Jueces

Defiende la vida desde tu vientre

La escritora y periodista italiana Oriana Fallaci publicó el libro Carta a un niño que nunca nació, una obra que conmovió a los lectores de todo el mundo y puso como blanco de crítica el aborto y sus repercusiones. Lo cierto es que hace 43 años era un tema controversial, un secreto a voces que muy pocos se atrevían a diseccionar con tanta meticulosidad.

“Estoy asustada, y también enfadada contigo ¿Qué te crees que soy: un recipiente, un frasco donde se pone un objeto para custodiarlo? ¡Soy una mujer, diantre, una persona! No puedo destornillarme el cerebro y prohibirle que piense. No puedo anular mis sentimientos o impedirles que se manifiesten. No puedo ignorar un enojo, una alegría, un dolor. Tengo mis reacciones y experimento mis estupores y mis desalientos ¡Aunque pudiese, no querría deshacerme de ellos para reducirme a la condición de un vegetal o de una máquina fisiológica que sólo sirve para procrear! ¡Qué exigente eres, niño!”, escribió la también activista de origen florentino.

En la actualidad, no obstante, el aborto es un tópico que se presta para el debate, así como para la opinión en redes sociales y medios de comunicación. Quizá siga siendo tabú, pero poco a poco las personas han perdido el miedo a hablar de ello e, incluso, a ponderarlo como una solución “aceptable”. En Argentina, por ejemplo, acaban de aprobar la ley del aborto.

Acaso, ¿un método de control natal?

Lamentable y desconcertante resulta ver la amplia aceptación que ha conseguido el aborto como método de control de natalidad, una alternativa que muchos defienden en pro de, supuestamente, hacer valer los derechos de la mujer.

Sí, el embarazo no es fácil. Por lo general, madres y abuelas idealizan la imagen de la mujer acariciando su abultado vientre. Pero estar encinta es mucho más que eso; a pesar de que no es un imagen de la mujer acariciando su abultado vientre. Pero estar encinta es mucho más que eso; a pesar de que no es un proceso exento de momentos hermosos y grandes sorpresas que se quedan grabadas como una marca indeleble en la memoria afectiva, también duele, es incómodo, te hace gritar y desesperarte.

A veces crees que no aguantarás un día más, que ya no eres dueña de tu cuerpo. Desde tu vejiga, que actúa por cuenta propia y te envía al baño en los momentos menos convenientes, hasta las temidas náuseas, que prácticamente te incapacitan durante el primer trimestre de gestación.

Pero, ¿son esas incomodidades motivo de peso suficiente para acabar con una vida? La verdad es que el debate del aborto es mucho más profundo. Para quienes apoyan este método, implica una serie de factores que defienden con mucho ahínco, empezando por el hecho de que no consideran a ese embrión o feto como un ser humano. La interrogante, sin embargo, es: ¿acaso hombre y mujer son capaces de procrear seres “no humanos”?

En una entrevista concedida a Hechos&Crónicas, la doctora Mitzi Álvarez de Sánchez, médico cirujano egresada de la Universidad de Carabobo y ginecólogo obstetra de la Universidad Central de Venezuela, arrojó un poco de luz sobre el tema.

En principio, la especialista explica que el aborto terapéutico es la interrupción del embarazo antes de las 22 semanas por parte de un médico. “Se le llama terapéutico porque existe una indicación del profesional para interrumpirlo, malformaciones no compatibles con la vida, por lo general. Una paciente con insuficiencia cardíaca, con cáncer terminal, con enfermedades donde corra riesgo la vida de la mujer, hay que interrumpir la gestación”.

El procedimiento se realiza con una previa evaluación cardiovascular y laboratorio, así como rayos x, si es posible, porque la paciente debe ser sometida a anestesia. Debe tener menos de veintidós semanas de gestación, ya que mientras más avanzado esté el embarazo más riesgos hay de complicaciones adicionales, aparte de las vinculadas a los anestésicos. “La edad ideal, bajo estas condiciones de salud, para poner fin a un embarazo son las trece o catorce semanas, porque ya después aparecen los huesos, y puede pasar, durante el curetaje, que uno de esos huesos se puede adherir y producir desgarros o roturas del útero”, explicó la doctora Álvarez.

Los riesgos asociados con el aborto son los inherentes a cualquier acto anestésico, como infecciones, insuficiencia cardíaca, paro cardíaco, ACV o cualquier tipo de complicaciones que puedan presentarse durante un acto quirúrgico.

La especialista también aseguró que hay ciertas drogas o medicamentos de las que las pacientes se valen para acabar con un embarazo no deseado. Uno de estos productos es el cytotec, que no es más que un antiácido. Médicamente tiene muchas funciones, pero comenzó como una droga para tratar las agrieras. Luego, las pacientes empezaron a tomarlo, porque durante el embarazo hay mucha acidez, y comenzaron a ver que expulsaban al feto. De ahí se iniciaron los estudios de rigor y los investigadores llegaron a la conclusión de que es abortígeno.

