Proverbios

La generación de los “blanditos”

Un niño se cae, pero no se levanta, espera a que sus padres corran en su ayuda. No se hace responsable de sus juguetes o implementos. Tampoco respeta. Se está formando una generación sin carácter. Hechos&Crónicas habló con los expertos.

Recientemente, en la ciudad de Cali, se conoció el video en el cual se ve a unos jóvenes de aproximadamente 16 años, causar daños en un bus y en la parada de una estación del servicio de transporte masivo MIO. Las imágenes se volvieron virales. Lo inusual de esta situación fue que la madre de uno de ellos, al conocer el video, decidió entregarlo a la policía para que asuma las consecuencias.

“Lo rapé, aunque le dolió mucho su pelo. Le di una ‘pela’ y asumí el comparendo que me pusieron como madre porque él es menor de edad. Estoy esperando que lo pongan a hacer algún tipo de servicio social como recoger basuras, limpiar calles o pintar paredes para que comprenda que la ciudad es de todos y que dañarla lo perjudica también a él”, aseguró la mujer a un medio de comunicación.

Esta madre es un ejemplo. Hace 19 años decidió retirarse de su trabajo para dedicarse al cuidado y educación de sus hijos y se convirtió en emprendedora. Luego de la entrega de su hijo y la aparición en los medios, dejó ver que los ha criado con amor y valores y que la rebeldía del muchacho no es un tema de crianza sino tal vez de influencia.

Pero es un ejemplo porque a esta generación no se le están poniendo límites. Es común encontrar padres  que no son capaces de corregir a sus hijos ante la más pequeña rebeldía y  se dejan “coger ventaja”. “Los padres ya no ponen límites a sus hijos, por eso se ven niños pequeños golpeando a las mamás y ellas se sonrojan, pero no ponen un alto”, asegura la psicóloga clínica experta en temas de familia, Diana Hernández.

Recientemente en Brasil se generó una polémica debido a la publicación de libro Una palmada a tiempo. Cómo imponer límites en tiempos políticamente correctos, de la terapeuta de familia Denise Dias.

De acuerdo con la terapeuta, “el mayor problema es que la gente confunde la palmada con una paliza. Los padres de hoy sufren por no estar seguros de cómo actuar como padres y pecan en la permisividad. Por supuesto que no estamos de acuerdo con ninguna manifestación de violencia, pero prohibir la palmada está generando en  nuestros niños un daño y no un bienestar”.

“Los niños que no reciben límites desde pequeños, no logran adaptarse a la sociedad en un futuro. No son capaces de triunfar en nada pues creen que el mundo debe adaptarse a sus necesidades personales, pues así fueron criados. Los estudios revelan, además, que los niños sin límites son potenciales delincuentes en el futuro pues carecen de empatía hacia los demás y de la capacidad de asumir la responsabilidad de sus actos”, comenta Hernández.

Y es que las cifras apoyan la teoría. Cada día, 13 menores responden ante la justicia en Bogotá por conductas delincuenciales. Esto supone que 4.745 jóvenes son procesados al año, solo en Bogotá.

“Es verdad y el término es el correcto. Estamos formando una generación de personas ‘blanditas’ y sin carácter que puede redundar en una sociedad dañada. La falta de límites y exigencia en los hogares está formando una generación de hipersensibles acostumbrados a renunciar a todo ante la primera incomodidad”, analiza.

Para Carolina Piñeros, directora de la fundación RedPaPaz, se está enfrentando el problema desde el ángulo equivocado. “Existen padres que tienen a sus hijos en clases de todo, simplemente porque no saben ponerles límites en casa y los sobrecargan de información. Además, les exigen que saquen buenas notas permanentemente sin acompañarlos en el proceso de aprendizaje y cuando esto no ocurre o surgen problemas, culpan a los maestros. Los padres están tomando una actitud equivocada al culpar al colegio o a los maestros de los problemas de los estudiantes, es un trabajo conjunto. Algunos maestros también se sienten asediados por sus propios pupilos”.

El error de muchos padres también radica en que, por falta de tiempo, no imponen un tipo de crianza, sino que se dedican a llenar el vacío con objetos materiales y convierten a sus hijos en una especie de monstruos insaciables. Según la columnista Annie de Acevedo de Abc del bebé, este deseo de tener nuevos juguetes se puede reducir simplemente con afecto: “Un niño ‘tanqueado’ de afecto, con límites claros y juicios reales del valor de las cosas, va a necesitar cada vez menos cosas materiales de gratificación inmediata. Será más feliz con lo necesario y aprenderá más fácilmente a comportarse”.

Según la pediatra Liliana Ortiz es fundamental regalarles este tiempo de diversión, debido a que “la seguridad  y la autoestima sólo son aprendidos de la relación entre padres e hijos, es algo que no brinda ningún juguete, ni programa de televisión. Es preferible que un niño sienta y aprenda a afrontar la frustración en casa, por los límites que imponen los padres y no en el colegio”.

¿La solución? Es una palabra que repiten los expertos constantemente: límites. La Biblia habla de cómo Dios disciplina a sus hijos amados, para formarlos en carácter, respeto y justicia. Aunque parezca doloroso para el padre y para el hijo, los límites en los niños los formarán como mejores seres humanos, empáticos y capaces de adaptarse a lo que traiga la vida. Los límites producen fortaleza de carácter y esto, una generación sólida. Tenga en cuenta la Palabra de Dios en Hebreos 12:6-11:

«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo». Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de  someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que vivamos? En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad. Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella.

Por: María Isabel Jaramillo – @MaiaJaramillo

Foto: 123RF

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