Edén

Humedales en Bogotá, indispensables para la diversidad biológica

¿Qué son y para qué sirven? ¿Cuántos en Bogotá? Más de 8 tipos de humedales. ¿Todos funcionan? ¿Pero… peligrosamente perecerán? ¡Nunca!

Un humedal es una zona de tierra plana generalmente cuya superficie se inunda de manera permanente o intermitente. Cuando se cubre de agua, el suelo se satura del líquido y queda desprovisto de oxígeno para dar lugar a un ecosistema híbrido entre los puramente acuáticos y los terrestres.

Los humedales desempeñan funciones tales como el control de inundaciones, reposición de aguas subterráneas, estabilización de costas, protección contra tormentas, retención y exportación de sedimentos y nutrientes, mitigación del cambio climático, depuración de las aguas y reservorio de la biodiversidad hasta control de crecidas, recargas de aguas subterráneas y mitigación del cambio climático, entre algunos fenómenos. Un humedal cuidado metódicamente por los entes estatales a que corresponden, se vuelven indispensables por los innumerables beneficios o servicios ecosistémicos que brindan a la humanidad desde el suministro de agua dulce, apoyo a los alimentos que requieren riegos y hasta en materiales para construcción.

Son ecosistemas con gran diversidad biológica, reguladores de los ciclos de agua y del clima en su respectivo sector, son generadores de recursos hídricos para abastecer de agua dulce a los sectores campesinos cultivadores de los alimentos que necesita, en el caso de Colombia, sus nueve millones y quizás un poco más de habitantes de su enorme capital, Bogotá, donde cada uno de ellos consumen aguas limpias.

Igualmente, se utilizan en sectores como turismo y pesca, es decir, ¿en qué sector de un país con 48 millones de habitantes como Colombia no se utilizan estos líquidos preciosos?

Tipos de humedales

La lista Ramser incluye 2.167 sitios designados en el mundo con una superficie de 208.518.409 hectáreas en 168 países.

Los tipos de humedales incluidos en la mencionada lista son áreas naturales de pastizales húmedos, zonas pantanosas, áreas naturales, lagos, ríos, estuarios, deltas bajos de mareas, zonas marinas costeras, manglares, arrecifes de coral, ojos de agua y sitios artificiales como estanques piscícolas, arrozales, embalses y salinas.

Los humedales son indispensables, léase bien, indispensables, por los innumerables beneficios o servicios ecosistémicos que entregan a diario y en cada minuto o en cada segundo de la vida de cada ser humano, entre 7 y 9 mil millones de habitantes Existen numerosos tipos de humedales. Veamos: Marinos, húmedos, costeros e inclusive lagos y lagunas, costas rocosas, pastajes marinos y arrecifes de coral.

También contamos con estuarios lacustres y ribereños o palustres pantanosos.

Historia de nuestros humedales

Los humedales en la Sabana de Bogotá y, especialmente, cuando don Gonzalo Jiménez de Quesada vio por primera vez aquellas tierras que luego constituyeron La Sabana de Bogotá, nunca imaginó que ese maravilloso lugar ante sus ojos no era el Valle de los Alcázares de su adorada España sino una tierra apenas con unos cuantos seres humanos parecidos a los indios de la India y por eso, a esos habitantes, los llamaron indios o indígenas.

Pero no, esa tierra no era algo de su adorada España. Era lo que hoy se llama Colombia en homenaje a un conquistador de más adelante: don Cristóbal Colon y que unos 455 años después fuera esa zona a padecer los rigores de algunas ausencias de agua como de vez en cuando, muy de vez en cuando, pacemos los rigores de la ausencia del precioso líquido.  Algunos futurólogos se atreven a pronosticar que, en cualquier instante de la vida, este pueblo podría, peligrosamente, quedarse sin agua dentro de unos 10 años. ¿Dentro de… cuántos años? Nadie lo asegura, pero así lo advierten algunos técnicos de la CAR (Corporación Autónoma Regional), institución del Estado colombiano.

Los humedales más destacados por estos días son los de la Herrera, Juan Amarillo y La Florida, los tres en la Sabana de Bogotá, lugares preciosos y limpios para brindar aire puro y verde-verde que te quiero verde por los sembradíos que nos regala la madre naturaleza. Así, pues, no divaguemos más: tierra es tierra siempre que esté regada por los dones de Dios y no estériles desiertos como algunos en La Guajira o en nuestra querida Neiva con su Desierto de la Tatacoa.

Foto: Jorge Emmanuel Escobar / Fundación Humedales Bogotá

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