Lucas MD

Gula, bocado destructivo

De acuerdo con el diccionario, “la gula es la acción de comer o beber abundantemente y sin necesidad”. El término gula proviene del latín gluttire, que significa engullir o tragar de manera excesiva alimentos o bebidas sin medida.

Es el deseo excesivo, exagerado y descontrolado por la comida y la bebida generando un vicio. Se suele identificar la gula con una persona glotona que come vorazmente pero sin hambre.

También se puede utilizar “gula” en el contexto de un trastorno alimenticio compulsivo, donde la persona no puede evitar comer y beber a escondidas como una manera de ahogar otros problemas.

Uno de los ejemplos más conocidos sobre la gula es el comportamiento de los antiguos romanos cuando tenían banquetes. En este sentido, comían hasta hartarse, luego se dirigían a la ventana más cercana para echar fuera todo lo que habían ingerido y regresaban a la mesa para comer de nuevo.

La gula es un pecado, que como todos los pecados, conduce a la destrucción de la persona. Quienes incurren en él tienden a sufrir de sobrepeso y a tener problemas de salud.

La página gotquestions.org, dice sobre el tema: “La gula parece ser un pecado que les gusta ignorar a los cristianos. Estamos listos para etiquetar como pecados el fumar o beber, pero por alguna razón la glotonería es aceptada o al menos tolerada.

Muchos de los argumentos usados contra  el fumar y tomar, tales como la salud y la adicción, se aplican igualmente al comer de más. Muchos creyentes ni siquiera considerarían tomar un vaso de vino o fumar un cigarro, pero no vacilan en atiborrarse de comida en la mesa, hasta el punto de sentirse que van a explotar. ¡Esto no debe ser así!

Proverbios 23:20-21 nos advierte, No estés con los bebedores de vino, ni con los  comedores de carne; porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el sueño hará vestir vestidos rotos. Proverbios 28:7 declara, El que guarda la ley es hijo prudente; más el que es compañero de glotones avergüenza a su padre. Proverbios 23:2 proclama, Y pon cuchillo a tu garganta, si tienes gran apetito.

Los apetitos físicos son una analogía de nuestra habilidad para controlarnos a nosotros mismos. Si somos incapaces de controlar nuestros hábitos alimenticios, probablemente también somos incapaces de controlar otros hábitos como los de la mente (lascivia, avaricia, ira), e incapaces de guardar nuestra boca del chisme o del confl icto. No debemos permitir que nuestros apetitos nos controlen, sino más bien debemos ejercer control sobre nuestros apetitos. (Ver Deuteronomio 21:20, Proverbios 23:2; 2 Pedro 1:5-7, 2 Timoteo 3:1-9, y 2 Corintios 10:5) La habilidad de decir “no” a cualquier exceso – el “auto-dominio”— es uno de los frutos del Espíritu que es común para todos los creyentes (Gálatas 5:22).

Dios nos ha bendecido al llenar la tierra con alimentos que son deliciosos, nutritivos y aún placenteros. Debemos honrar la creación de Dios, disfrutando de estas comidas, y consumiéndolas en cantidades apropiadas, a la vez controlamos nuestros apetitos, en vez de permitir que ellos nos controlen.

La página web arthritis.org dice acerca de la gula: “Casi todos, al menos de vez en cuando, recurren a la comida por alguna razón ajena a estar hambriento. Reconocer qué lo incita a comer cuando su cuerpo no necesita nutrición puede explicar el desconcierto del por qué la báscula no se mueve y baja de peso. Examínese rigurosamente en sus hábitos alimenticios para ver si alguna de estas razones revela porque no ha podido adelgazar.

1) Sus emociones están a flor de piel

En lugar de lidiar con los perturbadores sentimientos de ira, tristeza, estrés, aburrimiento o soledad, muchos recurren a la comida. El comer como anestesia emocional constituye el 75% de la ingesta en exceso y de los fracasos al seguir dietas para adelgazar, según la Clínica Cleveland y sus estudios de nutrición. Cuando usamos la comida para consolarnos a costa de nuestro detrimento, es momento de enfrentar el lado emocional de la gula, asegura la psicoterapeuta y especialista en nutrición deportiva Lisa Dorfman, quien además funge como profesora de la Universidad de Miami.

¿Qué puede hacer? “simplemente estar consciente de cuáles emociones le incitan a comer de más le ayudará a parar”, agrega.

Trate de llevar un diario de comidas para determinar qué sentimientos lo acompañan a la despensa. Una vez que note un patrón de conducta, como tomar dulces para aliviar el estrés o los alimentos que le provocan nostalgia como los fideos de la Tía Ana que hacen que añore a la familia que vive lejos, tendrá la oportunidad de responder a esos sentimientos con otra cosa que no sea comida. Pruebe jugar con su perro, tejer o llamar a un amigo. Al encontrar una salida positiva a sus emociones negativas, no solo evitará los obstáculos para adelgazar, sino que también realizará algo bueno.

2) Sus malos hábitos dominan su vida

Abre el refrigerador cada vez que entra a la cocina. Come todo el día y casi nunca se sienta a la mesa para comer. Deja limpio el plato. Coge una bolsa de papitas para ver su programa favorito en la tele. Cuando se trata de comida, las malas conductas pueden llevarlo a arriesgar la vida en el peor de los casos o al menos resultar devastador para a su guardarropa.

¿Qué puede hacer? Identifique los hábitos que sabotean su dieta al analizar su diario de comidas. Una vez determinadas las situaciones, horas del día o desencadenantes que le incitan a comer sin darse cuenta, puede dedicarse a destruir las conexiones entre esos factores desencadenantes y los alimentos que consume.

Prepárese de antemano: en vez de acudir regularmente a la máquina expendedora del trabajo por un refrigerio a media mañana, traiga unas galletitas integrales de bajas calorías o una manzana.

Establezca reglas: superar la gula significa no comer mientras ve televisión.

Fíjese: no pique mientas cocina ni siga masticando luego de terminada la comida llevándose a la boca “las sobras” de lo que quedó en las ollas.

Cambie la decoración: esa bombonera luce hermosa en la mesita de la sala, pero le cuesta 400 calorías al día cuando está llena de caramelos.

Para superar la gula es necesario confesar el pecado a Dios, pedirle perdón y la ayuda sobrenatural para vivir con dominio propio y disciplinarse para comer con equilibrio y no de manera desmedida o sin hambre. Adicionalmente, es necesario pedirle a Dios que llene todo vacío de su amor, que quite toda ansiedad y llene el corazón de su paz y no de comida en exceso.

Por: Andrés Felipe Rangel Gómez – @feliperangel81.

Foto: depositphotos

Share:

Leave a reply