Lucas MD

La queja, pecado que enferma

¡Qué pereza, es lunes! ¡A mis hijos les dejan muchas tareas! ¡No me aguanto a mi jefe! ¡Este salario no me alcanza para nada! ¡Estos trancones son insoportables! ¿Alguna vez se ha cruzado con un quejetas? O mejor… ¿usted es de aquellos que se queja todo el día? Si en alguna de las dos respuestas contestó “sí”, este artículo es para usted.

Dolor, pena, resentimiento, no estar contento con lo que tiene, envidia, tener baja autoestima, desear ser como otros, entre otros factores, pueden desencadenarse en queja.

Diversos estudios psicológicos aseguran que una persona suele quejarse entre 20 y 50 veces al día. Es por eso que casi todos creen que con lamentos y lloriqueos se solucionan las incomodidades, pero en la mayoría de casos no es así. La razón: la queja se ha convertido en un hábito en sus vidas, ¿por qué?

La historia de Mariela

“Desde pequeña he luchado con la queja, es una forma que utilizo para desahogarme, alejar la tristeza de los cambios o situaciones que suceden en mi vida. No creo que sea un pecado, considero que la queja es una acción natural que todos los seres humanos tenemos para liberarnos de aquello que no nos gusta, nos asfixia y atormenta. Hace dos años recibí a Jesús en mi vida pero la queja no salió de mí, esta es una constante diaria con mi cuerpo, ropa, pareja, familia y situaciones. En mi trabajo me quejaba por todo porque mi deseo es desarrollarme en el área de marketing, pero Dios por razones que desconozco no lo ha permitido. Mi descontento con Su voluntad me hizo dar mal ejemplo como cristiana a mis compañeras de trabajo, muchas me han cuestionado y me han tildado de ser una persona negativa”.

¿Quiénes se quejan más?

Un estudio realizado por la compañía británica Engage Mutual descubrió que los hombres se quejan más que las mujeres especialmente cuando están enfermos. La estrategia que la mayoría usa, es exagerar los síntomas para lograr compasión del amigo, familiar o pareja.

¿De qué se queja más la gente? Según FDS International existen varios factores:

  • El sueldo.
  • El impacto del trabajo en la vida privada.
  • El número de horas semanales que hay que trabajar.
  • El cuidado de los hijos, la casa y hasta de las mascotas.
  • El largo viaje de ida y vuelta al trabajo.

Los países con trabajadores más quejetas son: Francia, Inglaterra y Suecia. Los que menos protestan son holandeses, tailandeses y, en el puesto más bajo, los irlandeses.

Los colombianos no se quedan atrás, según la psicóloga cristiana Stella Roldán, “el bajo salario, las deudas, problemas familiares, el pésimo sistema de salud, el caos vehicular, hasta el mismo servicio de celular, son motivos que enfadan a la gente y la llevan a la queja”.

Por otra parte, la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios que recibe quejas por las tarifas de acueducto y aseo principalmente, asegura que los bogotanos y los costeños son los que más se quejan en este país.

Las personas que se quejan constantemente terminarán por deprimir, estresar y poner de mal humor a otros. Algunas veces los quejumbrosos hablan de lo mismo una y otra vez y no llegan a nada. Si se tomarán el tiempo para detenerse y escucharse a sí mismos, ellos se enfocarían en hacer algo que valiera pena para no exasperar a otros.

Antes de alejarse de cualquier persona de su vida por quejarse demasiado, usted debería intentar tomarse el tiempo para remediar el problema. Lo más aconsejable es hablar con dicha persona y hacerle saber que la está molestando con sus quejas continuas. Muchas veces la gente no se da cuenta de lo que hace y usted podría ser de ayuda para ellos. Recuerde no regañar, sino hablar de la mejor forma sin ofender. Si la persona se pone a la defensiva y reclama que no se queja en exceso, recuérdele algunos ejemplos específicos.

Por ejemplo podría decirle que lo comprende, pero que también hay mejores maneras de enfrentar la situación. Si esto no funciona, dígale simplemente que usted ya tuvo demasiado y quisiera tomarse un tiempo a solas. Muchas veces una persona comenzará a ver la luz y a darse cuenta de su error cuando un par de personas comienzan a evadirla.

Usted no necesita a los quejosos habituales en su vida. Ellos solo deprimirán y evitarán que usted disfrute de todo su potencial y de las metas que se ha propuesto.

¿Por qué es pecado?

Quejarse es una de las actitudes más antiguas de la Biblia. Desde la creación, hubo confrontamientos por acciones y decisiones. “Fue culpa suya, no mía”, “si no hubieran… yo no habría…”. Adán no necesitó tomar clases intensivas de queja. Cuando Dios lo sorprendió “in fraganti”, Adán respondió: La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí. Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: —¿Qué es lo que has hecho? —La serpiente me engañó, y comí —contestó ella. Génesis 3:12-13.

Ni Adán ni Eva se responsabilizaron de sus actos. Y dado que Dios no ayuda a las personas que no se hacen cargo de lo que hacen, decidió sacar a los dos “quejumbrosos” del Paraíso. No sabemos si después de eso, Adán y Eva aprendieron la lección respecto a la queja; lo cierto es que si lo hicieron, no se la pasaron a sus descendientes, el pueblo de Israel. Un día, el pueblo se quejó de sus penalidades que estaba sufriendo. Al oírlos el Señor, ardió en ira y su fuego consumió los alrededores del campamento. Números 11:1. No cabe duda que a Dios no le gustan las quejas. Filipenses 2:14 dice: Háganlo todo sin quejas ni contiendas.

¿Cómo afecta la salud?

La queja es capaz de de acabar con su vida literalmente. Según Steven Parton, escritor y estudiante de la naturaleza humana, quejarse afecta al cerebro y trae consigo repercusiones negativas para la salud mental. En el cerebro las neuronas están separadas por un espacio vacío llamado hendidura sináptica. Cada vez que tenemos una idea, un pensamiento, una sinapsis, se dispara un químico a través de esta hendidura, creando un puente por el que cruzará una señal eléctrica. “Cada vez que se activa esta carga eléctrica, las sinapsis se agrupan para disminuir la distancia que esta carga eléctrica tiene que cruzar: el cerebro cambia sus propios circuitos, para hacer más fácil y más probable el desencadenamiento del pensamiento”, aclara Parton.

Cambiar nuestra forma de hablar

Es vital dejar de lado la manía de quejarse y cambiar nuestra forma de hablar. ¿Qué tal si detectamos, rechazamos y desechamos toda palabra de queja de tu vocabulario?

  • Porque se manifiesta inconformidad y rebeldía hacia la dirección de Dios.
  • Cuando nos quejamos pecamos contra el carácter de Dios. Es decir, ponemos en duda que Él es un Dios bueno, poderoso y fiel.
  • Es una manifestación de injusticia, y tratamos de cuadrar todo a nuestro acomodo. Consideramos lo bueno, malo y lo malo, bueno.
  • La queja se convierte en amargura que contagia a los demás.
  • Podemos terminar siendo codiciosos, ya que la queja nos lleva a querer más y más.
  • Destruye el gozo, el bienestar y nos impide disfrutar lo que Dios hace por nosotros.

Por: Jennifer Barreto / @BarretoJenn

Foto: 123RF

Share:

Leave a reply