Hechos

El peligro de leer la Biblia al pinochazo

Muchas personas no se toman enserio las Sagradas Escrituras, tratan la Biblia como si fuera un horóscopo, la abren al dedillo para conocer supuestamente los designios de Dios para su vida y la tratan como un libro de adivinación.

Imaginémonos que lo acaban de echar del trabajo y está pasando por una depresión terrible, no tiene dinero y como dicen muchos, está “la inmunda”; así que empuña la Biblia que está a la entrada de su casa o apartamento abierta en el Salmo 91 (dizque para ahuyentar a los ladrones) y se va a su cuarto para tener “revelación Divina”; respira hondo, se sienta en su cama, la pone cerrada encima de sus piernas y dice: “Señor, ¿qué quieres que haga?” Así que abre su Biblia al pinochazo y se encuentra con Mateo 27:5 Entonces Judas arrojó el dinero en el santuario y salió de allí. Luego fue y se ahorcó. Queda usted tan asombrado con lo que acaba de leer que vuelve a abrir su Biblia al azar y se encuentra con Juan 13:27b —Lo que vas a hacer, hazlo pronto —le dijo Jesús. ¿Sería usted capaz de ahorcarse porque se lo dijo Dios?

Cuidado con la bibliomancia

Etimológicamente proviene del griego biblon (libro) y mantéia (adivinación). La Real Academia de la Lengua define “bibliomancia” como: “forma de adivinación que consiste en abrir un libro por una página al azar e interpretar lo que allí se dice”.

Este método de vaticinio tiene su origen en el Imperio romano, pero resurge con vigor en la Edad Media, donde era usada la Eneida de Virgilio. Sin embargo, la historia resalta que la Biblia es uno de los libros más apetecidos de los bibliomantes hasta el día de hoy.

Así que mucho ojo con leer la Biblia al Pinochazo, este no es un libro mágico y debe respetarse. Las Sagradas Escrituras no deben usarse para predecir el futuro o para pronosticar cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas. Es un libro que debe leerse con inteligencia: Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia: 2 Timoteo 3:16.

Leer la Biblia únicamente en momentos de emergencia, no le hace bien a su vida. No hay bendición más grande que comer todos los días ese pan diario y fresco que renueva y guía nuestra vida. La Biblia es esa lámpara que siempre debe estar encendida. La Palabra de Dios puede estar presente todo el día si la memorizamos y meditamos en ella.

El pastor Darío Silva-Silva siempre repite a su congregación que “un texto fuera de contexto es un pretexto”. ¡Y sí que es cierto! Así que cada vez que lea la Biblia pregúntese: ¿qué dice?, ¿qué significa? y ¿qué aplicación tiene para su vida? Bondad es luz “Pero, ¿cómo saber lo que realmente agrada al  Señor? ¡Leyendo la Biblia! En ella, precisamente, encontramos claves maravillosas de vida y conducta por doquier. He aquí un buen ejemplo: Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz. Efesios 5:8-9 (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad).

Los cristianos no solo andamos en luz, sino que ‘somos luz’ directamente; por lo tanto, se supone que tenemos la claridad suficiente para comprobar lo que agrada al Señor, lo que le produce alegría, lo que le da complacencia. Por otra parte, aquí se está diciendo algo trascendental: la luz es un árbol que da fruto, un fruto que alumbra. Y, ¿cuál es ese fruto resplandeciente? Pablo dice expresamente que el fruto de la luz es bondad, justicia y verdad. La verdad y la justicia están íntimamente vinculadas a la bondad.

Todos los días, al despertar, dígase a sí mismo: ‘Yo soy luz en el Señor, hoy viviré como hijo de luz’. Hay que leer completas las Escrituras, escudriñarlas, entresacar su significado profundo. No es eso lo que se hace hoy, cuando la Palabra de Dios se consulta al azar, en una peligrosa ‘bibliomancia’ que abre la puerta al espíritu de adivinación”: Aparte del libro El Fruto Eterno del Pastor Darío Silva-Silva.

Las personas que leen la Palabra de Dios al alzar…

– Reflejan su falta de fe y confianza en Dios porque no saben qué pasará mañana.

– No confían en la Soberanía de Dios.

– Tienen temor disfrazado de fe.

– No se interesan en lo que Dios realmente quiere hablarles a su vida.

– Son afanadas, solo quieren “respuestas” rápidas para “calmar” su preocupación.

Por: Jennifer Barreto  – @BarretoJenn

Foto: 123RF

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