¿Vale la pena el riesgo?

¿Qué hay de cierto en los argumentos de los defensores del aborto, cuando aseguran que un embrión o feto no es un ser humano? De acuerdo con la experta, no hay ninguna base sólida en estos planteamientos, ya que la vida comienza desde el momento de la concepción, cuando óvulo y espermatozoide se unen en el día catorce del ciclo, que coincide con el día de la ovulación. “Ya ahí se unen ambas células y se forma algo que se llama mórula, que ya es un embarazo, y de un par de células se replican en cuatro millones, seis millones de células que van viajando por la trompa de Falopio durante una semana hasta implantarse en el útero”.

Para los típicos defensores del aborto, se resume a la autonomía corporal. Dicen los pro-aborto que, dado que el bebé reside dentro del cuerpo de la madre, se debe permitir y respetar la decisión de que lo retire si lo desea. Es una lástima que haya un gran problema con ese argumento: el bebé no es parte del cuerpo de la mujer, ni siquiera es propiedad de la madre.

Los científicos han sido capaces de determinar el momento exacto en que se crea nueva vida humana, mediante la captura del brillante destello de luz que es emitida en cómo el esperma se encuentra con el óvulo. “En ese momento, tan pronto como se crea el pequeño cigoto genético, ahora existe un ser humano separado y único con su propio ADN, diferente del de la madre o del padre. Es en este momento, el momento mismo de la creación, que sabemos que el bebé pre-nacido es un ser separado. Si el bebé era parte del cuerpo de la madre, entonces no debería haber una diferencia en el ADN, pero sí la hay”, explica un artículo minuciosamente contrastado que apareció publicado en el portal anxiusveritas.wordpress.com.

Esto se traduce en que, desde el milagroso momento en que dos células se encuentran, un ser único e irrepetible comienza a desarrollarse, con cuarenta y seis cromosomas y un cuerpo propio en formación que, si bien depende de su madre para existir, es independiente también.

Está en la mujer, entonces, defender esa nueva vida que crece en su interior. Como Oriana Fallaci planteó en su libro: “Muchas mujeres se preguntan: ¿por qué traer un hijo al mundo? ¿Para que tenga hambre, para que pase frío, para que sufra traiciones y ofensas, para que muera avasallado por la guerra o por una enfermedad? Y niegan la esperanza de que su hambre sea aplacada, de que su frío se desvanezca por el calor, de que no carezca de fidelidad y respeto, de que viva largos años para tratar de borrar las enfermedades y la guerra. Quizá esas mujeres tengan razón. Pero, ¿hay que preferir la nada al sufrimiento?”.

Aborto: ¿Derecho o asesinato?

“Tus ojos vieron hasta mi embrión, y en tu libro todas sus partes estaban escritas, respecto a los días en que fueron formadas y todavía no había una entre ellas.”. Salmos 139:16.

Bajo el lema “mi cuerpo, mi elección”, movimientos feministas en todo el mundo apoyan el aborto como una manera segura de evitar los embarazos no deseados. Y en eso consiste principalmente el origen de este procedimiento como método de control natal: el no querer que exista una vida que ya se está formando.

Según la doctora Mitzi Álvarez, las causas más frecuentes por las que las pacientes manifiestan su deseo de no continuar con un embarazo son las económicas. “Son personas que tienen relaciones sin tomar en cuenta el cuidarse, lo que les pueda pasar”.

Pero este no siempre es el motivo. Quienes respaldan el aborto como un derecho que debe tener la mujer de elegir sobre su propio cuerpo, plantean los casos de las que han quedado encinta por abusos sexuales, lo que resulta aún más profundo y  complicado de abordar. En nuestro país vecino, Venezuela, de donde es oriunda la doctora Álvarez, las leyes no contemplan el aborto como una opción, ni siquiera en caso de violación. “Yo como médico soy libre de decir si lo hago o no. Tú puedes ir a mi consultorio y decirme ‘doctora, hágame un curetaje’, pero a mí, como médico, nadie me puede obligar a realizar ese procedimiento”.

En Colombia es otro cantar. El aborto o interrupción voluntaria del embarazo está permitido en tres causales de la Corte Constitucional desde el 2006, de acuerdo con la sentencia C-355: cuando existe peligro para la salud física o mental de la mujer, al haber una grave malformación del feto que haga inviable su vida extrauterina o que por su discapacidad exista riesgo de que no vaya a tener una vida digna, así como en caso de transferencia de óvulo fecundado, inseminación artificial no consentida o violación.

