Lucas MD

Reduzca medidas sin perder la cabeza

La conducta humana está marcada por una constante necesidad de encajar en estándares autoimpuestos. Nos estiramos y moldeamos, como masilla flexible, a la imagen de una sociedad que cada día parece inventar nuevas maneras de alimentar el proceso de oferta-demanda. Dominados por la necesidad primaria de destacar, de lucir bien y de ser diferentes, somos arrastrados por una marea de publicidad, estrategias de mercadeo y modas que no siempre son buenas o necesarias.

A lo largo de casi todo el siglo XX, fumar era no sólo una moda sino una actividad común y corriente, un hábito esperado y aceptado en torno al cual giraban charlas, encuentros sociales y una simple costumbre que podía reconstituir la dignidad de cualquiera.En torno a una boquilla de cigarrillo y el humo amargo de la nicotina había un refinamiento y una elegancia que podía decirlo todo de una persona.

¿O acaso no ha visto usted en la gran pantalla al diestro detective, con su gabán y su sombrero que le oculta la sombría mirada, llevarse un puro a los labios mientras exhala un vaho, sólo para decir a continuación algo de suma importancia y que despierta en las damas un idealismo romántico?

Los anuncios de cigarrillo, como muchas otras modas posteriores, poblaron el cine, la televisión, las vallas publicitarias, siempre con una idea alentadora e inspiraciones acerca de lo cool del tabaco. Pero, ahora, sólo es un horrible vicio prohibido que merma lentamente la salud de los pulmones, convirtiéndolos con cada calada en una masa oscura y arrugada que acarrea enfermedades que pueden ser fatales. Evitamos ese vicio, que antes brindaba tanto caché.

Y como el consumo de cigarrillo, otras modas se han sucedido y nos hemos amañado a ellas, muchas veces sin investigar más, sin detenernos a pensar en si realmente nos convienen.

En las décadas de los setenta y ochenta fue la droga. Alcanzó su apogeo con tal fuerza que abrió un nuevo mundo de posibilidades para todo tipo de mentes criminales. Con los sonidos seductores del heavy metal, el rock and roll y las bandas norteamericanas de atractivos rostros, parte de las inhibiciones por el sexo y el consumo desmesurado de sustancias desapareció, dejando una profunda huella en nuestra memoria colectiva.

Desde hace unos años hemos olvidado poco a poco aquellos hábitos que tan evidentemente nos destruyen para dar paso a un nuevo abanico de modas que están cimentadas en el culto al cuerpo y el cuidado de la salud.

Bombardeados por cuerpos perfectos en las redes sociales, rostros de pieles de alabastro y estilos de vida que encandilan nuestras tentaciones, hemos dado paso al fitness, a las dietas y el afán por esculpirnos como si fuéramos arcilla. Sin proclamarlo a los cuatro vientos, deseamos ser unos David de Michelangelo vivientes. Todo en nuestras vidas, desde nuestra apariencia hasta nuestro bolsillo, debe exudar belleza y sensualidad, a partir de un esfuerzo tan marcado y un ansia por un aspecto saludable, que a veces nos embarcamos en desafíos dietéticos y corporales que sobrepasan lo apropiado. La dieta cetogénica -o keto, por su traducción al inglés- es uno de los regímenes de alimentación más en boga. Es una dieta baja en carbohidratos que genera cetosis, de acuerdo con el portal dietdoctor.com. Fue creada con fines terapéuticos. Hace un tiempo, especialistas se dieron cuenta de que los pacientes con epilepsia presentaban mejoría cuando restringían las calorías y pasaban un largo período de ayuno; así, aplicando una dieta cetogénica –donde el principal combustible son las grasas y las proteínas-, se recreaba un ambiente químico interno similar al que se produce cuando hay un ayuno prolongado, lo cual favorecía la salud de estas personas, sin necesidad de privarlos de la comida.

Pero, de acuerdo con la coach de nutrición venezolana y experta en fitness, Sascha Barboza, en los ayunos prolongados y las dietas cetogénicas se fuerza al cuerpo a producir ATP, que es la moneda de intercambio por excelencia a partir de grasa y no de glucosa, que es como normalmente ocurre.

“En una dieta normal, donde se equilibran los macronutrientes, la principal fuente de energía proviene de la glucosa y de la descomposición de los carbohidratos, y luego, en segundo plano, a través de la grasa. En estas dietas, el principal combustible son las cetonas y la grasa natural. En síntesis, cuando llevas una dieta cetogénica, lo que ocurre es que bajan considerablemente los niveles de glucosa en sangre, se agotan las reservas de glucógeno, por lo que se obliga al cuerpo a utilizar la grasa como combustible. Podría ocurrir esto cuando se da un proceso de producción de ATP del cual el cuerpo no se vale inmediatamente para tener energía, sino que debe pasar un período de adaptación”.

La experta explica en su canal de YouTube que los efectos secundarios de una dieta cetogénica pueden ser contraproducentes. En principio, durante dicho período de adaptación y debido a la evidente falta de combustible en el organismo, se puede experimentar un descenso abrupto en los niveles de energía. “A nivel mental te agotas muchísimo, porque el cerebro sólo usa 50 gramos de glucosa al día, y cuando estás en estas dietas cetogénicas tiene que pasar un tiempo para que el cerebro empiece a usar las cetonas”. Las consecuencias iniciales de este régimen alimenticio para perder tallas son: irritabilidad, cansancio excesivo, falta de concentración e incluso es posible experimentar cefaleas.

