de compras. Por eso Jesús nos enseñó que la manera correcta de comenzar a orar es alabando a Dios.

Sin importar qué nos dé o si concede nuestras peticiones, debemos alabarlo por quién es Él.

  1. Orar por su voluntad

Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Mateo 6:10.

A veces creemos que al orar estamos torciendo el brazo de Dios para que conceda todo lo que hemos pedido. No es así. Dios tiene caminos más altos y más grandes de lo que imaginamos. En vez de orar por lo que queremos, debemos siempre orar por Su voluntad, seguros de que será lo mejor para nosotros.

  1. Estar en paz con otros

Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Mateo 6:12.

Dentro de la enseñanza de Jesús vemos que lo único que se nos pide hacer para venir a la presencia de Dios, es perdonar y pedir perdón. Es nuestra única obligación, estar en paz con quienes nos han dañado para permanecer en paz con Dios. Una acción dolorosa, pero necesaria.

  1. Fortaleza en la tentación

Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno. Mateo 6:13

La oración de Jesús (quien enfrentó todas las tentaciones comunes al género humano) no es que Dios no permita que se presente cualquier tentación, sino que no nos deje caer en ella. Jesús realmente estaba orando por fortaleza. No podemos orar por una salida fácil, sino por la fortaleza que solo el Espíritu Santo puede darnos para resistir ante lo que se presente.

Una cosa más, si no oramos, somos presa fácil de Satanás

  1. La oración y la queja

Primera queja de Habacuc: ¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? Habacuc 1:2.

La oración de Habacuc: Aunque la higuera no florezca, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! Habacuc 3:17-18.

Cuando revisamos el libro de Habacuc, encontramos que ante la  desoladora situación, Habacuc se quejó ante Dios, no una, sino dos veces. Pero más adelante encontramos la verdadera oración de Habacuc. En tres ocasiones Habacuc habló con Dios, pero las tres no fueron oración.

Dios conoce nuestro corazón, sabe que a veces necesitamos quejarnos pues nuestro corazón está dolido. Él nos ama, y nos permite hacerlo. Pero en algún momento nuestra oración debe cambiar, debe madurar y tenemos que volver a alabarlo. Dejar de quejarnos y comenzar a orar. Cuando Habacuc transformo su actitud, la situación no cambió, pero Él decidió rendirse en adoración ante Dios. Un gran ejemplo para aquellos que mucho nos quejamos. Debemos madurar en nuestra oración pues para aprender a orar, hay que orar.

  1. Declarar Biblia en la oración

Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Efesios 6:12.

Debemos ser conscientes de que estamos en una guerra espiritual. Orar hace que el ambiente en el que vivimos se fortalezca, pero como ya quedó establecido, no debemos repetir palabras vacías y sin sentido, debemos tener una preparación. Dios nos ha dado instrucciones de vida a través de la Biblia, así que para fortalecer nuestra oración debemos llevar una lectura juiciosa de La Palabra que nos dio. Por eso se recomienda leer un devocional de los muchos que hay, llenos de Biblia y reflexiones. Poco a poco iremos conociendo lo que Dios dice de nosotros y al orar, lo iremos incorporando entre nuestras palabras. Así temblarán los cielos y la tierra cuando comencemos a declarar con fortaleza las promesas de victoria que Dios nos dio.

  1. Llevar un diario

Y el Señor me respondió: «Escribe la visión, y haz que resalte claramente en las tablillas, para que pueda leerse de corrido. Habacuc 2:2.

Es importante que cuando usted ore, lleve una especie de diario con lo que lee, con las promesas de Dios y con lo que Él le responde. Esto le ayudará a tener un respaldo cuando las cosas fallen y palabras a las cuales aferrarse en momentos de dificultad. Recordar lo que Dios ha dicho y hecho es una forma de permanecer firme en su fe.

A los seres humanos nos cuesta bastante orar. Es nuestra naturaleza y lo que aprendemos diariamente del mundo. Pero entre menos ganas tengamos de orar, más debemos hacerlo, pues la oración es fuente de vida para nosotros. Los afanes cotidianos nos alejan de ese tiempo de intimidad con Dios, pero para el que quiere, siempre hay un tiempo para orar; no importa si hay que madrugar más, la oración debe ser un anhelo.

Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela. Salmo 63:1 (RV60).

El pastor Darío Silva-Silva repite constantemente que la oración debe ser permanente, pero debe haber un momento fuerte, ojalá temprano en la mañana en el que nos entreguemos a Dios y durante todo el día, pequeñas oraciones que nos conecten con el Padre. “Es como si al orar en la mañana subiéramos los tacos de la luz, y durante todo el día simplemente tuviéramos que encender los interruptores”.

“Si te amó, cuando estabas lleno de corrupción; ¿no escuchará tus oraciones ahora que te ha hecho heredero del cielo?” (Charles Spurgeon).

Por: María Isabel Jaramillo – @MaiaJaramillo

Foto: 123RF

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