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Más que esposos, cómplices

Si quiere que su relación de pareja fluya, apuéstele a la complicidad para descubrir el secreto de permanecer enamorados y vivir como en los cuentos “felices por siempre”.

Caminaba por el supermercado después de una discusión con mi esposo. Furiosa, me alejé por otro pasillo y para calmarme me acerqué a los libros. ¡Divórciate! Me gritó uno de ellos escrito por Erika  Ramelli Martínez. ¿Cómo? No puedo negar que sentí que era una señal divina. Pero poco a poco respiré y hasta me reí de mi suposición.

No tengo idea de qué trata el libro (creo que de cómo soltar situaciones tóxicas), pero tengo perfectamente claro que el divorcio no es una opción para mí y creo que no debería ser para muchos, pues es la salida fácil, significa dejar de luchar. Dejar hasta ahí y cortar por lo sano. ¿Para qué hacernos más daño? ¿Para qué complicarnos?

Al parecer muchos piensan así. De acuerdo con Notariado y Registro, los divorcios en Colombia aumentaron un 39% desde 2014 y los matrimonios son solo 3,3%. Parece ser que cada vez más personas sienten el matrimonio como algo efímero.

Las mujeres cada vez somos más independientes y entre comillas, necesitamos menos de los hombres. Según el Dane, 43,3% de las mujeres en Colombia son  económicamente activas y aproximadamente 9,4 millones de mujeres cuentan con un empleo. Es decir, que eso de que las mujeres nos casamos por conveniencia o por necesitar quién nos mantenga para salir de nuestras casas, ya no ocurre. Además, la mayoría disfrutamos de nuestras carreras, así que casarnos no es un tema económico. Y es precisamente esa independencia la que lleva a que casarse sea un tema consciente, una decisión y no una obligación.

El matrimonio se trata de saber escoger con quién reír, de ser cómplices. De comprender con una mirada lo que le pasa al otro y poder solucionarlo con una sonrisa.

¿Aburrido o encantador?

La sociedad dice que es aburrido permanecer casado por muchos años con una misma persona, pero por algo Dios dice en Su Palabra: Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales. Hebreos 13:4.

Permanecer casado es un reto para valientes, definitivamente no es para todo el mundo. Después de los primeros años que traen el acoplamiento y las peleas de inmadurez, la pareja va encontrando un punto de no retorno en el que tendrán que decidir si vale la pena seguir unidos. Diversos estudios dicen que esto ocurre cerca de los siete años y otros más dicen que es cada siete años, pues es cuando se pierde el encanto que tenía el otro y comienzan a aparecer las expectativas no satisfechas. Los expertos aseguran que si la pareja logra superar esta crisis, permanecerán unidos siete años más, hasta que llegue la siguiente.

Esto, en mi humilde concepto, no es más que un absurdo. Permanecer casado con la misma persona es un sueño, solo se trata de encontrar el lado encantador.

Es más, cuando se ha estado casado largo tiempo con la misma persona, se desarrolla un lenguaje que solo los dos pueden entender y esto solo se logra cuando se alcanza el punto de la complicidad. Una mirada, una sonrisa, un pequeño toque o una sola palabra bastan para comprender al otro.

Nada puede igualar esa sensación que únicamente aparece cuando la solidaridad e intimidad se unen y crean un vínculo especial entre los dos, que precisamente se conoce como complicidad.

Por supuesto, todos queremos conocer el secreto para permanecer enamorados, pero la realidad es que no existen fórmulas mágicas. Solo pequeños consejos que a muchos han funcionado.

El primer consejo, (que por supuesto no es pequeño), es cimentar la relación sobre la Roca que es Jesús. No importa si no fue así desde el principio, nunca es tarde. Tener primero una relación íntima e individual con Dios es el principio para que la relación de pareja funcione.

Pero además, hay pequeñas cosas que se pueden hacer para abonar esa complicidad. Por ejemplo, es vital que nunca se pierda ese deseo mutuo de conocerse. Que no se pierdan las largas conversaciones ni las risas. El sentido del humor y aquellas pequeñas bromas que solo conocen los dos, son ingredientes fundamentales para mantener vivo el interés.

Una persona sonriente siempre resulta atractiva. No dejar que el buen humor huya de su relación, al contrario, contarse anécdotas y reírse juntos los ayudará a mantenerse unidos, pues la risa refuerza los vínculos afectivos.

Una de las claves más importantes es preocuparse por el otro. Si cada uno se centra en su propia felicidad, el egoísmo no permitirá que el amor crezca. Por el contrario, si los dos se esfuerzan por hacer feliz al otro, ¡pues ambos serán felices! Es la entrega y no el egoísmo lo que permite que vuelvan a enamorarse cada día.

Otro punto importante es no confundir intimidad con sexo. Ni reducir su relación a qué tan buenas o frecuentes son sus relaciones sexuales. Pensar que la intimidad de pareja solamente se refiere a sexo es un gran error, pues la intimidad va mucho más allá hacia el plano emocional. Pero dejar de lado el área sexual también es un error garrafal. Mantener el deseo sexual es pilar fundamental en la complicidad, porque es el área más íntima de la pareja, donde solo los dos se conocen. Por eso la pasión e interés sexual no debe bajar con el paso del tiempo ni el cambio de los cuerpos, pues una pareja que realmente se ama sabe aceptarse y aprende a acoplarse de tal forma que la sexualidad no es solo física, sino también emocional.

El tiempo juntos también es fundamental. Expertos dicen que las parejas deben salir solas por lo menos una vez por semana, en especial si tienen niños. Realmente son muchas las parejas que dejan este punto de lado, pero es primordial buscar el espacio para compartir esos planes en común, para contarse cosas que no han tenido oportunidad de hablar y para abonar esa admiración mutua.

He tenido la bendición de estar casada por casi 13 años y puedo asegurar que no es nada fácil, como dije, es un reto solo para valientes. Pero también puedo decir que he comprobado aquello que dice la Biblia de que el amor jamás se extingue, pues hemos superado grandes pruebas y el amor, en vez de apagarse ha ido mutando hacia algo cada vez más sólido y estable.

Ese día, cuando mi esposo me encontró en el supermercado le mostré el libro. Creo que con solo mirarme comprendió lo que quería decirle. “Divórciate”, leyó. Y luego dijo “No, gracias. Casado soy más feliz” y esa simple frase bastó para comprender que estoy con quien debo estar.

Por: María Isabel Jaramillo – @MaiaJaramillo

Foto: Archivo

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