Proverbios

El pecado más atractivo

La sexualidad es sin duda alguna uno de los regalos más grandes que Dios dio a la humanidad, pero también es uno de los temas que más lleva a pecar. ¿Cuál es la razón?

La seducción, el impulso, el deseo… no en vano la publicidad se aprovecha de forma casi interminable de ese dulce placer que generan el erotismo y la sexualidad. Sin embargo, el sexo mal comprendido (y mal aplicado) se traduce en un grave pecado contra el propio cuerpo que ofende a Dios.

Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. 1 Corintios 6:18-20.

En Colombia las cifras de pecados sexuales son alarmantes. De acuerdo con un estudio de la Universidad de La Sabana, 28% de los hombres y 18% de las mujeres inician vida sexual antes de cumplir 18 años. Ellos inician su sexualidad entre los 13 y 14 años y ellas entre los 15 y 16. Por su puesto, antes de casarse, pues la edad promedio en la que se casan los colombianos es de 30 años y la virginidad parece una virtud mandada a recoger.

Peor aún. Cuando ya están casados (o conviven en unión libre), Colombia se convierte en el país más infiel de América Latina. Por género, los hombres superan a las mujeres en cuanto a infidelidad: 37% de los hombres en Colombia han sido infieles, contra 22% de las mujeres. Ni hablar de la pornografía que alcanza cifras del 76% en hombres y 24% en mujeres.

¿Por qué nos gusta tanto el sexo?

La respuesta podría traducirse en mero placer, pues sin lugar a dudas tener relaciones sexuales nos transporta a través de múltiples sensaciones que no experimentamos prácticamente con ninguna otra actividad. Los psicólogos coinciden en que este placer puede ser interpretado en su sentido más amplio, es decir, no sólo desde un punto de vista físico, sino también personal y social, de igual manera que una comida en un restaurante lujoso o un viaje a un destino paradisiaco.

Pero además del placer, existen otras razones por las que el sexo es tan agradable. Por ejemplo, el orgasmo alivia la tensión acumulada durante las llamadas fases de excitación y de meseta, y libera endorfinas que nos hacen sentir un bienestar instantáneo.

Por lo mismo ayuda a relajarse y a conciliar el sueño pues las hormonas liberadas durante el orgasmo son relajantes, como es el caso de la oxitocina y el DHEA.

Otra razón es claramente el deseo de reproducirse, o mejor, de convertirse en padres, pues genera mayor placer a la hora de entablar una relación sexual. Además, el sexo mejora la autoestima, satisface la necesidad de afecto pues como señaló el reconocido autor B.C. Leigh , se trata de la mejor manera de expresar (y por lo tanto, sentir) el amor por nuestra pareja, por lo mismo alivia la sensación de soledad y desamparo.

Una vida sexual activa también se traduce en mejor salud pues las hormonas liberadas durante el orgasmo favorecen la aparición de determinados anti cuerpos que protegen al organismo de enfermedades, así lo señaló un estudio realizado por científicos de la Universidad de Pennsylvania. Las personas que practicaban sexo una o dos veces por semana gozaban de un nivel mayor de inmunoglobulina A (IgA), vital para protegerse de la gripa o los resfriados y quemaban entre 200 y 600 calorías durante cada encuentro, lo equivalente a caminar por 30 minutos.

Además, otro estudio británico publicado en el British Medical Journal señaló que la frecuencia de los orgasmos está relacionada con la esperanza de vida, al menos en los varones: según el estudio, aquellas personas que tenían más de un orgasmo al mes gozaban de un riesgo de mortalidad inferior al 50% que aquellos que no alcanzaban esa frecuencia. Eyacular con regularidad también previene el cáncer de próstata.

Si es tan bueno… ¿por qué es pecado?

Lo que ocurre con el sexo es lo que pasa con la mayoría de situaciones caóticas de la vida: las personas decidieron sacar a Dios de la ecuación y actúan de acuerdo con las normas sociales donde lo normal no es lo correcto sino lo que todo el mundo hace.

El pastor Darío Silva-Silva, en su libro “Sexo en la Biblia” responde la pregunta con total claridad: “El sexo es bueno y, a través de él, Dios ha delegado en el hombre parte de su capacidad creadora para generar nuevos seres, pero Dios reglamenta todo cuanto crea, y es salirse de sus reglamentos lo que hace que las cosas funcionen mal”.

Los seres humanos somos completamente sexuales, pues Dios nos diseñó para disfrutar ampliamente de nuestros encuentros y gozar de sus múltiples beneficios. Y claramente, Dios no se equivoca. Lo que ocurre es que Dios delimitó el sexo para ser practicado en una relación matrimonial monógama y heterosexual. Lo que se salga de este lineamiento traerá consecuencias desastrosas.

El pecado más atractivo, el más practicado

A pesar de no tener cifras, los consejeros al interior de la iglesia coinciden en que los pecados sexuales son los más comunes y también los más difíciles de confesar. “Cuando alguien tiene un pecado referente a la parte sexual se le nota porque es más retraído y le cuesta mucho abrir su corazón durante la consejería, pero cuando lo cuenta es como si se liberara de una gran carga”, afirma Paula Arcila, consejera de jóvenes.

Esa carga a la que se refiere la consejera no es una carga simplemente física, sino una que afecta todo lo que somos. Dios nos creó con un cuerpo, una mente y un espíritu. Estas tres partes están completamente entrelazadas. Cuando usamos nuestros cuerpos para hacer cosas fuera de la voluntad de Dios, no sólo se afecta nuestro cuerpo, también nuestra mente y nuestra alma. Y en alguno de esos tres niveles (o en los tres) comenzamos a sentir dependencia, vivir en desorden y afectar nuestro entorno. Dejamos de disfrutar para comenzar a sufrir las consecuencias del sexo que no ha sido bendecido por Dios.

Dios quiere que evitemos el pecado sexual. 1 Tesalonicenses 4:3 dice: La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios.

Cuando la sexualidad se da en el marco del matrimonio, lo que se experimenta no es solo placer físico sino una unión profunda entre dos seres que se aman. No existe un momento más sublime para una pareja que expresar su amor. ¿Por qué privarnos de ese disfrute a largo plazo por unos cortos momentos de placer que se desvanecerán?

Si estamos a punto de caer en pecado sexual (masturbación, pornografía, infidelidad, promiscuidad, sexo antes del matrimonio, etc), Dios siempre nos da esperanza y una salida: Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fi n de que puedan resistir. 1 Corintios 10:13.

Resistamos, seamos implacables con la tentación. El mundo actual nos estimula a ser débiles con el pecado, pero Pablo nos da una luz sobre lo que debemos hacer: Así que yo no corro como quien no ti ene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado. 1 Corinti os 9:26-27.

David Hormachea, pastor especializado en temas de familia recomienda: “Si desea tener una vida conyugal saludable, (sin importar si ya está casado o aún es muy joven para casarse) abandone la satisfacción de sus pasiones fuera del vínculo matrimonial aunque no sea fácil y busque ayuda profesional para saber cómo restablecer su relación de santidad aunque sea muy difícil”.

Si hemos caído en pecado sexual, Dios siempre está dispuesto a perdonar. Lo único que se requiere es una actitud sincera de nuestro corazón, pues Él nos perdona y transforma por Su gracia. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. 1 Juan 1:9.

Por: María Isabel Jaramillo – @MaiaJaramillo

Foto: Freepik

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