Testimonios

La luz de Dios en medio de la tormenta

Atravesando una crisis matrimonial, familiar, laboral, económica y de salud, no podía pensar en otra cosa sino en problemas, en el caos que se había convertido mi vida en un mes.

Después de tener los empleos más confortantes en lo profesional y económico, un matrimonio tranquilo y una salud envidiable (a pesar de mi sobrepeso), me levanté una mañana y tenía un apartamento lleno de desorden, un esposo que era una carga para mi vida, unos padres que a duras penas me saludaban, cero pesos en mi billetera y media cara paralizada por el estrés; pero aún Dios en su infinita misericordia me seguía dando las ganas para luchar por mi salud (en ese momento para criar a mis hijas no por mí, porque mi autoestima estaba por el suelo).. trataba de asistir juiciosamente a mis clases de zumba como herramienta para combatir mi sobrepeso y escapar, al menos por 90 minutos del desastre que tenía en mi casa.

Terminando la clase del jueves a las 9:30 pm, comenzó MI DIOS, a contarme en voz alta dentro de mi cabeza todos los planes que tenía para mí y para mi familia, y hasta los que tenía para la amiga por quien tantas veces luché, oré, trabajé, me desvelé, lloré… otro largo testimonio con el que Dios deja claro en mi vida que el dar, entrega más que con el agradecimiento inmenso que genera el recibir.

Yendo hacia mi casa, Dios me puso en la mente y corazón compartir con ese pequeño grupo de personas con las que me ejercitaba, esa experiencia por la cual Dios a través de mí, pudo bendecir la salud de muchas personas, y comenzó esta gran tormenta… tormenta de bendiciones que solo Dios podía sacar de tanta tristeza y dolor.

Mi Señor me decía: “envía tu tarjeta (soy nutricionista dietista, especialista en nutrición y promoción de la salud), envía tus fotos de testimonio (pasé de 64 a 49 kilos en cuatro meses), envía un resumen de tu trabajo y experiencia…a las 10:30 pm, tenía ¡158 mensajes de WhatsApp! Nunca se me olvidará ese número porque nunca antes había pensado que se podían recibir tantos mensajes y al siguiente día en el comedor de mi casa, en ese consultorio improvisado, con mis hijas gritando y peleando, con desorden pero con Dios a mi lado, atendí pacientes hasta las 12:30 am, después de haber comenzado a las 7 am…

En los segundos que tenía para ir al baño, Dios me decía cómo cobrar, cómo construir los planes de tratamiento, cómo ejecutar todo, a dónde ir a pedir alquilado un consultorio sin dinero pero con el Rey más rico del mundo como mi proveedor y respaldo total. No dudé ni un minuto en poner la cara para comenzar a practicar exámenes, solicitar suplementos nutricionales, hacer canales con especialidades médicas y con coach especializados en actividad física.

Hoy, existe un lugar para controlar desde todos los ámbitos la salud donde nuestro único jefe es Dios, el Rey del oro y la plata; y aunque estoy llorando al escribir este pequeño resumen, seguiré obedeciendo a esa cita bíblica que me dio cuando creí que todo estaba perdido: Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados. Solo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella para nada; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. Josué 1:6-8. ¡TE AMO DIOS!

Por: Johanna Urrea

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