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Las enfermedades que llegaron con la conquista española

Además de algunos beneficios culturales, la conquista española trajo consigo a América una serie de enfermedades comunes en Europa, pero desconocidas para los indígenas que diezmaron considerablemente la población del continente americano.

Algo a lo que muy pocos ponen atención, especialmente cuando de explicar la derrota de los incas ante los españoles, fue el terrible impacto de las epidemias entre la población indígena. Enfermedades hoy controladas y aparentemente inofensivas, se convirtieron en un gran flagelo para la población autóctona de América, ya que al no existir por estos lares, los indígenas no contaban con los anticuerpos requeridos, es así que enfermedades tan comunes en Europa como la gripe, la viruela, el sarampión la varicela, las paperas, la rubeola, la difteria, el cólera, la tifoidea, la peste y la lepra, así como algunas enfermedades tropicales como la malaria, asolaron desde México hasta Chile, desde el primer momento de la conquista, causando una mortandad nunca antes vista por los aborígenes de estas tierras.

Se sospecha que las primeras enfermedades europeas llegaron a América en 1493, durante el segundo viaje de Colón. Los viajeros que lo acompañaron estaban, seguramente, llenos de gérmenes. “Cuidadores de cerdos, ovejas y otros ganados, se habían infectado con gran cantidad de gérmenes. Y durante siglos de guerra, explotación e intercambio comercial con África y Asia, habían mantenido sus gérmenes en constante circulación”. Muchos de éstos, eran virus aeróbicos, por lo que se desplazaban por el aire a mayor velocidad que sus propagadores, fulminando rápidamente a todo aquel que siquiera recibiera noticias de los extranjeros. La viruela, por ejemplo, junto con el sarampión y otras enfermedades de tipo respiratorio, fueron las causantes de que la población indígena del Caribe, se haya casi extinguido, a tal punto que tuvo que ser repoblada la región con negros africanos, portadores a su vez, de más enfermedades. Las ratas que se escondían en las bodegas de los barcos europeos, al llegar a América y no encontrar depredadores naturales, se diseminaron por todo el continente, propagando así la peste bubónica, que durante la Edad Media, diezmó a más de la mitad de europeos.

Pero, esto no significa que en América no existieran enfermedades, las había, claro, pero no tan mortales como las del Viejo Mundo. Aztecas, Incas y demás pueblos americanos sufrían de parásitos intestinales, tuberculosis y algunas formas de influenza y de artritis. La sífilis, se cree, que estaba latente -y no activa- en el organismo de los americanos, pero que la promiscuidad sexual desatada entre conquistadores y conquistados, hizo aflorar la bacteria de la sífilis, la cual puede ser considerada como la única enfermedad que, ambos, europeos y americanos, contribuyeron a generar.

Se calcula que la población americana, antes de la llegada de los europeos era de 40 a 50 millones. En sólo algunas décadas, la mayor parte murió, quedando reducida a la décima parte. Las enfermedades se convirtieron en verdaderas epidemias y, algunas como la viruela y el sarampión, generaron las primeras pandemias de América. Miles de indios del Caribe, Centroamérica, México y Sudamérica sucumbieron a las nuevas plagas, siendo sus víctimas más famosas, el Inca Huayna Cápac y su hijo y primer aspirante al trono, Ninan Cuyochi, quienes habrían muerto a causa de la viruela, en 1530. Tiempo después, con la llegada de más españoles y de esclavos negros durante los siglos XVI y XVII, éstas, encontraron condiciones favorables en la mala alimentación y al trabajo forzado al que eran sometidos los indígenas por los conquistadores, así como en la diversidad altitudinal de los Andes, que les permitieron mutar, incrementándose la mortalidad entre los enfermos.

Con el devenir de los siglos, al parecer, los indígenas se hicieron más resistentes o las enfermedades se hicieron menos virulentas. Tanto incas como aztecas, murieron antes de presentar batalla y otros afectados por estas enfermedades, no tenían las fuerzas suficientes para enfrentarse al enemigo. En las crónicas de la conquista del imperio Azteca, se mencionan decenas de indígenas muertos, encontrados por Hernán Cortés y los suyos a lo largo de su camino rumbo a la capital azteca Tenochtitlán, el mismo panorama debió presenciar Pizarro primero en su camino a Caxamarca y luego hacia el Qosqo.

En esa época no se sabía nada de microbiología y la gente que se involucró en esos viajes únicamente iba pensando en dos cosas: enriquecerse rápidamente o librarse de la justicia que en la península reclamaba sus crímenes porque una buena parte de los pasajeros de Indias se iba huyendo de la cárcel. Y como aglutinante de todo eso y como disculpa hipócrita, la conversión de los posibles habitantes que se encontrarían y que no conocían la fe verdadera.

El intercambio biológico entre el Viejo y el Nuevo Mundo empezó con el primer viaje de Colón en 1492, fue bastante complejo y los resultados no fueron necesariamente beneficiosos para los dos pueblos. En América murieron millones de indígenas, algunos grupos sobrevivieron hasta el presente, pero otras etnias desaparecieron completamente.

Cuando Cristóbal Colón desembarcó en la Isla de San Salvador el 12 de Octubre de 1492, América no era un muevo mundo sino un mundo tan antiguo como el viejo continente. La “Leyenda Negra” culpa a los españoles de esos desastres, con sus armas, sus guerras y con la explotación de los pueblos americanos en trabajos forzosos dentro de las minas o en las plantaciones y haciendas. El impacto de enfermedades como la viruela, el sarampión, el tifus, la peste bubónica, la influenza, la malaria o la fiebre amarilla, en poblaciones no expuestas anteriormente fue enorme.

La conquista de América fue en gran parte posible por el intercambio biológico, más que por las armas de los conquistadores. La población fue debilitada por las oleadas de epidemias, con altas tasas de mortalidad, lo que permitió la dominación de los europeos. Los españoles, sin ser conscientes, llevaban en sí mismos los gérmenes de la destrucción de las civilizaciones americanas. Solamente unos pocos españoles derrotaron al imperio azteca, muy consolidado y organizado. Lo mismo ocurrió en el resto de América. Los estudios actuales parecen señalar que no fueron tanto las armas las que marcaron la diferencia, sino más bien las enfermedades que diezmaron rápidamente a la población indígena.

Por: Andrés Felipe Rangel Gómez.

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