Cifras alarmantes

Nuestro país reconoce el aborto como un derecho de la mujer, íntimamente ligado al derecho a la vida. Sin embargo, las cifras son alarmantes, de acuerdo con una publicación del diario El Espectador. Un promedio de 400.000 abortos inducidos y unos 911.897 embarazos no deseados se registran al año en Colombia, cifras superiores al promedio en Latinoamérica y el Caribe, según un estudio divulgado por el instituto Guttmacher de Nueva York.

Asimismo, las cifras de abortos clandestinos, a pesar de la legalidad con la que opera este procedimiento, sigue preocupando a la ONU. En 2016, el portal web elcolombiano.com publicó que “la vasta mayoría de los abortos son clandestinos e inseguros”. Por su parte, y a propósito de esta ineludible realidad, el miembro del Comité de Derechos Humanos de la ONU, Olivier de Frouville, pidió a la delegación no solo cifras más actualizadas sino qué hace el Gobierno para combatir esto, “que pone en riesgo la vida de las madres, especialmente en las zonas rurales”.

La doctora Mitzi Álvarez, como ginecólogo obstetra de larga trayectoria profesional, reconoce que el embarazo como resultado de una violación es una tragedia y en la mayoría de los casos la madre la vive como tal, pero nunca pondera el aborto como una opción de consuelo para esa mujer. Su línea de trabajo consiste en tratar a la paciente en conjunto con terapia psicológica para ayudarle a sobrellevar la experiencia y asimilar el presente.

La respuesta nunca debería ser la muerte cuando puede haber vida. Mucho menos si tomamos en cuenta que vivimos en pleno siglo XXI, cuando los avances médicos y tecnológicos han puesto a nuestra disposición diversos métodos contraceptivos, desde pastillas, hasta implantes hormonales e intrauterinos.

Aunque en nuestro país el aborto sea legal, debemos recordar que no somos un error: ¿Qué estamos permitiendo al avalar la extirpación quirúrgica de un ser humano, como si de un tumor se tratase? La solución para nuestro país, en lugar de promover la remoción de un ser humano inocente, vulnerable y dependiente de su madre para formarse, tendría que ser la educación sexual, en valores, en respeto por el propio cuerpo y el ajeno, así como una cobertura de salud que permita que las alternativas de anticoncepción y los métodos de planificación familiar lleguen a todos los rincones de nuestro territorio, sin distinciones.

En las Escrituras, los salmos dicen: “Tus ojos vieron hasta mi embrión, y en tu libro todas sus partes estaban escritas, respecto a los días en que fueron formadas y todavía no había una entre ellas”. Dios tenía planificada esa vida, no es una equivocación.

Un problema emocional

Cuando una mujer queda embarazada sin haberlo planificado, sin desearlo ni esperarlo, no sólo entra en juego la salud física y los riesgos para la vida de madre y bebé, de acuerdo con la decisión que se tome, sino que también interviene el factor emocional.

El embarazo, como ya se ha comentado, no es fácil. Pero, como decía mi madre: “si una mujer se considera adulta para tener una vida sexual, mija, que también lo sea para afrontar las consecuencias”. Sólo nuestro Señor fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Sin embargo, aceptar la realidad de que una vida crece dentro y que viene a revolucionarlo todo, a alterar hasta la forma de sentir, no es tan fácil de asimilar como de decir. Para entender las repercusiones de la decisión de abortar en la psiquis de una mujer, Hechos&Crónicas conversó con Luis Alberto Ramos, psicólogo clínico egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, con especializaciones, maestrías y doctorados en psicología clínica conductual, en estructura social del pensamiento y psiconeuroinmunología, y como abogado de la Universidad Santa María, en Caracas, Venezuela.

“Hay muchas personas que dicen que el aborto no afecta de ninguna forma; por supuesto, los pro aborto, los abortistas que apoyan semejante crimen, semejante barbarie, dicen que no afecta en nada, pero particularmente sé que sí afecta. He tenido la oportunidad de conversar con muchas mujeres que han incurrido en el aborto y siguen llevando a lo largo del tiempo un complejo de culpa, siguen llevando un vacío, sienten que algo se desprendió de su cuerpo. Entonces, hay que verificar bien esto, porque muchas personas creen que el aborto es algo deportivo, de hecho, a nivel mundial ya se apoya como si fuese algo muy normal, pero hay que tomar en cuenta que, una vez que el proceso de aborto ha pasado y la sensación de ‘liberación’ ha desaparecido, se inicia una angustia, para algunas corta y otras larga, porque comienzan a preguntarse qué hubiera pasado si hubiesen tenido al bebé, cómo sería su bebé. Y ven mujeres en situaciones más complejas, con menos apoyo, sosteniendo a sus bebés en brazos”.