A propósito de las variables asociadas a la dieta cetogénica, el doctor Marcelo Campos, profesor de medicina de la Universidad de Harvard, escribió un artículo titulado: “Dieta cetogénica: ¿Es la última dieta baja en carbohidratos buena para usted?”, según reseñó el portal de noticias de la BBC, en el cual explora algunas de las consideraciones más importantes que deben tenerse en cuenta al ponderar la viabilidad de llevar este tipo de régimen alimenticio.

En principio, dice el experto que es una dieta difícil de seguir y puede ser muy dependiente de las carnes rojas y otros alimentos grasos, procesados y salados, los cuales pueden llegar a ser muy poco saludables. Tampoco se sabe mucho acerca de sus efectos a largo plazo, aunque sí se ha confirmado sus efectos positivos en la salud de los pacientes con epilepsia, de acuerdo con un estudio publicado en el año 2008 por la revista The Lancet Neurology. Además, Campos afirma en su trabajo que “es importante recordar que las dietas “yo-yo”, que conducen a una rápida fluctuación de peso, se asocian con un aumento de la mortalidad.

No obstante, hay ideas contrapuestas  en el campo de la medicina y la nutrición, acerca de las cetonas. Algunos estudios apuntan a que este tipo de alimentación mejora la memoria y la esperanza de vida, según indica el  portal lavanguardia.com.

En 2010, el biólogo molecular Eric Verdin cambió la forma en que se pensaba acerca de los cuerpos cetónicos al descubrir que uno de ellos, llamado beta hidroxibutirato o BHB, estaba enviando señales y modificando vías moleculares en el cerebro para reducir la inflamación y otros daños causados por los radicales libres. Los investigadores pensaron que el BHB podría tener propiedades antienvejecimiento y que sucedería lo mismo con las dietas cetogénicas, publicó el medio.

Pero, a su vez, otros especialistas dudan de sus bondades para el cuidado de la imagen y la salud. “Resulta arriesgado asegurar sus beneficios por la agresividad de su puesta en marcha para nuestro cuerpo”, dice la dietista Nélida Fernández Puertas, de acuerdo con La Vanguardia.

“En cuanto a sus ventajas, la dieta cetogénica puede mejorar el perfil lipídico al reducir los niveles de triglicéridos y de colesterol total. Los cuerpos cetónicos promueven la ausencia de hambre, lo cual fomenta sin duda la pérdida de peso al reducir las ingestas alimentarias”.

“Pero tiene desventajas importantes. El escaso aporte de vitaminas, minerales y fibra –restringen notablemente el consumo de frutas y vegetales para lograr el estado de cetosis–, el desarrollo de estreñimiento, la frecuencia con que se sufre de mal aliento o halitosis dada la elevada producción de cuerpos cetónicos, o la presencia de cansancio o fatiga debido a la escasez de hidratos son algunas de ellas”, ahondó la especialista en nutrición para el prestigioso medio de comunicación.

Este cúmulo de contradicciones en torno a un sistema de alimentación que se ha convertido en tendencia, gracias a la popularidad dada principalmente por celebridades y personalidades del mundo de la estética, nos invita a un estudio  concienzudo acerca de lo bueno o malo que puede llegar a ser el incluir una dieta como esta en nuestro día a día.

Y es que no hay una prueba contundente acerca de su eficiencia en el proceso de pérdida de peso, el cual puede ser igual de rápido y efectivo a largo plazo con una dieta menos agresiva de naturaleza tradicional, explica la especialista Fernández Puertas.

Como cristianos, debemos recordar, antes de dejarnos conducir a caminos desconocidos por ritos de belleza y modas surgidas intempestivamente, que nuestros cuerpos son templo y morada del Espíritu Santo. Dice 1 de Corintios 10: 23: Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica.

Puede que usted esté consciente de lo perjudicial que es llevar una vida sedentaria, consumir alimentos altos en calorías y carbohidratos que pueden conducir a enfermedades crónicas, como la diabetes y diversos problemas cardiovasculares, y, en resumen, llevar con hastío una rutina hedonista en la que su cuerpo y su mente se deterioran a una velocidad mayor a su proceso de envejecimiento natural. Pero también debe recordar que todos los extremos son nocivos y que no debemos dejarnos arrastrar por rumores o prácticas extendidas en internet que afirman ser efectivas, sin el aval de un médico.

Como sugiere el doctor Marcelo Campos, de la Universidad de Harvard: “En lugar de seguir la próxima dieta que se vuelva popular y que dure sólo unas pocas semanas a meses (para la mayoría de la gente y eso incluye una dieta cetogénica), trate de involucrarse en un cambio que sea sostenible a largo plazo. Una dieta equilibrada, sin alimentos procesados, rica en frutas y verduras muy coloridas, carnes magras, pescado, granos enteros, nueces, semillas, aceite de oliva y mucha agua parece tener la mejor evidencia para una vida larga, más saludable y vibrante”.

Por: Verushcka Herrera R | @vhequeijo.

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