En opinión del especialista, para ser madre es necesario tener la fortaleza y no sólo dejarse llevar por lo que la sociedad diga. “Entonces, primero hay que evaluar los antecedentes mentales de la persona que aborta, eso es fundamental, porque en cada persona son distintos. Quien está cerca de decidir abortar, hay que evaluar por qué lo está haciendo, qué la lleva a ello, quién la impulsa, bajo qué condiciones lo hace. Pero, sí va a quedar marcada”.

Allí hay un bebé

La decisión de interrumpir un embarazo, según Luis Alberto Ramos, tiene que ver con la salud mental de la mujer, con su proceso bioético, bioemocional, psicosocial y de entorno. “Esta pregunta me encanta, porque también soy abogado y en las leyes mundiales al bebé le dicen feto, pero yo me niego a eso. Desde el momento de la concepción allí hay un bebé, allí está Dios permitiendo que surja una vida. El bebé en la vida intrauterina, por lo tanto, siente las emociones de la mamá. Cuando ella está feliz, él está feliz. Y fíjate que cuando hay alegría, el bebé se nutre de endorfinas y de serotonina; si está nerviosa o estresada, aumenta la presión cardíaca y también la del bebé. Por eso es importante que el embarazo sea tranquilo”.

El experto asegura que cuando una mujer está enojada o estresada, el bebé lo percibe. Y si siente rechazo hacia esa nueva vida, también lo va a saber. Esto se concatena con las declaraciones de la doctora Mitzi Álvarez, quien dijo para nuestra revista: “El bebé tiene vida y por eso se mueve. Si no, no se movería. Que no está apto para la supervivencia fuera del vientre materno es otra cosa”. La cirujano y ginecólogo obstetra venezolana ve con mucha frecuencia a mujeres que por su situación económica o de planificación de vida no desean seguir adelante con el embarazo, pero su irreprochable ética profesional la impulsa en estos casos a decirles a sus pacientes que, si eso es lo que desean, vayan a consultarse a otra parte.

Ramos considera que la vida le pertenece a Dios y sólo Él tiene derecho a darla o quitarla. No debe estar en la mujer retirar un bebé a voluntad por el simple hecho de que no haya estado entre sus planes.

¿Qué dice la Biblia?

“-No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor —le dijo el ángel—.Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será un gran hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David, y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin.

-¿Cómo podrá suceder esto —le preguntó María al ángel—, puesto que soy virgen?

El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios”. Lucas 1: 30-35.

En una sociedad estrictamente religiosa, María, elegida por el Espíritu Santo para ser la madre terrenal de nuestro Señor, quedó encinta habiendo estado ya comprometida ¡Cuán atemorizada tendría que haberse sentido! Sin embargo, en su fortaleza y confianza en la voluntad del Señor, que como Padre amoroso quiere lo mejor para nosotros y tiene trazado un plan idóneo para nuestras vidas, le dijo al ángel “Aquí tienes a la sierva del Señor. Que él haga conmigo como me has dicho”.

Los riesgos para su vida y su integridad eran muchos, pero María siguió adelante, confiando en que lo que permitía el Señor era lo correcto. De esta decisión valiente nació nuestro Salvador y por Él tenemos acceso a la eternidad.

Como cristianos debemos seguir este ejemplo, el de la entereza, la constancia y la fe en el Altísimo. Para Dios la vida es sagrada. Él considera que hasta un embrión es un ser vivo único y distinto. Refiriéndose a Dios, el rey David escribió bajo inspiración: “Tus ojos vieron hasta mi embrión”. Así que, para él, acabar con la vida de un niño no nacido es un asesinato.

No he abortado nunca

En YouTube, el popular buscador de internet, está documentada la defensa de la diputada española Esperanza Oña, que nos invita a la reflexión: “Soy una mujer libre que no considero que sea más libre porque he abortado o no he abortado. No he abortado y soy una mujer libre, no he abortado nunca. No estoy de acuerdo con eso que ustedes llaman el derecho de la mujer a su cuerpo, porque, mire, si lo que hubiera habido dentro de mi cuerpo cuando yo estaba embarazada era un ser inanimado, podríamos estar de acuerdo. Pero, es que no era un quiste, no era un bultito de grasa, era un ser vivo, un ser humano vivo. Por lo tanto, el derecho a decidir no viene al caso, porque lo que tenía dentro de mi cuerpo era un ser humano que se estaba desarrollando en lo que se conoce como la vida intrauterina. Si ustedes lo que quieren es una ley permisiva con la muerte… Nosotros lo que queremos favorecer es la vida, el derecho a existir, el derecho a nacer, así como eliminar los obstáculos que una mujer tenga y que encuentre como problema y que pueda dar a luz, que es lo natural. Ustedes, sin embargo, consideran progresista impedir que los niños nazcan”.

Como mujeres y hombres en Cristo debemos defender el derecho a la vida, a que los bebés se formen y vengan al mundo, porque para Dios ninguna vida es un error.

Por: Verushcka Herrera R | @vhequeijo.

Foto: 123RF

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